La Argentina tiene hoy la mayor presión tributaria de su historia

Llega al 31,2% del PBI, según la Cepal; es la segunda de la región, después de Brasil, y similar a la de países ricos, que dan muchas más contraprestaciones
Martín Kanenguiser
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24 de marzo de 2015  

La Argentina tiene hoy la presión tributaria más alta de su historia, la segunda de la región y en un nivel muy cercano al de los países desarrollados, sin una adecuada contraprestación de servicios públicos.

Un informe de la Cepal revela que la Argentina alcanzó en 2013 un nivel de presión tributaria de 31,2%, cuatro puntos por debajo del 35,7% de Brasil y por encima del resto de los países de América latina.

Este porcentaje en realidad era bastante superior con la anterior base de cálculo del PBI –se modificó en 2013–, ya que con el PBI base 1993 el nivel de presión tributaria en 2013 hubiera alcanzado el 40,1%. En cambio, los países desarrollados, reunidos en la OCDE, tienen un promedio de 34,1%, aunque con importantes diferencias entre ellos (van del 19,7% de México al 48,6% de Dinamarca).

El 12 de este mes, durante un discurso, la presidenta Cristina Kirchner afirmó que la presión fiscal está "por debajo del nivel promedio de los países desarrollados". Si bien la Argentina, efectivamente, no llega al promedio de la OCDE, está sólo a tres puntos y con un nivel de prestación de servicios (por ejemplo, en educación, salud, seguridad e infraestructura) muy inferior al de la mayoría de los países de esa organización.

El reporte de la Cepal explica que América latina, a diferencia de Europa en particular y de la OCDE en general, tiene un perfil tributario más regresivo por el predominio de impuestos indirectos (como el IVA) por encima de los dedicados a la renta, como Ganancias.

Desde 1990 creció en la región el peso del IVA y levemente el de Ganancias, pero sigue siendo mayoritaria la importancia de los impuestos al consumo, que recaen en forma indiscriminada sobre toda la población.

La evolución de la presión tributaria en la Argentina, según la nueva base de cálculo del PBI, pasó de 12,4% en 1990 a 31,2% en 2013. Y, contra las afirmaciones de la Presidenta, tuvo el segundo crecimiento de la región en este rubro.

Esta alza fue de casi 19 puntos porcentuales, ubicada apenas un punto por debajo de la de Bolivia, con 20 puntos porcentuales.

Los especialistas consultados por LA NACION ratificaron el creciente peso de los impuestos sobre el producto bruto interno (PBI).

Maximiliano Castillo, director de ACM, sentenció: "Para la calidad y cantidad de los bienes públicos que proveen los estados nacional, provincial y municipal, la presión tributaria es claramente excesiva".

El presidente del Instituto Tributario, César Litvin, explicó que "la Argentina tiene un sistema tributario regresivo, porque el impuesto que más recauda es el IVA", mientras que el socio de impuestos de PWC Andrés Edelstein ratificó este diagnóstico: "Los impuestos que gravan las capacidades contributivas de rentas y patrimonio (Ganancias, Ganancia Mínima Presunta y Bienes Personales) tienen una participación menor en la recaudación, por lo que, en conjunto, la estructura impositiva argentina es regresiva", detalló el especialista.

Por su parte, el economista de Econométrica Adrián Ramos afirmó que "es cierto que la protección social que existe hoy en la Argentina no es acorde con los niveles de recaudación e incorpora bolsones de ineficiencia".

Dado su aumento de los últimos años, "sin dudas la presión tributaria alcanzó un límite difícil de superar en los próximos años y, a la vez, es difícil imaginar una reducción muy significativa; más aún en un contexto de rigidez en la naturaleza de buena parte del gasto público", advirtió Ramos.

Por su parte, Nadin Argañaraz, director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), sostuvo que "en la Argentina han ido ganando importancia en la estructura de recaudación tributos sumamente distorsivos e ineficientes, como el impuesto provincial sobre los ingresos brutos, claramente regresivo, o el llamado impuesto al cheque" [el tributo que grava los débitos y créditos bancarios].

Reformas necesarias

Para lograr un sistema más justo y eficiente, Ramos propuso la reducción de la alícuota del impuesto al cheque; la eliminación o disminución de los derechos de exportación; la desgravación, en el impuesto a las Ganancias, de las utilidades reinvertidas; una alícuota extraordinaria de Ganancias para el juego y las altas rentas, entre otros cambios.

Por su parte, Litvin dijo que "el próximo gobierno debería poner como tema de agenda prioritaria una reforma que elimine los impuestos distorsivos como las retenciones, el impuesto al cheque y el impuesto a la ganancia mínima presunta y que contemple el efecto inflacionario en el impuesto a las ganancias".

En tanto, Castillo agregó que "una reforma debe considerar las cuestiones del federalismo fiscal, la sostenibilidad del sistema previsional y las prioridades del gasto público".

En el mismo sentido, Argañaraz dijo que "la reforma debe ser integral, en el sentido de que incluya el gasto público, los impuestos y la distribución de los impuestos entre los tres niveles de gobierno [nacional, provincial y municipal]; de lo contrario, el esfuerzo que se haga en un frente puede ser neutralizado por el dispendio que se haga en otro".

Crece el impacto del impuesto a las ganancias

  • La falta de actualización de Ganancias provocará este año un nuevo salto en la presión impositiva que sufren los más de 1,1 millones de trabajadores en relación de dependencia con sueldos superiores a los $ 15.000 mensuales.
  • De acuerdo con un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), que parte de un escenario de inflación de 30% este año, para evitar la pérdida de su poder adquisitivo un asalariado que hoy paga Ganancias deberá obtener un aumento de hasta 46% en su salario. "Si no se modifican los parámetros de cálculo del impuesto a las ganancias para 2015, y suponiendo un incremento nominal de sueldos de 30%, entre 29% y 33% de la remuneración bruta de un empleado casado con dos hijos será apropiado por el fisco a través de los regímenes previsionales e impositivos", advirtió el Iaraf.
  • El estudio precisó que los trabajadores en relación de dependencia afrontan otros impuestos directos -como el inmobiliario, patentes y bienes personales- e indirectos -IVA e Ingresos Brutos-, con lo cual terminan sufriendo "una presión tributaria total muy superior al 50% de sus ingresos".
  • El Iaraf también advirtió que el decreto de 2013 que exceptuó del pago del impuesto a los trabajadores que en ese momento ganaban menos de $ 15.000 "ha creado una profunda, nociva y creciente segmentación entre los trabajadores".

Del editor: cómo sigue. Hay coincidencia en la necesidad de reformar la estructura impositiva. La necesidad de sostener el gasto hace difícil que el Gobierno la encare.

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