La meta de una economía circular

Silvia Stang
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15 de febrero de 2016  

En su barco, la británica Ellen MacArthur dio la vuelta al mundo en algo menos de 72 días. Eso ocurrió hace poco más de 10 años, pero algo de lo que aprendió la navegante en esa travesía es lo que hoy motiva cada uno de sus movimientos en tierra firme, según ella misma relató muchas veces. La joven, que lógicamente había cargado el barco con provisiones antes de salir, era bien consciente de que cuando se acabaran esos bienes, y mientras estuviera entre olas marinas, no habría forma de conseguir otros. En una situación así, uno está bien atento a que los recursos están mientras están; no hay cómo reponerlos. Cuando bajó del barco tras lograr la hazaña, Ellen reflexionó sobre cómo la economía es también dependiente de lo finito, sobre todo en un sistema estructurado en forma lineal: compramos o tomamos bienes, los usamos y los tiramos.

¿Se puede pensar la economía de otra forma? A partir de su experiencia, Ellen se convirtió, desde su fundación, en una de las principales promotoras globales de la llamada economía circular. Se trata de una manera especial de ver los esquemas de producción y consumo, con la consigna de una economía regeneradora y reparadora y una visión a futuro de un mundo que elimine, en todo lo que se pueda, el concepto mismo de basura. ¿La manera concreta de lograrlo? Que los productos estén hechos de tal forma que, cumplida su vida útil, sus componentes se transformen en insumos para hacer otros bienes, dentro de un marco normativo adecuado, que incentive la responsabilidad de empresas y consumidores.

La tendencia hacia una economía circular tiene que ver con conductas que es posible adoptar en cada hogar. Ejemplos de esas conductas son: observar de dónde vienen los productos que se consumen, no comprar lo que no sea necesario, separar de los residuos lo que sea reciclable, o tener emprendimientos responsables con el medio ambiente. Claro que para que haya un cambio amplio se necesita repensar cuestiones del sistema económico. "Hace falta un marco regulatorio que acompañe las decisiones del ciudadano que quiere contribuir a moldear el mundo según sus valores", dice Juan Cruz Zorzoli, director ejecutivo de Amartya, una empresa social dedicada a promover los conceptos de sustentabilidad.

Zorzoli considera que una de las acciones más importantes por las que puede comenzar una persona es informarse, algo que abre la puerta para poder cambiar la visión y llegar a ser parte del círculo que está implícito en esta forma de entender la economía. En lugar de aquello de tomar, usar y tirar (economía lineal), se trata de cuidar y preservar los recursos, haciendo que la "basura" –o lo que hoy entendemos por tal– sea creadora y no destructora de capital (economía circular).

La idea de la economía circular, explica Zorzoli, desafía el concepto actual del derecho de propiedad. Hoy consumimos "para poseer", mientras que en la visión propuesta se consume para satisfacer una necesidad. "Yo no necesito una agujereadora, sino el agujero", ejemplifica. La iniciativa implica, en este sentido, que en lugar de vender ciertos productos (los tecnológicos, por caso), las empresas den licencias de uso para garantizarse el recupero de componentes que reutilizarán. La consigna es "que los bienes de hoy sean recursos de mañana". Otros ejes importantes del cambio son: desde la producción, que los bienes sean hechos para durar, y desde el consumo, que se desarrolle la economía colaborativa, que lleva a compartir el uso de bienes y servicios.

A las acciones por una economía circular se han sumado consumidores, emprendedores y algunas grandes multinacionales. Pero es enorme el camino por recorrer para que el cambio sea lo más abarcativo posible, con el horizonte de una humanidad que "copie" a la naturaleza en su estado más puro, donde no hay basura porque todo integra un ecosistema que se reconstituye, siempre en forma circular.

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