Manuel Lozano: "La falta de oportunidades es abismal"

Lucila Lopardo
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26 de junio de 2019  

Uno de los mano a mano que se vivieron en el encuentro tuvo como protagonista a Manuel Lozano, fundador y director de la Fundación Sí, un espacio en el que 2500 voluntarios de todo el país trabajan para ayudar a adultos, jóvenes y niños a mejorar sus condiciones de vida e impulsar su desarrollo.

Lozano llegó al evento luego de trabajar en Salta con la comunidad wichí, en la frontera que divide a la Argentina de Paraguay y Bolivia. "Lo primero que vi cuando entré al evento fue la palabra futuro. Y allá es algo que los jóvenes no encuentran y ni siquiera se atreven a pensar", aseguró al arrancar la entrevista con José Del Rio, secretario general de Redacción de LA NACION.

"Trabajamos con ellos para que puedan proyectarse, pero es difícil, porque hay chicos que están en quinto año del secundario y nos preguntan qué significa estudiar medicina o qué hace un profesor de música", contó, y agregó: "Esto genera angustia, porque hay ganas y esfuerzo para ir a la escuela y para aprender, pero la falta de oportunidades en abismal". En este sentido, mencionó lo que sucede en Chaco, donde de los 180 días de clase solo se dictaron 89, a los cuales muchos chicos, por las condiciones en las que viven, no pueden asistir todos los días.

Lozano describió que en la frontera actualmente viven chicos de entre 12 y 13 años para los que su único destino es "ser mulas y entrar droga al país cruzando el Pilcomayo". Para ejemplificar lo que sucede en esta comunidad, destacó que en una de las actividades una de las jóvenes participantes se desmayó: "No había ambulancia y la única enfermera decía que 'tenía el diablo adentro'. Mientras hacíamos el viaje para que la asistieron el papá me decía que lo único que pensaban era en qué comer hoy. Pensar qué hacer mañana o la semana que viene no está dentro del campo de visión de muchos", remarcó

Los voluntarios de Fundación Sí recorren el país para realizar actividades y capacitaciones. En el caso de los jóvenes, promueven la construcción de residencias universitarias en las que ya viven 320 chicos. "Hay nueve chicos que egresaron, dejaron las casas y se sostienen con su trabajo. Esa es la idea", contó Lozano, y dijo que los chicos que viven en estas comunidades solo tienen como ejemplo de empleo lo que ven cerca: un gendarme, un policía, una enfermera o un maestro. "Cuando empiezan a ver que el que vivía al lado pudo, se genera un factor contagio y positivo que va traccionando a los chicos a que terminen el secundario y empiezan a pensar qué les gustaría hacer".

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