La apuesta para que el barco ya no regrese

Mantendrán el buque regasificador que opera en un muelle en Escobar
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26 de enero de 2019  

A fines de octubre, Mauricio Macri viajó a Bahía Blanca. En pleno polo petroquímico, el Presidente se paró frente al enorme barco rojo y blanco y anunció que el buque regasificador que operó allí en forma ininterrumpida desde 2008 ya no volvía.

La partida del buque significó el final del proceso de importación de combustible iniciado en junio de 2008, con el que se suplía la falta de producción nacional. Aquel barco llegó por los meses de invierno; se quedó 10 años y se gastaron en alquiler y operación 1262 millones de dólares. Se pensó para unos meses y, de hecho, el primer año recibió seis cargas; cinco años después, en 2013, esa cuenta cerraba en 42. Fue una conjunción perfecta entre negocios millonarios y necesidad. Será este el primer invierno sin aquella mole amarrada en Bahía Blanca y se convertirá, además, en una prueba de fuego para el sistema y para los planificadores energéticos argentinos.

Por ahora, el Gobierno decidió que ya no haya regreso a Bahía Blanca. Sin embargo, mantuvo el alquiler del regasificador que está anclado en Escobar ya que es determinante para abastecer la demanda en invierno. Sucede que este barco inyecta directamente gas en el llamado anillo metropolitano, que es donde radica el mayor consumo. De hecho, la importancia de esa operación se volvió determinante.

Los funcionarios de Energía ya han tomado nota de que nada puede suceder en ese lugar en los meses de mayor demanda por las bajas temperaturas. De hecho, hubo reuniones con la Prefectura Naval Argentina como para aumentar la seguridad en la zona. La finalidad es asegurar la operación continua de esa operación de regasificación.

En materia de gas no será el único cambio. El gasoducto de GNEA, proyecto que empezó en el gobierno anterior y continuó este, se paralizó tras conocerse el caso de los cuadernos de las coimas.

El entonces Ministro de Energía Javier Iguacel les comunicó a los constructores que iban a revisarse los costos. Todo está en revisión aunque ya se firmaron cartas de entendimiento con la aceptación de la paralización de las obras. Se avanzará, según se especula, en una rescisión contractual.

Entre las empresas involucradas se cuentan Techint, Iecsa, Coarco, JCR, Contreras Hermanos, Rovella Carranza, Esuco, BTU, Supercemento, Austral Construcciones, Juan Carlos Relats (el empresario que alquiló a los Kirchner el hotel Los Sauces en El Calafate) y, entre otras, Servicios Vertúa. Todas están en la causa de los cuadernos.

El gasoducto que sí se iniciará es el que une Vaca Muerta con Rosario y que tendrá un enlace en Bahía Blanca. La construcción está en manos del grupo Techint y Pampa Energía y, según trascendió después del encuentro de líderes del G-20, Estados Unidos será el principal financista del proyecto. Mediante un crédito de la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC, por su sigla en inglés), el gobierno de Donald Trump aportará una obra que es fundamental para el desarrollo del yacimiento no convencional neuquino.

Habrá cambios en la resolución 46 para poder generar condiciones específicas para inversión.

Pero este no es todo el paquete Vaca muerta. Decenas de cuestiones reglamentarias están en revisión. Finalmente, allí está la puesta energética argentina, que volverá, de a poco, a cambiar el sentido de sus ductos para intentar recuperar el autoabastecimiento.

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