La manta, cada vez más corta y más expuesta

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
Alberto Fernández junto a Acevedo
Alberto Fernández junto a Acevedo Fuente: LA NACION
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28 de noviembre de 2019  • 16:47

Los problemas y contradicciones argentinos son evidentes al primer vistazo. Eso fue la visita de Alberto Fernández a la Conferencia Industrial: un paneo de realidad, dos horas al cabo de las cuales quedó expuesta la cornisa que deberá transitar el presidente electo. Él lo sabe perfectamente: por eso dudó tanto en ir a Parque Norte, y tomó la decisión una vez que los anfitriones le garantizaron que no se cruzaría ni con periodistas ni con Mauricio Macri, invitado al cierre. "Le preguntan todo, hasta los nombres del gabinete", lo excusó uno de los que trabajó para que estuviera.

El invitado expuso ahí lo mejor que tenía para decir. Puede decirse que la UIA vio al Alberto Fernández con que viene soñando desde el día siguiente de las primarias. Habló largo rato, sin enojos, insistió en la urgencia de darle prioridad a la producción antes que al aspecto financiero, a quienes trabajan por sobre los que especulan, y recordó la necesidad del diálogo social en una Argentina que incluyera a todos.

Se permitió incluso un tenue gesto hacia la Iglesia, con la que acaba de desencontrarse por sus declaraciones sobre el aborto: "Ha hecho mucho por contener la crisis social", la definió, y después trazó una diferencia entre lo que sería tener expectativas y esperanza. "Se lo decía a Alejandro Dolina el otro día: expectativa es cuando tenés dudas, y esperanza, cuando sabés lo que va a pasar. Los que somos católicos sabemos, porque tenemos esperanza, que después de la muerte hay una vida mejor. Expectativa tienen los ateos: en la Argentina hay esperanza", dijo. Escuchaba un jesuita: Jorge Lugones, obispo de Lomas de Zamora y presidente de la Comisión de Pastoral Social.

"Sigue en campaña, reparte para todos lados", sonrió ante LA NACION un conocido consultor político. Pero tanto ecumenismo entra siempre en fase nebulosa cuando Fernández insinúa, como ayer, alguna definición sobre el rumbo económico. "No vamos a dejar que compromisos absurdos asumidos afecten a la industria -avanzó-. Vamos a pagar el día que podamos generar dólares para pagar nuestras deudas. No quiero hacerle quitas a nadie. Yo ya sé que esta deuda fue tomada por un gobierno democrático, el resto del mundo no tiene la culpa de lo que elegimos los argentinos. Que nadie entienda lo que digo como un deseo de vivir a puertas cerradas. Pero no voy a traer camisetas o pantalones de China, bicicletas de Corea o zapatos de Brasil para que nuestra producción siga cayendo".

Los industriales celebraron con un aplauso. ¿Cómo lo vio a Alberto Fernández?, le preguntó este diario al santafesino Guillermo Moretti, empresario pyme y directivo de la UIA. "Y, lo que queríamos escuchar. Música para mis oídos: lo productivo sobre lo financiero", contestó. Es cierto que hay sectores para los que un default o un cepo cambiario no siempre representan la peor de las pesadillas. "Nosotros competimos con los bancos: si la gente no compra dólares, por ahí compra ladrillos. Con el kirchnerismo a nosotros nos fue bien", razonó momentos después Federico Riglos, gerente de la Cámara Industrial de Cerámica Roja, que confía en que la construcción sea la primera en reactivarse. A fines de 2015, el líder de una cadena de electrodomésticos admitió a LA NACION: "Yo sé que vendo el aire acondicionado que, en otro país, sería la cuota de un departamento".

Así razonan en varias actividades. Textiles como Teddy Karagozian, de TN Platex, creen por ejemplo que el orden de prioridades planteado en Parque Norte por el presidente electo es el correcto porque el default ya ocurrió. "Fueron partícipes necesarios quienes prestaron dinero para que fuera malgastado en obras de infraestructura faraónicas y gastos innecesarios en Miami o autos importados", dijo.

Pero hay sectores que necesitan que la Argentina vuelva cuanto antes al crédito. "Me quedó claro: volvemos a la categoría de mercado de frontera", protestó un ejecutivo financiero. Son ámbitos en los que todavía se preguntan por qué Fernández ya anticipó que no aceptaría los 11.000 millones de dólares que quedan del préstamo del FMI antes de entrar en default definitivo y no eligió en cambio el sentido inverso: dar esa señal después de haber recibido el monto.

El cuestionamiento se sustenta en la falta estructural de dólares que padece el país. Omar Gutiérrez, gobernador de Neuquén, deslizó la idea en su exposición, cuando se refirió a las reservas de hidrocarburos no convencionales con una ironía que tomó del economista Ricardo Arriazu. " Vaca Muerta está abajo y hay que extraerla aunque, como dice Arriazu, arriba estemos los argentinos. Tengamos en cuenta que el cheque fuerte de Vaca Muerta va a venir de afuera. No puede haber restricciones con las divisas", dijo, y recordó que el recurso tenía potencial para duplicar yacimientos norteamericanos gigantescos como Permian o Eagle Ford.

Su planteo se pareció bastante al del gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, uno de los más críticos del kirchnerismo, que dijo estar dispuesto a sentarse con Alberto Fernández. "Tengo 20 cosas para proponerle. Pero le pediría que no nos pusiera la pata en la cabeza a las provincias. En nuestro caso, por ejemplo, la minería genera riqueza, dólares: necesitamos dólares. Las protestas de América latina no tienen un origen ideológico: los pueblos se están oponiendo a los gobiernos que tomaron medidas de ajuste".

Tarde o temprano, la discusión termina aquí siempre en lo mismo: quién hace primero el esfuerzo en un país al que no se le encuentra la vuelta.

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