La Argentina, la más castigada en medio de una crisis global

Una ola de ventas golpeó los precios de bonos y acciones más que los de otros países emergentes
Javier Blanco
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26 de octubre de 2000  

La desconfianza que la situación política y económica genera entre los operadores internacionales le hace jugar a la Argentina el peor papel en medio de la crisis financiera global, que afecta por igual y sin mayores distinciones las inversiones de riesgo y los mercados emergentes.

La jornada de ayer demostró que, al menos en lo que respecta a los mercados financieros, la crisis se acelera peligrosamente:

  • Los bonos soberanos pierden cada día más valor (ahora caen a razón del 1,3% diario cuando hasta la semana última lo hacían a un ritmo del 0,7% y anteayer al 1%) y la tasa de riesgo país (respecto del bono FRB) se ubica ya los 958 puntos básicos.
  • La Bolsa local se colgó de la debacle que sufrió en Wall Street el índice tecnológico Nasdaq (perdió 5,56%, la novena baja más fuerte en puntos de sus historia) para caer más del 4,3% y a tocar mínimos en el índice Merval, que no conocía desde julio de 1999, cuando que la incertidumbre preelectoral generaba miedo entre los inversores.
  • Las acciones locales más líquidas -los grupos Galicia y Perez Companc- (y que por lo mismo suelen tener lugar en las carteras de los inversores extranjeros) perdieron más del 7% de su valor en un día.
  • Los operadores coincidieron en señalar que se acentuó la ola de ventas de activos financieros argentinos. "Volvió a observarse a inversores importantes desarmar sus posiciones locales", indicó Hernán Fardi, de Maxinver.com. "Estamos de mal en peor, con institucionales externos que directamente liquidan lo que tenían acá", corroboró Fernando Mey, de Raymond James.

    La prueba de que, en medio de la tormenta que afecta a los emergentes, la Argentina se ganó un incómodo lugar privilegiado la dieron ayer los rumores que circularon entre operadores y administradores de fondos en Wall Street: durante todo el día circuló una versión que daba por acordado un paquete de rescate financiero para ayudar al Gobierno a salir de la difícil situación.

    "Hay como un minipánico que da lugar a estas especulaciones. Los precios de la deuda argentina cayeron más del 7% este mes y la preocupación crece", admitió Abigail Mc Kenna, de Morgan Stanley Dean Witter Invesment Management.

    Para Carl Cross, jefe de analistas de América latina de Bearn Stearns & Co, "hay un grupo de gente en la comunidad internacional que cree que un escenario de default para la Argentina es un hecho altamente probable dentro de unos seis meses". El ejecutivo aclaró que aún se ubica "del lado de los que creen que se puede evitar", pero aceptó que también entiende que "la probabilidad de un default ha crecido".

    El secretario del Tesoro norteamericano, Lawrence Summers, admitió que su gobierno "está muy atento a los acontecimientos en la Argentina", tras aclarar sin embargo que el Grupo de los 20 (G20) países industriales y emergentes que se reunió ayer en Montreal no discutió específicamente el asunto. Pero también se preocupó por descartar que se haya evaluado una ayuda de urgencia para permitir que todos los emergentes de la región puedan zanjar esta situación.

    Para el Gobierno, el problema básico sigue siendo la creciente fuga hacia inversiones de calidad que concretan los grandes operadores, marcando los tiempos del mercado. Pero ahora admite además que, en ese marco, la Argentina sufre un castigo especial.

    "Al tener un mercado de capitales chico debemos financiarnos en el exterior. Y esto hace que los operadores tengan cierto cansancio de nosotros, algo como "otra vez los argentinos pidiendo dinero"", interpretó el jefe de asesores de Economía, Pablo Gerchunoff.

    El funcionario pidió que el mercado tome nota de que con el bono colocado ayer entre los bancos locales (ver aparte) el Gobierno no sólo cerró sus necesidades del presente año, sino que "hasta armó un colchón de 300 millones para el año que viene. Eliminamos un problema operativo para los próximos 60 días, que es el plazo que necesitamos para que empiecen a percibirse los efectos de las medidas que anunciamos", reclamó.

    Panorama complicado

    Para Darío Lizzano, analista del Santander Investment, ya no hay duda de que el panorama se ha complicado mucho. "Los bonos emergentes ahora tienen competencia directa de los títulos que emiten las compañías norteamericanas de segundo orden y que dan retornos similares.

    Todo es porque muchos creen que el aterrizaje de la economía de Estados Unidos no será tan suave y se cobrará víctimas en ese sector. Esto hizo que el rendimiento de esos bonos creciera más de 300 puntos en dos meses y eclipsara al de los emergentes. Si a eso le sumás la volatilidad del Nasdaq y la debilidad del euro, queda un cuadro complicado", explicó.

    El analista también aceptó que el mercado está "claramente más negativo con la Argentina" por las dudas respecto de la capacidad para dejar atrás la recesión y la debilidad que a ojos de los inversores tiene el Gobierno para imponer decisiones.

    Ese temor se reflejó ayer en otro dato. Casi todos los economistas privados que brindan servicios de consultoría fueron convocados por bancos y empresas para dar su impresión sobre la crisis y sus implicancias. "Lo que más me preguntaron fue por la crisis política", admitió uno de ellos a La Nación . Entre los más avezados operadores de la City porteña crece la impresión de que si la crisis de mercado se sostiene algunos días más, el Gobierno se verá forzado a introducir nuevos cambios. "Va a ser inevitable", aceptó uno de los consultados.

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