La historia del inmigrante italiano que todo lo plantaba

Antonio Menotti Bianchi se radicó en la Patagonia y logró solo, con la pala, una extraordinaria forestación en una región donde todo antes era desierto
Antonio Menotti Bianchi se radicó en la Patagonia y logró solo, con la pala, una extraordinaria forestación en una región donde todo antes era desierto
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27 de marzo de 2000  

LA JULIA (De un enviado especial).- Cuesta creer que todo este bosque haya sido la obra de un solo hombre.

Como en el célebre relato imaginario "El hombre que plantaba árboles", del escritor francés Jean Giono, Antonio Menotti Bianchi, un inmigrante italiano que recaló en la Patagonia, logró solo una forestación extraordinaria allí donde todo era desierto.

A pala y con la única ayuda de cinco compatriotas italianos que también amaban los árboles, Bianchi, que era el administrador de ese campo para lanares del grupo Braun Menéndez, canalizó agua de la cercana confluencia de los ríos Chico y Chalía, construyó 108 km de canales, y alrededor de esas acequias comenzó a plantar miles y miles de árboles para proteger lotes cuadrados de 100 metros por cien metros.

Cuando los árboles comenzaron a crecer y frenaron el viento, se pudo cosechar trigo, alfalfa, papas y obtener hasta un microclima apto para un excelente ganado vacuno. En su momento de apogeo, La Julia llegó a producir 100.000 bolsas de papas anuales y 30.000 fardos de alfalfa por temporada. Todo, gracias a los árboles.

En 1936 visitó el lugar el célebre cura-explorador Alberto De Agostini, el salesiano que conoció la Patagonia como nadie. Describió La Julia como un milagro hecho por el hombre. Y allí sigue, esperando émulos que hasta ahora no han asomado.

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