La economía "desmorenizada"

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
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24 de noviembre de 2013  

Hay un inocultable alivio por el alejamiento de Guillermo Moreno entre los empresarios más afectados por sus medidas no escritas y sus modales patoteros, aunque muchos creían haberle encontrado la vuelta después de mil encontronazos.

En materia de precios, el renunciante secretario de Comercio Interior fue mentor de un método tan disparatado como ineficaz, como el control de los índices del Indec para camuflar la inflación y sus múltiples causas. Esto le permitió durante años administrar los precios de un conjunto de productos de consumo masivo, a cambio de dejar subir otros menos accesibles al bolsillo de los consumidores y evitar el desabastecimiento que suelen provocar congelamientos o controles más rígidos, al estilo venezolano. Nadie le agradecerá esa invención que distorsionó todo, para disimular una inflación que ya tiene un piso de 25/27% anual y subestima la pobreza e indigencia a niveles sólo aptos para el relato oficial.

Tampoco lamentarán su beca diplomática en Roma las empresas de todo tamaño que necesitan importar insumos, repuestos o equipos para poder trabajar y dar trabajo, aunque su álter ego, Beatriz Paglieri, sigue llamativamente al frente de Comercio Exterior.

El sistema de permisos previos de importación (DJAI) armado por Moreno en 2012 fue una lotería, sin prioridades ni criterios explícitos. Con la agravante que fue sumando bolillas a medida en que caían las reservas del Banco Central. Y exigencias a las empresas para exportar cualquier cosa por cuenta de terceros (miel, vinos, arroz, aceites, etc.) por un monto equivalente al que se pretende importar (obviamente sin incluir el sobrecosto de comisiones de 15% por la triangulación), modificar sus estatutos para convertirse en exportadores y presentar listas de precios sujetas a control. Otras firmas optaron por recursos de amparo para destrabar despachos, también a costa de pagar a estudios jurídicos comisiones de hasta 25% sobre el valor a importar al dólar oficial y condenarse a mantener esa vía para futuras compras. También están las que aceptaron los servicios de gestores con "contactos arriba" -quizás operadores identificados sólo con un número- a cambio de comisiones de 25%, pero en este caso al valor del dólar paralelo. Así, el guardián de la inflación logró, paradójicamente, abaratar exportaciones y encarecer importaciones. No es todo. Empresas o cámaras con acceso directo al funcionario generalmente debían retribuir sus oficios para resolver urgencias mediante el famoso "pongui-pongui" (aportes "voluntarios" para emergencias sociales como las inundaciones platenses, inexplicablemente retenidos durante meses en una cuenta bancaria a la orden de la CGE morenista). O bien con donaciones en especie (gratuitas o subsidiadas) con destino al Mercado Central de Buenos Aires u otros centros de consumo flojos de papeles.

Si a esto se suma el desgaste por sus fracasos en innumerables cruzadas de marketing político, ya sea con efectos efímeros (como los feriados cambiarios en el mercado paralelo o la Supercard) o estructurales (como la destrucción de las exportaciones de trigo o el cierre de frigoríficos exportadores), es más fácil deducir por qué la presidenta Cristina Kirchner aceptó los pedidos de su entorno para soltarle la mano después de bancarlo tantos años. Incluso a costa de obsequiarle un gratuito trofeo político a Sergio Massa, para mejorar la imagen de su gobierno ante los más desmemoriados.

Sin embargo, que Moreno desaparezca de escena no significa otro tanto con las incógnitas sobre el futuro inmediato de la política económica. Los problemas son los mismos que antes de la derrota electoral del oficialismo, agravados por la vertiginosa caída de reservas del BCRA (unos 5100 millones de dólares desde septiembre y 11.773 millones en lo que va de 2013). Una realidad que desmiente el tono de "aquí no ha pasado nada" que caracterizó el retorno de CFK a la actividad y no hubiera justificado los cambios en el gabinete.

A pesar del bienvenido cambio de estilo comunicacional, Jorge Capitanich y Axel Kicillof pusieron más énfasis en lo que no piensan hacer que en lo que harían.

"Ni maxidevaluación ni tarifazo", podrían resumirse sus primeras declaraciones a la prensa, en tren de ponerles paños fríos a las expectativas y enviar un mensaje a la tribuna. Pero también pueden decodificarse otras señales.

Por ahora fue al freezer el desdoblamiento cambiario propuesto años atrás desde el llano por Kicillof, en una aplicación del "teorema de Baglini" (según el cual las ideas son más audaces cuanto más lejos se está de instrumentarlas). Pero el BCRA ya puso en marcha, como en mayo último, el juego de pinzas para acortar la brecha cambiaria, con otra aceleración del ritmo de devaluación (al 40% anualizado) y la venta de bonos dolarizados para bajar el contado con liquidación y contener al dólar paralelo. La suba de impuestos internos para bienes suntuarios (autos de media y alta gama, yates, motos y aviones) probablemente sea preludio de límites o restricciones para gastos turísticos con tarjeta en el exterior o compras externas vía Internet, sin viajar. La estrategia se completaría con un maquillaje de las reservas mediante "swaps" (préstamos de corto plazo) de China y de la Anses, la colocación de deuda de YPF y un incierto adelanto del financiamiento chino para las futuras represas hidroeléctricas de Santa Cruz. Todo apunta a mejorar expectativas y movilizar liquidaciones de exportaciones. Pero poco tiene que ver con las causas estructurales del desequilibrio externo (pagos de deuda con reservas del BCRA, déficit energético, turístico e industrial y menor superávit comercial). Máxime, si la "maquinita" de emitir pesos sigue funcionando a destajo para cubrir el déficit fiscal (según el Estudio Broda, sólo en el bimestre septiembre-octubre se emitieron $ 32.500 millones) y la inflación no encuentra techo.

Al menos aquí hubo un buen primer paso con la decisión de seguir adelante con el futuro IPC Nacional, siempre que se sinceran los precios. Pero el control empresa por empresa de Moreno podría ser reemplazado por un control de márgenes en los eslabones de las cadenas de valor, que son miles, requieren un infernal procesamiento de datos y no se aplica en casi ningún país del mundo, salvo Venezuela. De ahí que un paso previo podría ser un acuerdo social de precios y salarios, para el que el sindicalismo oficialista ya se aseguró la discusión de paritarias sin techo para 2014 y los empresarios desconfían hasta que el nuevo equipo económico disipe aquellas dudas y muestre más cartas.

Por ahora, otro indicio es una selectiva revisión de los enormes subsidios a la energía para corregir "inequidades" sociales o regionales, que pone en la picota a los usuarios de Capital Federal y Gran Buenos Aires (se supone que por nivel de ingresos, antes que por zonas). Pero no para bajar el déficit fiscal ni impulsar inversiones energéticas, sino para redistribuirlos en compensaciones (impositivas, tarifarias o crediticias) a las producciones regionales más castigadas por el aumento de costos en dólares y la perdida de mercados. El impacto en las cuentas fiscales será otro enigma para desentrañar más adelante.

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