La mitad del reino por saber qué harán Scioli y Moyano

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6 de marzo de 2011  

Una confesión de Hugo Moyano vale más que mil campañas. Hace dos semanas, durante la reunión del consejo del PJ bonaerense desarrollada en el camping de su gremio en Sierra de los Padres, el camionero les pidió a varios intendentes del conurbano disculpas por no haberlos respaldado en la queja contra las listas colectoras. Los barones habían ido precisamente a plantearle esa inquietud. Son los mismos que han empezado a reunirse en secreto, a veces después de aplaudir con entusiasmo en actos de la Casa Rosada, con el dirigente Luis Barrionuevo. O que aguardan con cierta urgencia la emancipación del gobernador Daniel Scioli del kirchnerismo. "Si Daniel rompe, se lleva a 30 intendentes, pero ¿lo va a hacer?", reflexionó un operador que se ilusiona con un trascendido partidario difícil de comprobar: el ex motonauta resolvería qué hacer dentro un mes.

La posibilidad de los alejamientos de Scioli –una idea que comparten la familia y la mujer del gobernador– y de Moyano se ha erigido como la gran inquietud empresarial de estos días, ya definida la nueva conducción de la Unión Industrial Argentina (UIA). No sólo por el consecuente desboque que significaría en los reclamos salariales, sino también porque esas decisiones delimitarán el campo de batalla en la interna del Gobierno entre el PJ clásico y la militancia autodenominada progresista. En la CGT temen que la concatenación de detenciones que empezó con Gerónimo Venegas y José Pedraza se extienda en estos días a otros dirigentes.

Scioli viene de lograr cierta armonía con la Casa Rosada tras los encuentros que compartió con la Presidenta en La Plata y en Miramar. En la inauguración del estadio único tuvo que hacer algún esfuerzo adicional: como 40 minutos antes no estaba confirmada aún la presencia de Cristina Kirchner, el gobernador volvió a obedecer y descolgó del área de influencia los carteles que proponían su candidatura presidencial. Sólo quedaron los colores, sin leyendas: el anaranjado, de su propia campaña, y el verde, del ex intendente Pablo Bruera.

¿Usted cree que la Argentina podría despegar definitivamente con Scioli como presidente?, le preguntó La Nacion, hace tres semanas, a un dirigente que acaba de ascender en la conducción de la UIA. "No sé, pero, ojo, no sería poco: significaría la desaparición del kirchnerismo", contestó. Esa especie de bloqueo afectivo ante todo lo relacionado con la actual administración es lo que intentará atenuar, no sin esfuerzo, José Ignacio de Mendiguren como nuevo líder fabril. Tiene, por empezar, una inmejorable relación con Julio De Vido.

La impaciencia electoral ante un escenario carente de horizontes potables no kirchneristas se percibió semanas atrás, durante una comida privada que volverá a desencadenar fervor entre los comunicadores y medios solventados con fondos públicos, más propensos a ocuparse del periodismo que de cuestiones como la corrupción, la inseguridad o el alza de precios. Aquella noche, Héctor Magnetto, CEO del grupo Clarín y vicepresidente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), le recordó a Eduardo Duhalde que su ilusión presidencial no levantaba en las encuestas. El dirigente de Lomas de Zamora contestó que faltaba tiempo todavía, y que probablemente necesitaría un mes y medio más para consolidarse. Ya uno de sus ex aliados, el propio Moyano, ha cuestionado en la intimidad la falta de figuras nuevas en los equipos de campaña duhaldistas. "Son todos menemistas", coincidió otro dirigente gremial.

¿Qué hará a su vez Moyano? Ningún empresario duda de la ductilidad del camionero. Siempre abocados a la interpretación de los astros, algunos operadores corporativos vuelven a detectar ambigüedad. Por un lado, el respaldo sindical a la candidatura porteña de Amado Boudou. Por otro, la inminente presentación de Covelia, la empresa de recolección preferida del líder de la CGT, en la licitación por la basura porteña el 29 de este mes. "¿Qué hace Moyano cerca de Macri?", se preguntaba el jueves un ejecutivo. "Tengo los mejores camiones y soy el que mejor entiende el negocio", había dicho al diario Clarín Ricardo Depresbiteris, presidente de Covelia, que se define a sí mismo como admirador de Moyano.

Sería, en todo caso, otro triunfo en la consolidación del proyecto de poder que el sindicalista tiene más allá de la CGT y que empezó, según él ha confiado ante íntimos, en haberse convertido en el único interlocutor sindical de la Casa Rosada. Lo que el propio camionero llama, en una magnífica alegoría de sus labores cotidianas, "el bloqueo". Una táctica que lo llevó, por ejemplo, a enfurecerse tiempo atrás con los Kirchner por una visita de su colega Oscar Lescano a la Casa Rosada. Lescano había hecho la gestión a través de De Vido.

Esa estrategia de poder real para su imperio, que no interrumpiría ni siquiera un alejamiento formal de conducción de la CGT en los próximos años, supone un peligro inmediato para los empresarios: que vuelva a tomar como propio, en estos días, el proyecto del diputado Héctor Recalde que consiste en distribuir utilidades entre los empleados de las empresas. "Va a ser una bandera política, más allá de lo que se pueda concretar", se lamentaron en la UIA.

El temor puede haberse reforzado en la presunción de que ya en el Gobierno, desde donde partió el año pasado la orden de detener temporariamente la embestida, parecen con ganas de volver con el tema. Las fuentes pueden ser varias, pero hay una incontrastable: los medios sostenidos con fondos públicos, que vienen de anticipar con éxito la detención de Venegas y la explicación oficial del conflicto de la valija con Estados Unidos, volvieron a incluir el asunto en el ámbito de sus coberturas. No falla nunca.

folivera@lanacion.com.ar

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