La burocracia, en la mira

José Ignacio López
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29 de marzo de 2000  

El nuevo acuerdo para la industria automotriz celebrado con Brasil sirvió para calmar los ánimos alterados por las pujas comerciales con el socio del Mercosur.

Con menos alboroto en ese frente, el ministro de Economía, José Luis Machinea, quedó en mejores condiciones para prestar atención a otro escenario conflictivo, el del Congreso, tras su paso por la tradicional asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo, que se realizó en Nueva Orléans.

Negros son los nubarrones que asoman por el lado del Senado si de la aprobación de las leyes más requeridas por la conducción económica se trata.

En cuanto a la controvertida reforma laboral, las dificultades abundan: por un lado, la conducción de la CGT encabezada por Rodolfo Daer practicó una de sus clásicas volteretas y desconoce su acuerdo con el gobierno nacional; por el otro, los funcionarios del Fondo Monetario Internacional con los que habló Machinea en Nueva Orleáns no quieren cambios en la norma originalmente proyectada, ni siquiera, parece, los introducidos por los diputados.

Reforma estatal

Tanto en sus conversaciones allá como aquí, antes de la partida, el ministro y su secretario de Hacienda, Mario Vicens, volvieron a hablar de su disposición a encarar una profunda reforma administrativa del aparato estatal.

La cuestión, se sabe, estuvo bajo análisis durante el período de transición, es decir, antes de que se llenaran los casilleros del amplio organigrama burocrático del Estado. Eran los días en que se discutió la ley de ministerios.

Cierto es que desaparecieron secretarías y subsecretarías, y también que se crearon dos ministerios, pero se estuvo lejos de encarar la audaz propuesta de replantear desde cero el aparato administrativo.

Sobre esa cuestión machaca desde hace largo tiempo el ingeniero Manuel Solanet, que ha acumulado sobrados antecedentes y conducido amplios estudios con participación de los técnicos de FIEL, recogidos y presentados por el Consejo Empresario.

"No sirve"

Si bien la reforma del Estado quedó bajo la órbita del vicepresidente Carlos Alvarez y en ella está trabajando Marcos Makon, otro conocedor de los vericuetos presupuestarios desde la época de Domingo Cavallo, los funcionarios de Hacienda, acuciados por el compromiso de cerrar el déficit fiscal, volvieron la mirada hacia el abultado organigrama de un "Estado que no sirve para nada", para decirlo con la expresión que empleó el presidente De la Rúa en su último mensaje al Congreso.

Replanteo

Claro que un replanteo global de la estructura administrativa del Estado Nacional tiene mira más larga y no podrá repercutir en las partidas del presupuesto de este año.

Un programa de esa naturaleza concebido para ejecutarse a lo largo de varios presupuestos sólo generaría algún ahorro en el presupuesto de 2001 si pronto se pusiera en marcha.

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