La concesión tuvo beneficios sociales

Por Ernesto Schargrodsky Para LA NACION
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25 de septiembre de 2005  

Para analizar el efecto de la privatización de las empresas de agua y cloacas sobre la mortalidad infantil, en un estudio realizado junto con Sebastián Galiani y Paul Gertler ( Water for life: the impact of the privatization of water services on child mortality ) comparamos la evolución de la tasa de mortalidad infantil en las localidades donde la provisión fue privatizada respecto de su evolución en aquellas localidades donde la provisión permaneció en manos públicas.

Para esta comparación, utilizamos datos de mortalidad infantil del Ministerio de Salud para todas las localidades del país. Como muestra el gráfico, durante la década analizada la mortalidad infantil se redujo en ambas zonas, de acuerdo a como lo venía haciendo históricamente. El gráfico también muestra que la evolución y el nivel de las tasas de mortalidad infantil fue extremadamente similar durante la primera mitad de la década, antes y durante el inicio de las privatizaciones en este sector. Sin embargo, cuando las privatizaciones avanzaron en la segunda mitad de la década, la mortalidad infantil en las localidades con provisión privatizada (línea rayada) se ubicó sistemáticamente por debajo de su evolución en las localidades sin privatización (línea llena). Esta diferencia es estadísticamente significativa y corresponde a una reducción del 8,4% de la tasa de mortalidad infantil asociada a la privatización de las empresas de agua.

Un cuestionamiento a este resultado podría ser que las localidades con y sin privatización fuesen eminentemente distintas. Sin embargo, encontramos el mismo resultado cuando nos restringimos a localidades con similares características sociodemográficas.

También podría ocurrir que esta diferencia no hubiese aparecido como resultado directo de la privatización de la provisión de agua. Por ejemplo, la actividad económica podría haber aumentado más en las zonas privatizadas, o esas áreas podrían haber recibido más recursos fiscales para programas sociales o gastos en salud.

Sin embargo, en nuestro trabajo mostramos que el efecto proviene exclusivamente de la reducción en muertes por enfermedades relacionadas con el acceso al agua potable (enfermedades infecciosas y parasitarias), mientras que no hay ningún efecto en la mortalidad por otras causas de muerte. La diferencia debería haberse observado para todas las causas de muerte si el motivo no hubiese estado vinculado con cambios en la provisión de servicios sanitarios.

Si el efecto proviniese realmente de las mejoras y expansión del servicio asociadas a la privatización, además deberíamos encontrar que el diferencial en la reducción de la mortalidad entre zonas con provisión privatizada y no privatizada fuese mayor en las zonas pobres que en las ricas. Las clases medias y altas habitualmente tienen acceso a agua de red y, cuando no lo tienen, pueden adquirir buenos sustitutos.

Efectivamente, encontramos que no hubo diferencia en la evolución de la mortalidad infantil en las zonas no pobres. Todo el efecto proviene de la diferencia en localidades con un 25 al 50 por ciento de hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI), donde la reducción diferencial de la mortalidad llega al 14,4%, y de localidades extremadamente pobres (más del 50 por ciento de los hogares con NBI), donde la tasa de mortalidad se redujo en un 26,5% en las zonas con provisión privatizada respecto de las áreas sin privatización.

La mejor evolución

El estudio también explora cuál es el principal determinante de esta mejor evolución en las zonas pobres y con servicio privatizado. La comparación de los datos del Indec de acceso al agua corriente indica que la expansión de la red fue más veloz en las zonas sujetas a privatización y que estas expansiones tendieron a beneficiar a los pobres, pues los más ricos ya tenían agua corriente.

Entre 1991 y 1997, la proporción de familias conectadas a la red de agua creció en 3,2 puntos porcentuales en las localidades con servicio privatizado, mientras que el aumento fue de 1,8 puntos porcentuales en las localidades sin privatización.

Durante la década del 80, en cambio, la proporción de la población con acceso a agua de red había decrecido, pues la red no se expandía, mientras que el crecimiento poblacional de quienes no tenían agua superaba al de quienes tenían. Además, entre 1992 y 2002 la conexión a la red de aguas aumentó 14 puntos porcentuales para el total de la población, mientras que lo hizo en 21 puntos para el 20% de hogares más pobres (aunque obviamente este grupo social sigue sufriendo tasas de conexión sensiblemente inferiores).

Si en la Argentina comparamos el servicio provisto por las empresas privatizadas respecto del ideal que la sociedad se merece, sin duda concluiremos que la gestión privada no ha mostrado resultados satisfactorios. Sin embargo, la provisión de servicios públicos por parte de empresas estatales también ha estado plagada de falencias.

En un mundo de opciones imperfectas, cuando evaluamos a la provisión privada de agua en la Argentina utilizando como contrafactual a la provisión estatal, nuestros resultados sugieren que en las localidades donde la provisión de agua se privatizó, una importante medida del bienestar (la mortalidad infantil) mostró un mayor progreso beneficiando, en particular, a los más pobres.

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