La economía del recurso peor gestionado de todos

Sebastián Campanario
Sebastián Campanario PARA LA NACION
América Latina es una de las regiones donde este bien indispensable está peor administrado; qué factores determinan el incremento de su demanda en el mundo
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9 de junio de 2019  

Así como los periodistas de investigación y los detectives de casos de corrupción tienen un lema de hierro (seguir la "ruta del dinero"), la exploración espacial y los emprendedores que apuntan a los viajes interplanetarios cuentan con el suyo propio, parecido: "Seguir el agua". Lo aplica la NASA en su búsqueda de inteligencia extraterrestre, y Elon Musk lo puso en el centro de la misión de su empresa Space X. La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos publicó la semana pasada un análisis estadístico de los 4000 exoplanetas descubiertos hasta ahora (mundos distantes que orbitan alrededor de otras estrellas) y concluyó que un tercio de ellos podrían estar completamente cubiertos de agua, con océanos de cientos de kilómetros de profundidad.

El estudio mencionado es de un grupo de astrónomos de Harvard y fue recibido con entusiasmo en la comunidad científica por un motivo: el agua es la aproximación más certera que tenemos para determinar la existencia de vida. Con un 70% de nuestra masa corporal líquida y un 70% de la cobertura de la superficie terrestre, resulta un proxi ideal para determinar si hay o no vida más allá de la Tierra. Pero de este segundo porcentaje, un 97,5% es agua salada de los océanos (que no sirve para consumo humano) y un 1,75% adicional está congelada en los polos, con lo cual la discusión sobre el recurso se centra en solo un 0,75% restante del total.

"El agua es un recurso generalmente abundante, pero pésimamente administrado, sobre todo en América Latina", cuenta a LA NACION Juan Pablo Rud, un economista argentino especializado en este tema que da clases en Royal Holloway, Universidad de Londres. "Hay un futuro plagado de desafíos. El cambio climático, con temperaturas más altas y precipitaciones erráticas, puede ejercer nuevas presiones sobre la oferta y la demanda; lo mismo sucede con la urbanización y el desarrollo económico".

Fuente: LA NACION

En algunos lugares del planeta ya hay tensiones importantes entre países y sectores de la economía. Un 70% del recurso o más se lo lleva la explotación del campo. En tanto, unas 2000 millones de personas viven en lugares donde la fuente de agua principal es compartida entre dos o más países.

Riesgos severos

Según el último reporte de agua de las Naciones Unidas, un cuarto de la población global habita en áreas donde la escasez de agua presenta riesgos severos, y el recurso se usa seis veces más que un siglo atrás.

Como el problema está mayormente concentrado en Asia -y en segunda medida en África-, se trata de una conversación mucho menos voluminosa (en medios, políticas públicas, etcétera) en América Latina, que, de hecho, es una de las regiones más ricas del mundo en este recurso y que también tienen un récord de subgestión y despilfarro.

En sentido contrario al de otros sectores de infraestructura (como la electricidad, las telecomunicaciones o el transporte), la provisión de agua no aparece expuesta a grandes disrupciones tecnológicas. Hay algunas avenidas de cambio, como la desalinización para poder potabilizar el agua de mar o los sistemas de reutilización del agua, pero las mayores chances de mejora, para Rud, llegarán por el lado de innovación en la gestión y modelos de incentivos, que compensen el hecho de que el acceso al agua esté considerado un derecho humano (declarado por las Naciones Unidas) con un sistema de precios que incentive un servicio de calidad y un consumo responsable.

Muy poca gente sabe, por ejemplo, que la mayor parte del líquido de gastamos no viene del consumo directo, sino de la compra de comida, ropa y otros bienes muy intensivos en el uso de agua para su producción.

Sci-fact

En el campo de la discusión sobre futuro se suele enfatizar que la ciencia ficción tiene la capacidad de interpretar los "miedos colectivos" de toda una sociedad ante determinadas amenazas. Así como Mary Shelley escribió su Frankenstein en la era victoriana -en 1818- para lectores que temían los cambios de la revolución industrial, existe todo un género de ciencia ficción relacionado con catástrofes climáticas, que plantean un futuro de escasez de agua. Las sagas van desde Duna hasta Star Wars, pasando por libros de Margaret Atwood, Cormac McCarthy y Barbara Kingsolver. El experto en diseño de futuros Edwin Rager habla de un pasaje del sci-fi (ciencia ficción en inglés) a sci-fact: hechos de una realidad que ya apremia.

¿Qué tan lejos estamos de este universo que pintan los libros de cli-fi (ciencia ficción con desastres climáticos)? Según estimaciones de las Naciones Unidas, alrededor de 4500 millones de personas no tienen en la actualidad acceso a un saneamiento seguro (según la definición de la OMS, eso sería que sus excrementos se eliminen en forma segura in situ o que se sometan a tratamiento en otro lugar). Solo si se considera el caso de la diarrea, la contaminación del agua provoca la muerte de medio millón de personas al año.

Rud trabajó con un equipo de colegas en Nigeria, un país que apunta a ser uno de los más poblados del mundo en la próxima década, donde un 25% de la población defeca al aire libre y donde esta tendencia, a pesar de todos los programas que se implementan para revertirla, tiende a empeorar.

"La ONU se propuso erradicar esta costumbre para 2030, pero parece un objetivo muy difícil de lograr", sostiene el economista argentino que vive en Londres.

Por el lado de la demanda, hay tres factores que contribuyen principalmente al aumento del consumo de agua. Se calcula que para 2050 la población del planeta será de entre 9400 millones y 10.200 millones de personas, arriba de los 8000 millones de habitantes que hay hoy. La mayor parte de este incremento se dará en zonas de Asia y África, que hoy son las que más problemas tienen de escasez de agua. Y la tendencia a vivir en megaciudades, con mayor consumo de este recurso, es el tercer factor determinante.

¿Están sonando las alarmas necesarias? Un estudio reciente, citado en esta columna, sobre cambio climático y "tragedia de los comunes" (la incapacidad de tomar decisiones de manera coordinada) lleva la firma de matemáticos de Estados Unidos, Austria y República Checa.

Apelando a la teoría de los juegos, el trabajo concluye que la cosa "se va a poner mucho peor antes de empezar a mejorar". Esto es, que habrá que esperar a que catástrofes aun más dramáticas lleguen a hacer sonar la alarma de la conciencia de los líderes globales, como para disparar un esfuerzo de coordinación planetario.

En muchos aspectos del problema, no es que no se sepa lo que hay que hacer. La escasez o los presupuestos estrechos son excusas para esconder la mala gestión de la provisión de agua. Como comentó al respecto meses atrás Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, "todos sabemos lo que hay que hacer, solo que no sabemos cómo hacer para que nos reelijan una vez que lo hayamos hecho".

sebacampanario@gmail.com

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