La economía paraguaya se hace humo

Con un sistema dependiente en su mayor parte del contrabando, el país no consigue préstamos y se sumerge en la inflación
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22 de junio de 2003  

ASUNCION (The New York Times News Service).- A juzgar por las cifras del comercio de este país, los paraguayos parecen ser una nación de fumadores en verdad empedernidos.

El año pasado, la industria local de tabaco produjo unos 45.000 millones de cigarrillos, con un valor total de unos 600 millones de dólares. Pero, según los registros del Banco Central, sólo unos 300 millones de cigarrillos, con un valor de 4,3 millones de dólares, fueron exportados. Eso significa que queda un paquete de cigarrillos que debe ser fumado por cada hombre, mujer y niño de Paraguay.

En realidad, por supuesto, la mayoría de los cigarrillos son exportados... sólo que no legalmente. Los expertos de la industria dicen que cerca de 95 por ciento de la producción nacional tabacalera, incluyendo versiones falsificadas de marcas estadounidenses como Marlboro y Camel, y las favoritas de los latinoamericanos como Derby y Free, es contrabandeada a través de las porosas fronteras de Paraguay con la Argentina, Bolivia y Brasil, y de allí a destinos tan distantes como el Caribe, Estados Unidos y México.

"Las exportaciones paraguayas de tabaco son, casi sin excepción, ilegales", dice Milton Cabral, vicepresidente de Souza Cruz, la subsidiaria brasileña de la British American Tobacco en el vecino Brasil. La situación, por lo demás, es típica de lo que ocurre en muchas industrias aquí. Aproximadamente una quinta parte de la economía paraguaya ha sido alimentada desde hace años por un comercio ilegal transfronterizo de todo, desde cigarrillos y juegos de Nintendo en versión pirata hasta subametralladoras y autos BMW robados.

Pero ahora el país tiene un presidente electo, Nicanor Duarte Frutos, que tomará posesión en agosto y que ha prometido reprimir los "problemas crónicos" de la falsificación y el contrabando y "construir un sistema de legalidad", como dijo a los reporteros en una visita reciente a Brasil. Incluso si se le cree -hay señales de que su celo reformador quizá no dure mucho tiempo- Duarte Frutos tendrá una dura tarea frente a sí para poner fin a la dependencia de la economía paraguaya en el contrabando, aun cuando la mayoría de los habitantes del país está de acuerdo en que es cada vez más urgente que el país se libre de ese hábito.

Paraguay es uno de los países más pobres de América latina y cada día se hunde más en la pobreza. El ingreso per cápita se ha reducido a la mitad en los últimos seis años, para llegar a menos de 900 dólares al año, y más de una tercera parte de la población vive en la pobreza más profunda. Y con una nómina pública hinchada con 200.000 empleados gubernamentales, casi todos los cuales están inscriptos en el Partido Colorado de Frutos, las finanzas del país se están secando rápidamente. El gobierno ha estado especialmente carente de efectivo durante los últimos 12 meses, a medida que el dinero proveniente de un préstamo de 400 millones de dólares proveniente de Taiwan se empieza a agotar, obligando al Banco Central a imprimir nuevos paquetes de billetes de guaraní que cada vez tienen menos valor. Esto ha enviado la inflación, que era de un sólo dígito, a más o menos 17 por ciento este año. Cerca de una quinta parte de la fuerza laboral está desempleada.

Pérdidas millonarias

La falta de fondos frenó en seco la inversión pública y, para todos los efectos, ha congelado los préstamos multilaterales a las agroempresas, cuyas utilidades en divisas duras habían sido uno de los pocos aspectos positivos de la economía, porque el Estado paraguayo no puede hacer su parte.

"Estamos viendo de frente el rostro de lo que podría ser un notorio colapso social", dice Luis Campos, economista y socio en la afiliada local de KPMG. "Y la crisis tiene su centro en los problemas fiscales del gobierno". Campos calcula que los ingresos anuales del gobierno han descendido de más de US$ 1000 millones que eran en 1996 a sólo 700 millones de dólares en la actualidad, lo que podría explicar por qué Duarte Frutos está ansioso de reprimir lo que el cortésmente llama la economía informal. Dar una cifra precisa al volumen de la economía informal de Paraguay es difícil, naturalmente. La mayor parte de los economistas la calculan en una quinta parte del producto interno bruto de Paraguay, que es de 7000 millones de dólares, lo que equivale al doble de la proporción en EE.UU.

Y como fuente de mercancías falsificadas o como punto de traslado entre Asia y América latina para componentes de computadoras o monturas para gafas de alta moda, representa también pérdidas sustanciales para las grandes compañías en todo el mundo. Entre los más ansiosos para que se lleve a cabo una represión de esa economía subterránea se encuentran los ejecutivos de la Nintendo Corp. Desde 1998, cuando Paraguay firmó un acuerdo bilateral de comercio con Estados Unidos, más de 1,4 millón de productos falsificados de Nintendo han sido decomisados en Paraguay, más que en cualquiera otra parte en el hemisferio occidental, dice Jodi Daughrety, principal encargada del combate a la piratería en la unidad estadounidense de Nintendo.

Daughterty dice que no puede precisar cuánto de los US$ 649 millones que Nintendo calcula que perdió mundialmente por la piratería debe atribuirse a Paraguay, pero señala que es "un número serio". La compañía ha recibido muy escasa ayuda del ineficiente y corrupto sistema legal paraguayo. Desde 1997, Nintendo ha presentado 36 casos en los tribunales paraguayos para denunciar la falsificación o contrabando de sus productos. Ninguno ha sido resuelto aún.

Hasta ahora, la promesa de Duarte frutos de reprimir el amiguismo y el contrabando y "construir un sistema judicial mucho más respetado" ha causado más cejas levantadas que optimismo. Después de todo, su Partido Colorado ha estado en el poder desde 1947, más tiempo incluso que los comunistas en Corea del Norte. Según muchos analistas aquí, en tanto que continúe la cultura de los negocios clandestinos, impedirá que el país se concentre en lo que hace mejor: la agricultura. Gracias en parte a nuevas técnicas e inversiones aportadas al país por los 450.000 "brasiguayos", como llaman a los granjeros brasileños y sus descendientes nacidos en Paraguay, el país se ha convertido en el cuarto exportador mundial de soja y un importante productor regional de carne de res.

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