"La Argentina ya se está endeudando y la recuperación social se estancó"

El candidato a diputado del FAP advierte que la Anses vende bonos al sector privado mientras coloca deuda al Tesoro
Alejandro Rebossio
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16 de octubre de 2011  

Falta sólo una semana para las elecciones y Claudio Lozano, economista y primer candidato a diputado por la Capital del Frente Amplio Progresista (FAP), sueña con que la fuerza que lidera Hermes Binner gobierne o sea la primera de la oposición. Pero, entre tanto, teme por la economía y opina que el hecho de que la Argentina vaya a una crisis o no depende de lo que se haga.

-El kirchnerismo acusa al FAP de ortodoxo, porque en su plataforma habla de usar metas de inflación y una regla fiscal que garantice la sustentabilidad de la deuda, frente a la "demanda exacerbada" y el "gasto creciente".

-Se dejan llevar por latiguillos y asocian cosas con visiones que no tienen nada que ver con nuestros criterios. Una cosa es una estrategia para morigerar los precios, y por lo tanto hay que tener metas. Otra es comprar una concepción que hay detrás. Hay luces amarillas en la coyuntura argentina: inflación, desequilibrio de las cuentas públicas, de las cuentas externas, desde 2007 hay estancamiento de la creación de empleo y el poder adquisitivo de franjas importantes de la población se ve agredido por la evolución de los precios. Esto ha hecho que se estanque la recuperación social que se había vivido en la Argentina. Estos elementos obligan a una convocatoria de un consejo económico y social que discuta tres grandes acuerdos y una orientación. El primer acuerdo es social para controlar la evolución de precios. El segundo es de manejo de las cuentas públicas con la prioridad de terminar con la pobreza, con políticas públicas de carácter universal financiables que establezcan un piso de ingresos para todos los hogares. El tercer acuerdo es por la inversión, que nos permita crecer hacia un sistema integral de producción que busque orientar el excedente económico a una estrategia productiva que vaya más allá del carácter eminentemente primario de la actual estructura económica. Y la orientación de estos tres acuerdos es profundizar la integración regional ante la crisis mundial. Se pueden reemplazar con demanda regional los problemas que con la demanda mundial se van a plantear. ¿Por qué se estancó la creación de empleo? Porque el sistema productivo no da para más. Lo más grave es el desequilibrio de las cuentas públicas: se está cubriendo con recursos del Banco Central y de la Anses, pero eso es pan para hoy y hambre para mañana. Además, esto limita la capacidad de la Anses para mejorar la situación previsional, que es la función principal de estos recursos.

-A ustedes los critican por haber apoyado la reestatización del sistema jubilatorio y de Aerolíneas, y porque ahora se quejen por cómo funcionan.

-Hay que diferenciar el papel que tienen las leyes de lo que tiene que ver con la gestión inmediata. Cuando votamos leyes, no votamos leyes para un gobierno, sino para la Argentina y los argentinos. Replantear el sistema de las administradoras era indispensable para cualquier intento serio de construir un sistema previsional. Este gobierno puede hacer uso o no de esta posibilidad. Del mismo modo que cualquier gobierno que quiera hacer una aerolínea seria, la podrá hacer. Porque las experiencias del capital privado en el sistema de aeronavegación ya han demostrado su fracaso más estrepitoso, con capitales nacionales y extranjeros. Se puede gestionar de otra manera. Binner da el 82% móvil en la provincia de Santa Fe. Si uno votara las leyes sólo en función del período de gobierno, uno debería votar en contra de todo. La estrategia de oponerse a todo porque lo envía el Gobierno es lo que permitió que el Gobierno creciera. Cuando el Gobierno había sido castigado en 2009, fue la estrategia de cierto sector de la oposición la que lo hizo resucitar. Fue el momento en que no se pudo mostrar un horizonte de propuesta distinta. Después de las primarias se cambió el debate político. Quedaron sepultados aquellos que creen que resolver los problemas de los argentinos se hace comprando las recetas del pasado, los ajustes de la Alianza o el ajuste social devaluacionista de Duhalde.

-¿Cómo alentar la inversión?

-Es muy difícil pensar, sobre todo en una crisis mundial, que la inversión pública no tenga un papel dinámico. Nosotros, cuando fue el debate sobre el uso de reservas, planteamos que nos hubiera gustado mucho más usarlas, en lugar de para pagar deuda, para abrir opciones de inversión, como la reconstrucción del sistema ferroviario, la reconversión de la industria naval, una petrolera estatal controlando el mar continental, modernización productiva. Queremos al Estado invirtiendo en infraestructura de transporte y energía, y favoreciendo la orientación de la inversión privada porque a nosotros nos preocupa no sólo la cuantía sino el destino. Hay que agregar encadenamientos productivos a complejos como el automotor, que el sector textil y el del calzado trabajen en el terreno del diseño, que se agregue valor a los recursos naturales, que haya diversidad agropecuaria. De lo contrario, termina pasando lo que siempre ha pasado: la Argentina, luego del recorrido del crecimiento de los últimos años, cae en un dilema histórico, que es que para sostener el crecimiento se tiene que endeudar y si no, tiene que ajustar.

-Pero ahora no se endeuda ni se ajusta.

-Ya se está endeudando...

-Con la Anses, el Central...

-La Anses viene practicando una estrategia muy peligrosa durante todo este año. Consiste en vender en el mercado los bonos de corto plazo que tiene en su cartera y colocar bonos de largo plazo al Tesoro. Las operaciones de financiamiento por esta vía de enero a mayo fueron por $ 15.000 millones. Esto deteriora la calidad de la cartera de la Anses, que actúa como intermediario del financiamiento con el sector privado. Cuando uno mira el presupuesto que se envió, si yo supongo que van a actualizar los salarios, las jubilaciones y los subsidios de manera normal, como lo hicieron este año, el déficit financiero será de no menos de $ 50.000 millones. Todo esto supone necesariamente endeudamiento.

-Con la crisis mundial, ¿el modelo argentino puede estallar?

-Nada es de una manera o de otra con independencia de las políticas que se apliquen. Aun ante la crisis mundial, el país tiene más capacidad que otros para estar en mejores condiciones. Si bien puede haber alteraciones en el precio de la soja, está en un nivel distinto de lo que hemos tenido en otros tiempos.

Denuncias contra Boudou

-Usted hizo varias denuncias contra Amado Boudou...

-Hicimos tres denuncias. Dos tienen que ver con la Anses y una con la connivencia de funcionarios del equipo económico con la consultora que manejó el canje de deuda. Hubo tráfico de influencias y manejo de información privilegiada que permitió a actores privados ligados al Ministerio de Economía realizar en el último canje ganancias que van del 80 al 100% en dólares. Todas las causas están abiertas. El ministro no pudo cerrar ninguna. Una tiene que ver con la compra de préstamos garantizados por parte de la Anses, que son títulos sin cotización en los mercados secundarios, y que por ley la Anses tiene prohibido comprarlos. Pero se utilizó a la Anses para comprarlos a precios convenientes a los bancos privados, concretamente al Macro. Con esos préstamos garantizados, la Anses los metió en el primer canje de deuda que hizo Boudou, en 2009. Hubo una pérdida para la Anses.

-¿Cómo es la otra la denuncia contra Boudou por la Anses?

-La otra denuncia que tenemos es previa a la estatización a los fondos de pensión y muestra cómo en la gestión de Boudou en la Anses se usaban los excedentes que tenía para comprar acciones de empresas. También allí se muestran vínculos entre algunos funcionarios cercanos al ministro y las empresas que resultaban beneficiadas por la compra de acciones, concretamente Mirgor, de Tierra del Fuego. No tenía sentido que la Anses se metiera en esto. La Anses tenía dictada una resolución interna que le impedía comprar más del 10% de acciones de cualquier empresa, pero en el caso de Mirgor termina comprando arriba del 20% y aparece allí en el directorio alguien asociada al ministro. Además, el modo de manejar la operación permitió el manejo de información privilegiada y algunos operadores financieros realizaron ganancias significativas. La otra denuncia es porque la consultora Arcadia, que participó del canje de deuda. Nunca se habló de ella hasta que nosotros denunciamos su presencia como integrante del operativo del canje junto con el banco Barclays. Arcadia manejó desde 2008 en Estados Unidos la operatoria del canje, con información privilegiada de que la Argentina ya en ese año iba llevar a cabo el canje de deuda. Esto permitió que bonos que estaban en el piso en aquel momento fueran comprados por actores privados para poder participar en el canje de deuda. En 2008, cuando ninguno de nosotros teníamos ninguna información de que el canje de deuda se iba a hacer, aparece una consultora que también pareciera tener vínculos con personal del ministerio, concretamente a través del hermano de (Diego) Bossio, vinculado a alguna de las autoridades de la consultora. Es una consultora que operó en varios canjes de deuda provinciales de gobiernos fuertemente vinculados al gobierno nacional, como Formosa, San Juan, Mendoza y Buenos Aires. Lo que nosotros observamos son operaciones que van en desmedro de los intereses del conjunto de la sociedad, porque estamos deteriorando la cartera de la Anses, y el manejo de información privilegiada que beneficia a privados asociados a la gestión gubernamental.

–¿Por qué que el Tesoro se endeude con la Anses es hambre para mañana, como usted dice?

-Nosotros estamos quitándole capacidad a la Anses para afrontar no sólo el pago más adecuado de los haberes previsionales actuales sino también los futuros. Sólo un gobierno que quiere mirar otro canal puede pensar que un jubilado que gana $ 1400 hoy o 1700, con el último aumento, tiene resuelta su historia. La canasta necesaria de un jubilado hoy no baja de los $ 2800.

-La Anses está perdiendo dinero de sus inversiones financieras por la crisis mundial, como cuando en 2008 perdían las AFJP.

-Creo que el motivo central para reformar el régimen de administradoras es que un régimen de capitalización requiere para funcionar un nivel de integración social y laboral que la Argentina no tiene. En un contexto donde uno no tiene ingresos promedio razonables, donde casi más de la mitad de la población laboral está ubicada en el desempleo, la informalidad y la ilegalidad laboral, pensar que la capitalización individual puede resolver la jubilación de todos es un error garrafal. Lo que genera son jubilaciones de primera y de segunda.

-¿El gasto está demasiado alto y las tasas de interés demasiado bajas y por eso hay inflación?

-La economía siempre es una relación. El gasto no está alto ni bajo sino que tiene ver con los ingresos de los que uno dispone y tiene que ver con el tipo de composición del gasto. Nosotros creemos que el Estado podría tener un mejor nivel de ingresos con una composición distinta. Podría reformarse el sistema de impuestos, podríamos tener un esquema impositivo más progresivo, más regulación sobre determinados sectores como hidrocarburos, minería y demás, que podrían permitirnos recursos para financiar el Estado de manera solvente. Y hay que revisar un conjunto importante de gastos. Por ejemplo, una parte muy importante de los más de $ 60.000 millones de subsidios, muchos de los cuales lo que hacen es validar posiciones dominantes de grandes empresas, sin que el subsidio esté atado a ningún tipo de estrategia de inversión que nos permita mejorar nuestra perspectiva productiva. Lo mismo pasa con las tasas de interés. Una cosa es que yo levante las tasas, no regale créditos para sostener exclusivamente el consumo de los sectores medios y altos. Hoy tenemos una tasa de interés que en realidad lo que hace es actuar como subsidio al consumo superior, básicamente al de inmuebles y autos. Uno puede pensar que esa tasa puede subir, pero otra tasa de interés para créditos para la primera vivienda, capital de trabajo y determinados tipos de inversiones puede ser menor. Hay que precisar el debate, en lugar de tener una tasa de interés para todos. Es absurdo que estemos castigando financieramente el consumo popular y subsidiando el de altos ingresos. Esto implica el debate sobre el reordenamiento del sistema financiero, sobre el rol de la banca pública, sobre la orientación del consumo y la inversión en el país.

-¿Hay que cambiar otros impuestos?

-Creemos que hay que ir a una orientación que supone gravar rentas y patrimonio y bajar sustancialmente el peso sobre el consumo, como IVA e impuestos internos. Pero es muy difícil discutir una reforma impositiva si no hay una coordinación con las provincias. No se puede cobrar adecuadamente el impuesto a las ganancias o al patrimonio si no hay una adecuada recaudación e identificación de los sujetos que tienen que pagar los impuestos inmobiliario rural y urbano en las provincias, o las patentes de los automotores. En la Argentina las responsables de la recaudación de los impuestos de carácter directo que van sólo a la riqueza son las provincias. Lo que permitiría una coordinación adecuada Nación-provincias es tener un buen padrón de grandes contribuyentes. Los estados provinciales siguen dependiendo mucho de un impuesto regresivo como ingresos brutos, pero el inmobiliario y la patente tienen una recaudación muy por debajo de lo que podrían tener. En el caso de la provincia de Buenos Aires, es ridícula la recaudación del impuesto inmobiliario rural cuando uno sabe que allí existen las extensiones más importantes de tierras vinculadas al negocio agropecuario, que funciona muy bien.

-¿Qué subsidios hay que cambiar?

-Yo me refiero a los subsidios en los sectores energético y de transporte. Porque acá hay una mirada extendida de que pareciera que esos subsidios tienen que ver con las tarifas de los consumidores y, más allá de que eso también merece un replanteo porque no todos los consumidores son iguales, cuando uno mira el sector energético, uno tiene desregulación en el precio que se paga en boca de pozo por el gas y el petróleo y unas tarifas subsidiadas. La discusión de subsidios tiene que estar atada a un replanteo del cuadro tarifario, donde sostengamos el subsidio de las tarifas de menores ingresos y levantemos las tarifas de los que tienen mayor capacidad económica, pero también hay que replantear la desregulación del sector productor. Porque hoy lo que hay es una renta extraordinaria que queda en manos de las petroleras.

-Pero el precio del gas en boca de pozo está bastante bajo en relación, por ejemplo, con Bolivia.

-El precio local es más bajo que el internacional, pero el costo de producción del gas y del petróleo está muy por debajo. Fruto de la ausencia de regulación, estamos importando gas que no debiéramos importar. La razón por la que nosotros importamos gas es porque Repsol destruyó el yacimiento de Loma La Lata, fruto de la ausencia de control público sobre el concesionario privado. Ese yacimiento está pinchado porque no tuvo las inversiones que correspondían. Importamos ahora a precio internacional y, para colmo, a Repsol no sólo no se la penalizó sino que se le aumentaron las concesiones en otras áreas, cuando en realidad no cumplió con los criterios razonables de explotación del yacimiento. En este sentido, una cosa es que estemos por debajo del precio internacional, y eso es razonable porque somos país productor. Esta ventaja no puede quedar en manos del productor sino que se tiene que compartir con el Estado. Hay US$ 12.000 millones de renta extraordinaria en materia petrolera, de los cuales los argentinos nos quedamos sólo con el 21%. En todas las experiencias internacionales no se baja del 50%.

-¿El socialista Binner hará ajustes como sus colegas José Luis Rodríguez Zapatero en España y Georges Papandreu en Grecia? ¿Quiere chilenizar la economía argentina, como dicen en el kirchnerismo?

-En términos de chilenizar, podría decir que los acuerdos mineros que tenemos nosotros, respaldados primero por Néstor Kirchner y segundo por Cristina Fernández, son absolutamente favorables a Chile y a Barrick Gold. Depredan el medio ambiente y encima no tenemos beneficios impositivos, como los que tiene Chile. Así que no sé de qué chilenización hablan. Acá de lo que se trata es de percibir dónde hay un lugar adecuado para una estrategia seria de cambios de orientación progresista. Nosotros tenemos dos definiciones que son fundamentales, que son aquellas en las cuales el Gobierno hace agua. Nosotros somos proclives a promover los procesos de participación de la sociedad en las decisiones en todos los planes, incluido, el trabajo, donde promovemos la libertad y la democracia sindical. El Gobierno se sostiene en una estrategia en la que la participación no existe y en el plano del trabajo sostiene una estructura sindical que en algunos casos tiene componentes mafiosos asociados a mecanismos represivos, como puede ser el caso de Pedraza y Mariano Ferreyra, o mecanismos en los que se especula con la vida de los trabajadores, como puede ser el caso de la mafia de los medicamentos. En segundo lugar, nosotros promovemos un debate serio sobre cómo recuperar el control sobre la base de recursos naturales de nuestro país, pero el Gobierno mantiene todas las políticas que se pusieron en marcha durante la década del 90 y que se expresan con problemas, como qué hacemos con la vigencia del agronegocio en la Argentina. No quiero decir que no exista lugar para el agronegocio, pero acá hay que discutir cómo será la orientación productiva porque hoy la Argentina está perdiendo ganado por la sojización. Necesitamos tener una estrategia sobre la minería a cielo abierto porque no sólo está dañándose el medio ambiente sino porque nos estamos quedando sin nada a cambio. En la producción hidrocarburífera vemos un deterioro, lo mismo que en la inversión y en el nivel de reservas. Este tipo de cosas son las que demuestran con toda claridad que este gobierno no va ni por una estrategia de cambio productivo ni por una estrategia de democratización.

-Usted hace mucho énfasis en la sustitución de importaciones, y dice que hay déficit comercial en casi todos los sectores industriales…

-Sacando la agroindustria y la industria alimentaria, en todos los sectores industriales hay déficit profundo.

-Pero no pone tanto énfasis en la exportación, mientras desde sectores neoliberales que ve la sustitución de importaciones como algo del pasado.

-Nosotros creemos que hay distintos objetivos en términos de política productiva. Por eso hablamos de un esquema integrado de producción. Uno de los objetivos es el ahorro de divisas, que tiene que ver con más exportaciones y con la capacidad de sustituir importaciones. No hay que mezclar lo que es un instrumento de la política económica con una suerte de orientación dominante que fue el modo en que América latina se vinculó con el contexto mundial entre la década del 30 y la del 70. Una cosa no tiene que ver con la otra. Hoy la sustitución de importaciones es una estrategia que permite definir cuál va a ser el rumbo productivo de la Argentina. El Estado tiene un papel en términos de decir por dónde vamos, pero no de manera autista, sino discutiendo con los diferentes actores. Hay que agarrar las diferentes cadenas de producción y empezar a ver con los diferentes actores qué corresponde hacer. Por ejemplo, ¿nosotros podemos seguir sosteniendo una estrategia automotriz con subsidios del Estado, pero que tiene un déficit brutal en términos de balance de divisas, o tenemos que achicarlo? Sobre todo si estamos poniendo dinero público, es razonable que el régimen promocional que tiene el sector automotriz esté asociado al encadenamiento interno del sector con más integración local de la producción de automotores y con mejora de la exportación de autopartes. Es una política de sustitución de importaciones. Distinto es el tema con el sector agroalimentario. Ahí tenemos que transformar a la Argentina en una verdadera fábrica biológica. Eso implica mayor diversidad productiva y mayor agregación de valor. Es mentira eso de que la Argentina se esté transformando por esta vía en un exportador de alimentos sofisticados. Estamos siendo exportadores de alimentos para ganado. Necesitamos niveles de incorporación tecnológica, agregación de valor sobre la base de recursos naturales que la Argentina tiene. Esto potencia el rumbo de las exportaciones sin costo por pérdida de divisas. Es distinto lo que hay que hacer en textiles, calzado... Cada sector requiere una orientación de divisas con el norte de ahorro de divisas, incorporación de progreso técnico, empleo de mejor calidad y mejor nivel de ingresos.

-¿Qué opina del freno oficial a las importaciones?

-Eso es una tontera. El Gobierno tiene una política desesperada de control sin rumbo frente a lo que es la complicación que se ha dado en el balance de divisas.

-¿Estamos yendo hacia un modelo de maquila, como el ensamblado de motos o electrónicos?

-Por eso digo que el Gobierno gozó de una situación holgada en materia de divisas, que además es fruto de la particular situación de los términos del intercambio. No es fruto de que hayamos modificado prácticamente en nada el esquema productivo de la Argentina. Si nosotros tuviéramos los precios internacionales de 2000, la Argentina estaría con un déficit brutal. Esto es una oportunidad que uno no debería tomar como eterna sino para replantear la estructura productiva. El grado de extranjerización de la economía argentina es muy importante, prácticamente el 75% de la facturación de las principales empresas corresponde a empresas extranjeras, y el resultado de esto se expresa en la cuenta de servicios y utilidades al exterior, que se ha multiplicado por cuatro desde 2006 fruto de más importaciones, más servicios y utilidades, y más fuga de capitales, el saldo comercial se achicó. El resultado es que el balance de divisas es negativo. La política del Gobierno es desesperada, de carácter coyuntural, que no lleva implícita ninguna propuesta productiva.

-¿Qué pasará con el dólar?

-La realidad es que hoy se van más dólares de los que entran. Eso coloca una tendencia alcista del tipo de cambio y de hecho todas las operaciones cambiarias a un año se hacen a valores que superan los $ 4,80. Está claro que en la Argentina no ha habido problemas con el hecho de que hayamos tenido inflación en dólares desde 2007 porque ha habido un comportamiento donde el dólar perdió terreno frente al resto de las monedas del mundo. Como la Argentina tiene una parte importante de su comercio en el área dólar, esa situación mundial compensó los problemas que son parte del andamiaje económico local. Lo que sí es cierto es que la inflación en dólares ha dado como resultado una alteración de las posibilidades de competencia de los distintos sectores productivos. Y los que tienen posibilidades de sostener esta situación son los sectores más fuertes. Los más débiles, los más agredidos por el ingreso de producción importada o tienen más dificultades para ingresar en el mercado mundial, son los que tienden a perder en esta situación. El resultado ha sido que desde 2007 para acá se restringió el alcance de la actividad económica. La actividad está más concentrada en los sectores dominantes de siempre, en soja, automotor, de insumos industriales de uso difundido, y es mucho menos importante el textil, calzado, maquinaria y equipo. No tenemos que ir a un dólar más alto sino que tenemos que ir a un replanteo en las relaciones entre los precios. Cuando se discute el tema de la inflación, sólo se discute como si las relaciones entre los precios en la Argentina fueran razonables. Las relaciones de los precios en la Argentina no producen ni la oferta productiva que necesitamos ni el esquema social que necesitamos.

-¿Cómo nos va a afectar la crisis mundial?

-Hay que fortalecer las cuentas públicas, la capacidad regulatoria del Estado, mejorar el papel de la demanda en el mercado interno y en el regional para afrontar la crisis mundial. Hasta ahora no hay orientaciones en este sentido. Cuando digo fortalecer la demanda doméstica, digo permitir sustituir producción importada por la local y ampliar el consumo de los sectores populares, que son los más consumen producción local. Cuando digo sustituir demanda mundial por regional, hay un tema que mucho no se dice es que, más allá de los acuerdos de orden político en el ámbito regional, que es que sólo el 14% del comercio de América latina pasa por sus propios países. Si uno toma la Unión Europea, es más del 35%. Una parte muy importante de las importaciones que hace América latina es elemental, sin incorporación de progreso técnico, que la Argentina podría resolver si existiera una estrategia en esa dirección.

-Pero eso es de largo plazo.

-Todo lo que es sustitución de producción muy elemental es algo que puede tener una resolución rápida. Igualmente creo que hay que orientar la política pública para recuperar algunas actividades, como el ferrocarril, que puede ser un dinamizador de mucha actividad local y al mismo tiempo puede operar como una estrategia de reducción de costos para el mercado local y mundial. Si uno no hace lo que tiene que hacer y pierde las oportunidades, eso puede ayudar a los problemas. Nosotros hoy estamos en problemas. Que tengamos que cubrir con deuda el mantenimiento de la actividad doméstica es un problema. La crisis mundial, lejos de ser solamente problema, también es oportunidad para que la Argentina y América latina modifiquen su lugar en el mundo. Siempre que los centros desarrollados están en crisis hay oportunidad para que nosotros abramos mejores condiciones. Eso depende de nosotros.

-Pero hay países con mayores déficits financieros, pero que pueden acceder a los mercados. Tener déficit financiero no es necesariamente malo.

-Nadie nos prestaba porque la Argentina llegó a una situación de sobreendeudamiento, pero una cosa es que el endeudamiento sea un complemento de la estrategia de desarrollo y que la incorporación de capital extranjero sea un complemento de la estrategia de desarrollo, pero descansar en esto como el objetivo es fantasía. La Argentina tiene riqueza suficiente para ampliar su horizonte económico. Nosotros tenemos más de US$ 140.000 millones en el exterior y desde 2007 en adelante hemos puesto afuera cerca de 80.000 millones. La verdad es que la Argentina tiene una capacidad económica formidable. Con sólo pensar que no habría pobres en la Argentina con la inversión del 5% del PBI alcanza para concluir que no somos Africa. La Argentina tiene capacidad económica para resolver sus problemas.

-¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de la economía?

-La dirigencia política a veces se sorprende cuando emergen los problemas sociales como si surgieran espontáneamente y de un día para el otro. En 2001 y 2002 muchos se asombraron de la envergadura que tuvo la situación social de la Argentina. La Argentina, pese a sus altas tasas de crecimiento, tiene seis de cada diez hogares que no llegan a fin de mes, es decir, no reúnen los $ 5700 necesarios para una familia tipo. Tres de esos hogares son pobres. La Argentina tiene una situación social delicada, a pesar de que se ha recuperado de las honduras de la crisis de 2001 y 2002. El tema de que se haya amesetado desde 2007 no es un tema menor para manejar la situación política.

-Pero hoy el Gobierno saca el 50% de los votos.

-La pobreza está en el orden de un tercio de la población. Pero hay un fracaso de aquella oposición que diciendo ser absolutamente anti K pensó que lo que tenía que hacer era "todos contra el Gobierno" y no mostró ningún horizonte distinto. Eso fue lo que la sociedad sancionó el 14 de agosto. Al mismo tiempo la estrategia oficial fue poner en marcha las políticas sociales con las que no estaba de acuerdo, como la asignación por hijo y el plan Argentina Trabaja. Recuperaron el conurbano con base en eso. Por eso hay que dar otra discusión.

-¿Pero por qué los pobres votan al Gobierno pese al estancamiento de la situación social?

-Porque si uno compara el presente con el pasado, la gente está mejor que en 2009. Ante la idea de que se puede resolver lo que ocurre con recetas del pasado, que tienen que ver con bajarle los salarios a los estatales y las jubilaciones, políticas de ajuste del gasto, como las de De la Rúa, o políticas de devaluación brutal y salvaje, como las de Duhalde, la gente preserva lo que está. La gente dice: "Para atrás no vamos". El debate es para adelante. Sería equivocado que el Gobierno pensara que lo que sacó como resultado es un plebiscito de que la gente está chocha con lo que ocurre. Eso también es falso. La gente es conciente de que hay inconvenientes, pero no compra recetas del pasado para resolverlos. Por eso se abren posibilidades para una propuesta nueva.

-Roberto Feletti dice que no hay estancamiento social porque si no, habría conflicto social.

-Conflicto social hay todos los días. La discusión es qué es lo que le da sentido al conflicto social. Por eso los únicos que estamos discutiendo que la resolución de todos estos temas no se resuelven con un legislador más o menos sino plasmando una fuerza política de alcance nacional que plantee un modelo de país diferente, y eso es lo que estamos haciendo con el Frente Amplio Progresista. Se agotaron las estructuras tradicionales, nos dimos a la tarea de recuperar de ellas lo mejor que tenían, y por eso hay radicales, peronistas, socialistas, de izquierda, independientes, es un espacio plural. Pero nuestra propuesta es para gobernar o para ser la principal fuerza de la oposición.

-¿Cómo se baja el desempleo y el empleo informal?

-Las estadísticas hay que mirarlas completas. La encuesta permanente de hogares que tenemos hoy no es la que teníamos. ¿Qué fidelidad podemos darle a eso es relativo? Aun suponiendo que esto fuese así, el desempleo se estancó desde 2007 y oscila entre 7 y 9%, con lo cual muestra que este esquema productivo tiene un desempleo estructural de esa magnitud. Lo que también hay es que los que buscan empleo en el mercado laboral no es el 7 sino el 22% porque hay un montón de gente que changuea, que tiene un empleo basura, que tiene un empleo, pero necesita otra cosa. Esto opera como límite a la evolución de los salarios. Si uno toma la estructura laboral de la Argentina, prácticamente el 55% transita entre el desempleo, la informalidad y la ilegalidad laboral. La preocupación por el empleo está a la orden del día. La Argentina ha consolidado un modelo de salarios bajos porque el 70% de los trabajadores gana menos de cuatro lucas.

-¿Cómo bajar desempleo e informalidad entonces?

-Pasa por cuestiones de orden productiva porque la informalidad y la ilegalidad es por el sostenimiento de un modelo de salarios bajos que es acorde con un perfil productivo de la Argentina. Eso hay que cambiarlo. También hay cuestiones de orden institucional que hay que cambiar. Por un lado hay que tener mayor control del mundo laboral por parte de la autoridad pública, pero fundamentalmente por la democratización del mundo sindical. Si uno no tiene organización de los trabajadores, la capacidad de sostener un control sobre la ilegalidad desaparece. No es un fenómeno policial que con algunos inspectores vamos a resolver. Es la existencia de posibilidades para que los trabajadores se puedan organizar en libertad y tener representaciones. Hoy lo que ocurre en la gran mayoría de los establecimientos privados es que los trabajadores no tienen delegados. Eso conspira contra mantener un mundo laboral y decente, y contra la posibilidad de que los trabajadores puedan comprometerse con el desarrollo productivo del país. Si los trabajadores, en lugar de estar comprometidos con la mejora de la calidad del producto, están postergados en sus derechos sindicales, la capacidad de un proceso mínimamente integrado socialmente para sostener un perfil productivo basado en el progreso técnico desaparece.

-¿Qué fortalezas ve en la economía?

-La Argentina tiene dos fortalezas. Una es su dotación formidable de recursos naturales. Otra es la capacidad y la creatividad del pueblo argentino. Estamos malgastándolas. Estamos deteriorando el medio ambiente por un lado y resintiendo la calificación de la fuerza laboral del país. Si mantenemos que cinco de cada diez pibes son pobres en la Argentina, más allá de la injusticia presente, estamos construyendo un debilitamiento de la fuerza laboral futura. En la práctica hemos tenido una involución de la fuerza laboral y las estadísticas nos muestran por debajo de Brasil y Chile, cosa que jamás ocurría. Y estas dos condiciones que estamos malgastando son las fundamentales para la construcción del país. Hay que hacer una apuesta muy fuerte a la cultura, el conocimiento, la innovación y el desarrollo científico y tecnológico.

-Usted fue candidato a diputado del kirchnerismo en 2003.

-No, no, yo nunca estuve en la experiencia del kirchnerismo. Yo fui candidato de un acuerdo político donde estuvieron todos los sectores, el ibarrismo, el kirchnerismo, había socialistas, radicales, peronistas. Yo era extrapartidario. Venía de mi tarea en la Central de Trabajadores de la Argentina y luego fundamos un partido nuevo en la ciudad de Buenos Aires, que es Buenos Aires para Todos, y la Corriente Nacional por la Unidad Popular, con Víctor (De Gennaro). Fuimos parte de la experiencia de Proyecto Sur con Pino (Solanas). Lamentablemente Pino abandonó el barco de la construcción del Frente y ahora estamos en el Frente, que ha sido nuestro objetivo de trabajo en los últimos cuatro años. La Argentina necesita una nueva experiencia política para resolver sus problemas.

-¿Pero en 2003 creía que el Gobierno iba por un buen camino?

-Nosotros en 2003 vimos un conjunto de definiciones que tomó el Gobierno con planteos que veníamos sosteniendo y eran importantes, como los derechos humanos, la renovación de la Corte, una mirada más abierta a América latina, pero en ningún momento formamos parte de la experiencia del kirchnerismo.

-¿Cuándo pesaron más las diferencias que las cosas en común?

-Las diferencias quedaron claras casi siempre, pero se materializaron de manera muy concreta en 2005 cuando quedó claro que el kirchnerismo era una manera más expresar al PJ, con todos los límites que ese partido tiene y los vínculos con los factores de poder que impiden avanzar en los cambios que la Argentina necesita y no promueve el proceso de participación que la Argentina requiere en todos los planos. Otra cosa que observamos es que en toda la explotación de los recursos naturales, petróleo, minería y demás, no había ninguna intención de replantear nada sino más bien profundizar estrategias equivocadas de la década del 90.

-¿Qué propuestas lleva como candidato a diputado?

-Nosotros tenemos urgencias. La primera son los pibes. Nosotros venimos proponiendo el pacto por la niñez. Nosotros proponemos un sistema único de asignación universal que abarque a todos los pibes. El segundo tema son los mayores. Buscamos la democratización de la Anses y el PAMI. Es decir, jubilados y trabajadores en la conducción de esos organismos para que los recursos tengan por destino recomponer los haberes jubilatorios, el 82%, cancelar las deudas previsionales, y que los recursos para la salud no vayan a financiar el Estado. Tercero, que los trabajadores puedan decidir quiénes son sus representantes. En cuarto lugar, replantear el marco normativo que tiene el tema minero, petrolero, la pesca y el sector agropecuario. El quinto tema es de la ciudad, y es el de la seguridad. Hay que reordenar la Policía Federal.

Claudio Lozano

Profesión: economista

Edad: 54 años

Comenzó la carrera en la UBA, pero tras ser detenido en 1976 por hacer propaganda política se cambió a la Universidad del Salvador, donde también hizo un posgrado. Fue economista de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). Es diputado desde 2003.

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