
La torre Malzoni, símbolo del auge brasileño
El edificio de oficinas en São Paulo es la joya que corona una década de inversión inmobiliaria en el país; ¿un estacionamiento para helicópteros?
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Un candidato a símbolo oficial del auge de inversión del que disfruta Brasil desde hace una década podría ser el edificio casi terminado de oficinas Malzoni, una imponente estructura en forma de mesa en la elegante Avenida Faria Lima, en la zona sur de la ciudad.
El edificio de 73.000 metros cuadrados, construido en el último lote de Faria Lima aprobado para una torre de oficinas, es el colofón de una década en la que el índice de la bolsa iBovespa se quintuplicó y São Paulo se posicionó como uno de los centros financieros globales mas destacados. Algunas de sus plantas son más grandes que casi todos los edificios de América Latina. Cuando fue vendido en 2008, el terreno figuraba entre los más caros de la historia de la ciudad.
Además, el edificio revestido de espejos negros ya está totalmente alquilado a precios récord de hasta US$109 por metro cua-drado. Eso lo pone a la par de los precios que se pagan por los espacios comerciales más cotizados en el centro de Nueva York.
"Estábamos locos"
"Todo el mundo nos decía que estábamos locos cuando lo compramos, sin embargo su valor sigue subiendo", dice Paulo Malzoni Filho, un ejecutivo de Grupo Malzoni, compañía de propiedad familiar del sector inmobiliario y promotora de centros comerciales, que es la socia mayoritaria del edificio.
El éxito del edificio Malzoni es un indicador de que las edificaciones de calidad en el mercado inmobiliario comercial de São Paulo siguen atrayendo interés a pesar de la desaceleración de la economía brasileña el año pasado. También es una buena señal para las empresas de construcción especializadas en edificios comerciales de la ciudad, que planean entregar cerca de 500.000 metros cuadrados en nuevas construcciones en 2013, según la firma estadounidense de servicios inmobiliarios CBRE Group Inc.
La disposición de los inquilinos para pagar alquileres tan altos ilustra la escasez de espacio de primera calidad para oficinas en un país que está atrayendo una ola de inversión extranjera directa.
Entre los futuros ocupantes de la torre Malzoni está el banco de inversión brasileño, BTG Pactual, que compró cinco pisos. Otros inquilinos incluirán al Banco de China, un estandarte del nuevo estatus de China como el mayor socio comercial de Brasil, y a Google, una de las grandes compañías estadounidenses que buscan participar del crecimiento económico del país.
El edificio Malzoni ofrece algunos lujos, como un estacionamiento con servicio de valet, que esperan en una elegante área de recepción revestida de mármol blanco y negro, digna de un hotel. Fasano, uno de los restaurantes brasileños más conocidos, abrirá un nuevo local en uno de los jardines del edificio. Los clientes podrán hacer negocios en salas reservadas o cenar al aire libre al borde de la piscina.
En una ciudad con una de las flotas de helicópteros más grandes del mundo, cualquier edificio que se precie tiene un buen helipuerto. Pero el edificio Malzoni va mas allá, y pretende, si consigue los permisos necesarios, ofrecer un parqueadero para helicópteros en la azotea, el primero en São Paulo.
Oficialmente bautizado como Pátio Victor Malzoni, en honor al fallecido patriarca de la familia, el edificio parece una mesa gigante con dos torres de 19 pisos, unidas por una sección de 11 pisos suspendida en el aire por una base de concreto y metal de seis metros de espesor.
Contraste histórico
La inusual construcción es un reflejo de los estrictos códigos medioambientales y de edificación que pueden atrasar las obras en Brasil y que, como resultado, pueden limitar la oferta de nuevos espacios para oficinas. El estudio de arquitectos Botti Rubin, de São Paulo, diseñó el edificio para evitar destruir las ruinas de una casa colonial del siglo XVIII, que las autoridades consideran un patrimonio histórico. La Casa Bandeirista fue reconstruida como parte del acuerdo. Sus paredes blancas y tejado rojo ofrecen un contraste histórico para la gigantesca estructura construida encima.
El edificio debería quedar terminado en las próximas semanas y entonces pasará a ser acondicionado al gusto de los inquilinos. Eso incluye la instalación de filtros de aire acondicionado especiales resistentes al pelo de perro, para que los empleados de Google puedan llevar sus mascotas al trabajo. Éstos también dispondrán de una pared y un árbol para hacer escalada, con el fin de mantener activa su creatividad. Google declinó hacer comentarios.
Paulo Malzoni, un magnate brasileño del sector de los centros comerciales, le había echado el ojo a ese terreno desde hacía más de 10 años y pensó comprarlo, pero se echó atrás ante el precio que pedían los propietarios: 100 millones de reales (US$54,6 millones). Al final, su empresa acabaría pagando mucho más.
Sede de primera categoría
El terreno se puso nuevamente en venta en 2008, pero esta vez la competencia estaba compuesta por una mezcla de ávidos grupos locales e internacionales ansiosos por llevarse una tajada del auge de Brasil.
Un proyecto conjunto entre la firma de Malzoni y la unidad brasileña de la canadiense Brookfield Asset Management compró el terreno por casi US$137 millones más una promesa de entregar casi un tercio del edificio terminado a los vendedores.
En 2010, el grupo Malzoni compró la participación de Brookfield, pagando un total de US$328,4 millones.
El alza de precios también benefició a los Malzoni, que subieron los alquileres.
"Para nosotros, instalarnos aquí se trata de contar con una sede de vanguardia para el bando de inversión de primera categoría que estamos construyendo", dijo roberto Sallouti, jefe de operaciones de BTG Pactual..




