La situación económica argentina vista desde los Estados Unidos

Por Clifford Krauss The New York Times
(0)
6 de diciembre de 2001  • 18:06

NUEVA YORK.- Durante sus ocho meses en el cargo, el ministro de Economía de la Argentina, Domingo Cavallo, ha incrementado aranceles, prodigado subvenciones para exportadores, abatido sueldos y pensiones gubernamentales, además de haber reducido algunos impuestos y aumentado otros.

Entonces, el fin de semana pasado, con una sobrecarga en los bancos a toda marcha, asestó un severo golpe a los controles sobre el derecho de los depositarios a retirar cualquier cantidad superior a los 250 dólares por semana, en efectivo, de sus cuentas.

Los resultados de la inusual y heterodoxa mescolanza de programas de Cavallo hasta ahora no han sido de gran calidad. El gobierno actualmente está a punto del colapso económico bajo el peso de sus 132.000 millones de dólares de la deuda externa, al tiempo que el consumo interno, la producción industrial y las recaudaciones ficales están cayendo semana con semana.

"Es cierto, estas políticas aún no han producido la reactivación de la economía", concedió Cavallo con una tenue sonrisa este miércooles, durante una entrevista en un típico desayuno argentino de café negro y medialunas.

Pero, siempre optimista, Cavallo garantizó que el nuevo congelamiento parcial sobre las cuentas bancarias decretado el sábado pasado, con el fin de evitar un colapso en el sistema bancario y una devaluación incontrolable, no se prolongaría más allá de 90 días, tras los cuales los depositarios recuperarían todos sus derechos.

De igual forma, dijo creer que el gobierno sería capaz de levantar los actuales controles sobre el peso argentino que se impusieron a los viajeros argentinos el sábado pasado, los cuales limitan su derecho a no llevar consigo más de 1000 dólares en efectivo al salir del país.

Sin tomar en cuenta los pronóticos de Wall Street y virtualmente cada economista argentino fuera del gobierno, Cavallo pronosticó optimistamente que todo el panorama económico cambiaría en los próximos tres meses.

Argentina renegociará 100.000 millones de dólares en deudas para ahorrar 5000 millones de dólares en pagos de intereses el año entrante, explicó, y esa exitosa reestructuración a la deuda del país impulsará la confianza entre los inversionistas y los depositantes en bancos. Las elevadas tasas de intereses en la Argentina se desplomarán repentinamente, prometió, y todo ello sin una devaluación.

Cavallo insinuó con fuerza que una "dolarización" de la economía ya estaba bien avanzada, siguiendo un camino que adoptó previamente Ecuador, El Salvador y Guatemala. Dijo que el publo argentino evitaría una devaluación por sí solo al optar por llevar consigo -y gastar- dólares en lugar de pesos.

Los dólares norteamericanos ya con comunes en la economía de la Argentina. La mayoría de los grandes préstamos ya está denominados en dólares, no en pesos, y los depositantes han tenido, por años, el derecho de tener sus propias cuentas bancarias en dólares.

Muchos comerciantes en áres urbanas también aceptan dólares, pero, virtualmente todos los argentinos, siguen llevando pesos en las calles, y los billetes de la divisa estadounidense aún no son comunes en áreas rurales.

"Si los argentinos se deciden, virtualmente se dará un uso de dólares al 100 por ciento", agregó.

Cavallo le dio un fuerte impulso a la "dolarización" durante el fin de semana al decretar que, en los próximos 90 días, los bancos solamente pueden prestar en dólares, además de obligarlos a reducir las tasas de intereses pagadas sobre cuentas bancarias en pesos, para así alentar a los despositantes a convertir sus ahorros a dólares.

"Cuando logremos superar la crisis financiera", pronosticó Cavallo, "se disolverá la percepción en los mercados de que no podemos cumplir con nuestras obligaciones y que caeremos en el incumplimiento. Y entonces, serán capaces de ver una reactivación económica".

Sin embargo, muchos otros economistas tienen una opinión diferente. Diversas dependencias sobre el índice de la deuda ya han declarado a la Argentina en incumplimiento técnico, puesto que ha sido obligada a pagar tasas de intereses menores sobre sus bonos respecto de lo que había acordado. Muchos economistas y políticos han advertido que las nuevas políticas de Cavallo no hicieron más que aplicar una venda, que meramente desaceleraría el sangrado y demoraría el inevitable incumplimiento en los pagos.

"El equipo económico", según un informe publicado por el Commerzbank esta semana", ha llegado a dañar incluso más la conifanza en el sistema bancario, sin lograr ningún cambio significativo en la solvencia o liquidez del mismo".

No obstante, los defensores de Cavallo afirman que él no es alguien que debe ser subestimado. Durante su primer periodo como ministro de Economía, bajo el presidente anterior, Carlos Saúl Ménem, enfrentó una tasa inflacionaria que estaba saliendo de control a toda velocidad por varios miles de puntos porcentuales al año. Los negocios y los consumidores no podían planear siquiera con dos o tres días de anticipación, ya que era imposible predecir los precios.

Cavallo ligó la paridad del peso argentino al dólar estadounidense, en 1991, y la tasa inflacionaria se redujo a cifras de un solo dígito en cuestión de meses.

Con la inflación controlada, la Argentina ingresó a un periodo de crecimiento sostenido y Cavallo, hijo de un inmigrante italiano que fabricaba escobas, era considerado aquí y en el extranjero como un ser milagroso en la esfera económica.

Empero, la sujeción de la divisa le dio al gobierno argentino una falsa seguridad y su gasto se multiplicó hasta salir de control, dando origen a la actual crisis de la deuda. Cuando Brasil, el principal socio comercial del país, devaluó su divisa en 1999, los productos argentinos ya no podían competir, puesto que la divisa de este país estaba ligada al fuerte dólar.

El Presidente argentino, Fernando de la Rúa, recurrió a Cavallo hace ocho meses, luego de que dos ministros previos cayeran. Le ha conferido a Cavallo facultades sin paralelo, de modo que lo convirtió, discutiblemente, en una figura más poderosa que el Presidente mismo.

Más información: The New York Times

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.