La nueva era del Mercosur que llega tras el populismo

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5 de marzo de 2017  

Macri y Temer se reunieron en Brasil en febrero pasado
Macri y Temer se reunieron en Brasil en febrero pasado Fuente: Archivo

El Mercosur ha comenzado a dar respuesta al desafío de mejorar las exportaciones de sus socios, en un momento en que al desequilibrio del intercambio intrazona y el comercio asimétrico con China, se suma el riesgo que plantean los anuncios realizados por Donad Trump. Es por esa razón que las cumbres presidenciales de la Argentina con Brasil y luego con Chile, y la convocatoria a una reunión de cancilleres del Mercosur y la Alianza para el Pacífico, adquieren una inusual importancia.

  • El 7 de febrero los presidentes de Brasil y la Argentina, Michel Temer y Mauricio Macri , se comprometieron en Brasilia a "derribar las remanentes barreras comerciales entre ambos países" y avanzaron en acuerdos para potenciar al Mercosur. Y coincidieron en la necesidad de ampliar los vínculos del Mercosur a otros países, como México. Pocos días después, Macri y la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, anunciaron la convocatoria a una sesión de debate de los cancilleres de los dos grandes bloques regionales el Mercosur, y la Alianza del Pacífico, que podría interpretarse como el fin de la etapa populista del Mercosur. El canciller chileno Heraldo Muñoz dijo entonces que "ambos países no están de acuerdo con las señales de proteccionismo que vienen de distintos lugares. Lo que se ha acordado es oponer al proteccionismo la apertura más integración."

La cumbre de cancilleres será en abril en Buenos Aires, y según trascendió de funcionarios de la cancillería argentina, no se tratará de "un frente contra Estados Unidos con estilo bolivariano", sino que tendrá por objeto empezar a generar un debate sobre las posturas a tomar sobre la política de Trump en América latina.

  • La preocupación de la Argentina y de Brasil por dar nuevo impulso al Mercosur y negociar con la Alianza del Pacífico no es producto de un súbito deseo de los mandatarios de turno sino de la necesidad de mejorar la inserción internacional de la región frente la caída de las exportaciones de América latina y el Caribe a partir de 2014, que se profundizó en 2015 y prosiguió en 2016, según consigna el informe sobre Estimaciones Comerciales América Latina del BID.

Además de ratificar la confianza de los socios y fomentar el alicaído intercambio intrazona, el Mercosur podría ser instrumento adecuado para reposicionar a sus socios, frente a las cambiantes condiciones del comercio mundial. En la agenda externa aparecen negociaciones con la Alianza del Pacífico, el postergado acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, o el inicio de negociaciones con Canadá, Japón, Corea del Sur, o la Asociación de Libre Comercio Europea.

Además de la necesidad de fortalecer la relación estratégica de la Argentina con Brasil, dos grandes hechos permiten inferir que el Mercosur, con las adecuaciones necesarias, podría ser una estrategia comercial y de desarrollo necesaria. El primero es el fracaso del sueño populista en la región, y el segundo es la llegada de Trump, quien anunció cambios en las alianzas comerciales de Estado Unidos, que hacen sospechar su intención de obstruir el multilateralismo de la Oorganización Mundial del Comercio (OMC), a través de supuestos esquemas de compensación bilateral.

  • En marzo de 1991, los gobiernos de la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay firmaron el Tratado de Asunción que daría origen al Mercosur. El tratado, concebido en el marco de las reformas estructurales de los 90, propiciaba una especie de "apertura más apertura". Por esa razón cambió radicalmente la metodología propuesta por Raúl Alfonsín y José Sarney, que consistía en una serie de protocolos mediante los que se preveía liberalizar el comercio por sectores, para establecer un esquema de integración regional basado en dos pilares; la desgravación lineal automática y progresiva y la coordinación de políticas macroeconómicas, no automática y sujeta a la voluntad de los gobiernos.

Bajaron los aranceles intrazona y se incrementó el comercio, pero no se coordinaron las políticas macroeconómicas, con lo cual los flujos de productos y servicios pasaron a depender casi exclusivamente del valor de las monedas, con la destacable salvedad de que, merced al acercamiento político y cultural entre dos socios, en más de una ocasión logaron equilibrar mediante soluciones políticas los desequilibrios comerciales.

Con la llegada del oleaje populista en la región vino la debacle de esa metodología de integracionista liberal que no se cambió, ya que si bien en lo político se habló de grandilocuentes sueños de unidad continental, en términos comerciales y económicos surgieron toda clase de conflictos y el Mercosur se llenó de discursos y escasos resultados. Confundir a una unión aduanera imperfecta con una tribuna de declamación política, fue una enfermedad infantil del populismo.

  • Este período tuvo su peor capítulo en Mendoza el 29 de junio de 2012. Bajo la presidencia "pro tempore" argentina y con la participación de los mandatarios de Brasil, Dilma Rousseff, y de Uruguay, José Mujica, se tomó la decisión de suspender a Paraguay, uno de los firmantes del Tratado de Asunción cuyo presidente Fernando Lugo había sido destituido con intervención del parlamento.

En esos días, la presidente Cristina Kirchner declaró que Venezuela ingresaría como socio pleno en la próxima reunión que celebraría el bloque en Río de Janeiro. La suspensión de Paraguay tuvo por objetivo el ingreso de Venezuela, ya que el parlamento del estado sancionado no ratificaba el ingreso de Venezuela, país que había adherido al bloque en 2006 y que se incorporó como miembro de pleno derecho en 2012, bajo la condición de incorporar la normativas del Mercosur en cuatro años. Ante la falta de cumplimiento del nuevo socio, los mandatarios de entonces no le exigieron nada. Esa anómala situación pareció disimularse entre iguales, pero cuando llegó el cambio de ciclo, no pudo sostenerse. Así, vencido el plazo para la incorporación de la normativa Mercosur, Venezuela fue suspendida el 1º de diciembre de 2016.

  • La Argentina y sus socios deberían estimular el resurgimiento de un Mercosur más integrado, abierto a negociar con otros bloques, y que tenga en cuenta los movimientos globales. Es clave que los países definan previamente los sectores en los que pretenden dinamizar su desarrollo.

El gran viraje del Mercosur parecería tener varias prioridades. La primera es la corrección de las malas políticas que se venían aplicando; la segunda es la rápida necesidad de mejorar y en lo posible equilibrar el comercio intrazona; la tercera es la necesidad de negociar nuevos acuerdos comerciales, y la cuarta es prever las consecuencias del intercambio comercial asimétrico con China. En este último caso y aunque resulte paradójico, los intereses del Mercosur podrían coincidir con los de EE.UU.

Una investigación elaborada por el sector de comercio e integración del BID en 2010 advirtió, en un momento en que la economía mundial crece más lentamente, que la mayoría de los países de América latina y del Caribe eran deficitarios en términos bilaterales con China. Sin decirlo, el informe advertía que esa relación acarreaba el riesgo de la "primarizacion" de las economías americanas que no podían competir con los productos industriales Chinos.

Por su parte, mientras el "Brexit", se presenta como un nubarrón respecto del ideal de construir una "unión económica" regional, el "América First" aún no permite sacar conclusiones definitivas a la región sobre el futuro: ¿triunfará el multilateralismo cómo es posible imaginar?, ¿o se volverá al comercio compensado, con las consecuencias que el llamado "bilateralismo" ha demostrado en el pasado?

Es cierto que Trump acusó a China de "manipulación de su divisa, de violar las reglas comerciales globales, y amenazó con establecer un arancel de 45% para sus exportaciones". Es verdad que "Trump tiene el poder de provocar un caos comercial", según expresó un artículo de The Economist, pero un arancel de la magnitud declarada afectaría la cadena de producción norteamericana y perjudicaría a sus consumidores, además de chocar con normas de la OMC. The Economist sugiere que en vez de hacer estallar el sistema comercial mundial Trump podría enfrentar a China en el marco de la OMC y señala que el nuevo secretario de Comercio declaró haber aprendido algo de la ley que elevó miles de aranceles en 1930. Sin embargo según The Economist, la OMC no cuenta con normas claras para resolver algunas cuestiones.

Los países del Mercosur tienen la difícil tarea de trabajar en revisar el arancel externo común (AEC), introducir mecanismos de promoción de la integración productiva regional, destrabar la agenda externa, impulsar acuerdos sectoriales y extender el estatuto de empresas binacionales. Al mismo tiempo, deben centrar la mira en buscar financiación para mejorar sus infraestructuras y su competitividad bajo el objetivo estratégico de maximizar ganancias y diversificar sus exportaciones, en un escenario político y social complejo y un mundo aún incierto. No puede predecirse qué va a suceder, pero en un mundo global cuando uno de los grandes actores cambia, todos deben cambiar.

Especialista en Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de La Plata y ex director del Cebras

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