La realidad demostrará que la convertibilidad dijo sólo "hasta pronto"

Restablecer el peso es contrario a la elección de la gente
Restablecer el peso es contrario a la elección de la gente
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27 de enero de 2002  

La convertibilidad es más que un régimen de tipo de cambio fijo que estableció el precio del dólar uno a uno con el peso local. Es en esencia un régimen monetario más que cambiario. Es un régimen por el cual el gestor de política económica está limitado en su función de emitir dinero. La emisión de dinero en un régimen de convertibilidad se realiza sólo contra la entrada de dólares a las reservas del Banco Central. Si nadie ingresa dólares, no se emite un solo peso. A su vez, si salen dólares por envío de remesas al exterior, pago de importaciones o de deuda externa, se contrae la base monetaria, pues el Central vende los dólares a cambio de moneda local.

Con convertibilidad no hay política monetaria posible. La política monetaria responde pasivamente a los ingresos de capitales en dólares. Esto constituye una limitación o también llamado un "cepo monetario". La convertibilidad tiene como corolario más importante la limitación al Banco Central en su función de fuente de financiamiento del gobierno, ya sea en términos de financiar el déficit con emisión como en cuanto a financiar los pagos de la deuda con los dólares de las reservas.

¿Cómo se llegó a la convertibilidad? La convertibilidad es hija del desborde monetario, que a su vez es hijo del déficit fiscal. La convertibilidad es un instrumento que intenta limitar la emisión de dinero para financiar el déficit fiscal. No es función de la convertibilidad limitar el déficit, eso depende de decisiones de política presupuestaria. No es función de la convertibilidad asegurar el crecimiento económico, ni distribuir justamente la riqueza.

Un instrumento efectivo

En economía es necesario juzgar y utilizar cada instrumento en su función específica. La convertibilidad debe ser juzgada de acuerdo con su función específica. Un cirujano no tira el bisturí cuando el tensiómetro no funciona.

La convertibilidad monetaria cumplió perfectamente el rol para el cual fue utilizada. El Central, durante once años, no financió con emisión monetaria el déficit fiscal. La emisión espuria que hubo fue producto de artilugios contables que violaron el espíritu de la convertibilidad, particularmente a partir de la salida de Pedro Pou del Central.

La aplicación correcta del mecanismo de la convertibilidad hubiera impedido la salida de reservas que se produjo a partir de la segunda mitad del año 2001 y que llevó a la devaluación del tipo de cambio. Y el hecho de que el Gobierno financiara sus insolubles déficit mediante endeudamiento y suba de impuestos, que motivaron la depresión de la actividad económica, no es un defecto de la convertibilidad como sistema. La convertibilidad no formula el presupuesto, no decide sobre gastos y no es responsable de los dislates de los políticos.

La historia monetaria argentina de los últimos treinta años hace que la convertibilidad sea un mecanismo necesario, casi imprescindible. El gobierno argentino, cualquiera que sea el partido y las personas, debe tener sus manos limitadas para emitir dinero. La destrucción de cuatro signos monetarios en tres décadas es la demostración de la incapacidad de los políticos de manejar los asuntos monetarios.

Esta conclusión no es sólo una recomendación académica o de política pública. Es la conclusión a que ha llegado la población argentina, que prefiere, en sus actos, la utilización del dólar como unidad de cuenta, reserva de valor y como medio de cambio.

En la Argentina la moneda es el dólar. La moneda local, en convertibilidad, es un simple recibo de la moneda verdadera. La crisis actual no deriva de un defecto propio del mecanismo de convertibilidad. Con el actual nivel de gasto público, aun con los recortes anunciados para el presupuesto 2002, no sólo la convertibilidad es inconsistente y débil sino cualquier otro sistema cambiario resulta explosivo e inestable. En tal caso, la pregunta debe ser si el nivel del gasto público es compatible con la productividad del sector privado argentino, lo cual a la luz de las sucesivas crisis de financiamiento resulta claro que no lo es.

El intento de restablecer el peso como moneda es contrario a la elección individual y diaria de millones de personas. La verdadera intención de la pesificación es volver a utilizar la emisión de dinero como fuente de financiamiento del Gobierno, función que se había limitado a partir de la convertibilidad.

Un fracaso inexorable

La pesificación fracasará inexorablemente, pues parte del supuesto de que es el Gobierno el que elige la moneda. En realidad, siempre y en todo lugar, es el público el que elige cuál signo monetario cumple mejor las funciones de medio de cambio, reserva de valor y unidad de cuenta. La hiperinflación representó la muerte del dinero local. Quizás el gran defecto de la convertibilidad haya sido evitar la sepultura de la moneda local. Prorrogó la vida del peso, como mero certificado de depósito de las reservas en dólares.

Los intentos matemáticos de ajustar valores conforme a un complejo índice no es otra cosa que aplicar cosmética transitoria a un hecho inocultable: el perjuicio económico por el cobro del impuesto inflacionario. La gente huye de toda moneda que emitan las instituciones débiles manejadas por políticos no confiables. Los apelativos a "emisión responsable", "manejo transparente del dinero", "devaluación controlada" no son propias de autoridades monetarias serias. La seriedad no se anuncia en un discurso en la Asamblea Legislativa ni se pregona en efímeros decretos y leyes. La seriedad y confianza es un activo que se logra a partir de siglos de correcto manejo de la moneda.

La salida de la convertibilidad no es sólo una cuestión monetaria o cambiaria para ilusionar a algunos sectores ineficientes. Es básicamente un tema fiscal. Es autorizar al Gobierno a emitir para financiar el gasto y rezar, mientras se buscan chivos expiatorios, para que la emisión no se traslade a los precios y al valor del dólar.

Es imaginable un retorno, a corto plazo, a un nuevo régimen de convertibilidad a una paridad más alta cuando sea nuevamente una demanda social poner límites al descontrol monetario de administraciones que no resuelven sus déficit.

Los autores son investigadores asociados de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

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