La misión de saldar la mayor deuda del Estado con nuestros mayores

Emilio Basavilbaso
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21 de julio de 2019  

Durante más de una década le quisieron hacer creer a los jubilados que debían resignarse. Que nunca iban a ser escuchados, porque nadie se hacía cargo de pagar la deuda que el Estado argentino tenía con ellos. Que haber trabajado toda la vida no hacía la diferencia. Que la burocracia del sistema era tal que estaban condenados a esperar una respuesta eternamente.

Convivir con esa situación hizo que muchos vieran la vida con desesperanza. Lo sé porque ellos mismos me lo contaban en cada salida a la calle que hicimos. Creían que el cambio no iba a llegar nunca. Contaban historias de otros jubilados que habían fallecido -lamentablemente, durante la gestión pasada murieron 70.000 sin descendencia- sin cobrar lo que les correspondía. Habían aceptado que la dilación judicial se convirtiera en una realidad y, simplemente, dejaron de esperar.

Pero, ¿qué pasa cuando de golpe llega algo que creíamos que no iba a pasar? No solo nos alegramos sino que nos pasa algo más profundo: comprobamos que alguien piensa en nosotros y de a poco volvemos a confiar. Algo de esto deben haber sentido los jubilados y sus familiares cuando desde la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) anunciamos el plan de reparación histórica de los haberes. Lo hicimos para saldar esa deuda y eliminar de raíz un problema heredado que habían generado los gobiernos anteriores.

Estamos hablando de una estafa enorme, de la que nos hicimos cargo sin haber sido los responsables. Desde el comienzo, fue una de las grandes preocupaciones del presidente Mauricio Macri. Y lo primero que nos pidió fue que nos ocupáramos. Así lo hicimos. Gracias a esto, hoy más de un millón de jubilados está cobrando lo que le corresponde por toda una vida de trabajo.

¿Cómo lo implementamos? Les hicimos una propuesta de aceptación voluntaria a aquellos que detectamos que estaban cobrando menos de los que se merecían, priorizando siempre a los más adultos. La mayoría decidió aceptarla y, aquellos que no, pudieron seguir adelante con sus juicios si así lo deseaban.

Si miramos los números con más detalle, los jubilados están recibiendo, en promedio, $6700 por mes más que antes (+38%) a partir de la aplicación de la reparación histórica. Los mayores de 80 años, por su parte, reciben $8800 más (+64%) y también, como consecuencia de esta política, más de 500.000 jubilados dejaron de cobrar la jubilación mínima para pasar a percibir más.

Además, evitamos el inicio de 800.000 nuevos juicios contra el Estado y, así ,logramos que durante 2018 se redujera en más de 30% el número de reclamos administrativos, convirtiéndose en el año con menor cantidad de reclamos desde 2010. En total, desde el inicio del programa, las demandas nuevas se redujeron en un 45%.

¿Qué significa esto? Que nos propusimos avanzar de verdad y para siempre, como nunca antes se había hecho. Y pudimos dejar atrás años de dilación, una práctica que se había convertido en una política de Estado frecuente, ya que las administraciones anteriores estiraban los juicios en forma indefinida para no pagar nunca.

Por todo ello decimos que la reparación histórica marcó un antes y un después en la historia de la Anses. Porque, por primera vez, en nuestro organismo empezamos a poner la política al servicio de los jubilados. A defender sus derechos en vez de estar en contra de sus intereses, como ocurría antes.

Los adultos mayores saben que este equipo eligió darle una respuesta a un reclamo histórico que los gobiernos anteriores prefirieron esconder bajo la alfombra, y cuentan con una gestión que los cuida y los acompaña en cada paso. Que somos un Estado presente que supo escuchar lo que hacía años, demasiados, nos estaban pidiendo.

Director ejecutivo de la Anses

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