La difícil tarea de medir la protección o la desprotección

Juan Carlos de Pablo
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28 de junio de 2015  

Con qué vara hay que medir la protección que recibió la industria automotriz, durante la presidencia de Arturo Frondizi, o la que actualmente recibe la de celulares ubicada en Tierra del Fuego; con la de la nominal, que mide la protección que corresponde a cada bien, o con la protección efectiva, que mide la que recibe cada porción del proceso productivo.

Al respecto conversé con el canadiense Clarence Lyle Barber (1917-2004), quien como tantos otros de su generación se puso a estudiar economía a raíz del impacto que le causó la Gran Depresión de la década de 1930. Las discusiones referidas a las bondades y los costos de las restricciones al comercio internacional son muy viejas; de hecho, el mercantilismo es anterior a Adam Smith. En cambio, el concepto de protección efectiva recién se planteó a mediados del siglo XX.

-Warner Max Corden afirma que la idea de la protección efectiva está clara en el trabajo que sobre la política tarifaria de Canadá publicó en 1955.

-Cierto, pero su reconocimiento muestra que es un caballero. Respondo a su caballerosidad diciendo que la fórmula de la protección efectiva aparece por primera vez en un trabajo suyo, publicado en 1962, y que la idea se popularizó a mediados de la década de 1960, gracias a monografías que simultáneamente publicaron Bela Balassa, Harry Gordon Johnson y Corden. Balassa es considerado una figura central en el plano empírico, Corden en el teórico.

-¿Conoce estimaciones de la protección efectiva, referidas a la Argentina?

-Me acuerdo de dos, la que Pedro Héctor Wainer publicó en 1970, y la que Julio Berlinski dio a conocer en 1977. Como en el resto de las estimaciones, la estructura tarifaria presenta mayor dispersión entre las protecciones efectivas, que entre las protecciones nominales. Esto es así porque, en general, el arancel de importación de los insumos es menor que el correspondiente al producto terminado.

-Para favorecer la generación de valor agregado local.

-Cierto, pero ¿a qué costo? Ésta es la pregunta que contesta la protección efectiva. Permítame exagerar: determinado bien paga cierto arancel si se lo importa sin envolver, y el doble si se lo importa envuelto para regalo. En estas condiciones, el valor agregado que genera la simple operación de envolver es altísimo, pero esto no tiene que ver con una mejora para el consumidor, sino con la estructura arancelaria. Con estos datos, vuelva al interrogante inicial: ¿cuál fue la protección efectiva de la industria automotriz instalada a partir de 1958; cuál la del armado de celulares en el sur del país? Ni qué hablar del impacto que la medida tiene sobre el salario de los sectores beneficiados, y el traslado que produce sobre los salarios de los sectores no beneficiados.

-¿Puede haber protección efectiva negativa?

-Pregúnteles a los productores agropecuarios de su país, o a los economistas especializados en el sector. A los productores se los castiga cuando venden, y su producto está sujeto a retención a la exportación, y también cuando compran fertilizantes, maquinaria, etc., que están sujetos a aranceles de importación. Ni qué decirle cuando existen tipos de cambio múltiples, porque en general los productos agropecuarios se liquidan al tipo de cambio más bajo, en tanto que los insumos se compran al tipo de cambio más alto. No sorprende, por consiguiente, el fuerte aumento de la producción agropecuaria verificado a partir de fines de 1976, cuando se unificó el tipo de cambio.

-Marcelo Diamand propuso la existencia de tipos de cambio múltiples y de aranceles espejo entre importaciones y exportaciones.

-Actualicemos los diagnósticos, y sobre todo no exageremos. Ni el campo ni la industria son hoy lo que eran hace cuatro décadas, en términos de empleo, ocupación, modernización, posibilidades de exportación, etcétera, y es difícil fundamentar que el tipo de cambio para determinados productos sea varias veces el que existe para otros productos. La importancia de la dosis no sólo existe en medicina.

-Don Clarence, muchas gracias.

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