Las bolsas chinas sienten la falta de figuras tranquilizadoras como Draghi

Lingling Wei
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29 de julio de 2015  

BEIJING—En medio de la turbulencia bursátil, hay algo que buscan los mercados en China: un rostro tranquilizador que les diga a los inversionistas en pánico que todo va a estar bien.

Desde que hace más de un mes el auge de las acciones chinas se convirtió en un colapso, el gobierno ha recurrido a medida tras medida para detener la hemorragia. Sin embargo, a los esfuerzos de rescate les ha faltado hasta ahora una característica que se encuentra en otros mercados: una figura importante capaz de dar el paso al frente y frenar el pánico.

"No hay en China un Alan Greenspan o un Mario Draghi", dice Peng Junming, un ex funcionario del banco central chino y ahora director de inversiones de Empire Capital Management LLP, una firma de Beijing, en referencia al ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos y el presidente del Banco Central Europeo, ambos conocidos por sus afirmaciones pú-blicas en tiempos de crisis.

¿La razón de tal carencia? Los altos funcionarios chinos, designados por la cúpula del Partido Comunista, a menudo tienen "miedo de decir algo que pueda disgustar o eclipsar a sus jefes", explica Peng. "Esto tiene que ver con la burocracia china de larga data".

No obstante, la desconexión entre el Banco Popular de China (BPC) y los bancos centrales del mundo desarrollado es aún más amplia. Al percibir que los mensajes que envían a los mercados sobre las políticas de tasas de interés pueden ser tan poderosos como sus medidas reales en la conformación de las expectativas de los inversionistas, la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra y otros se han enfocado en los últimos años en la adecuación de sus señales.

Durante la crisis financiera, por ejemplo, la Fed dio garantías de que las bajas de tasas de interés continuarían para convencer a los inversionistas de que no habría cambios hasta que la economía estuviera de nuevo en pie. Funcionarios de la Fed mantuvieron largos debates e investigadores elaboraron documentos detallados centrados en cómo sus palabras y la orientación al público tenían la capacidad de moldear los mercados y la economía.

El BPC, en cambio, ha tenido problemas para definir su mensaje durante el episodio actual. La ausencia de un rostro público identificable y tranquilizador ha sido sentida por los inversionistas desde mediados de junio, cuando las ventas en un entorno de pánico causaron dos rondas de caídas severas del mercado a pesar de una serie de medidas sin precedentes que adoptó Beijing para detener el derrumbe.

"El gobierno de China está aprendiendo que, en momentos de grave tensión en los mercados financieros, la falta de un banco central independiente y creíble, con una poderosa figura de autoridad al mando, puede obstaculizar gravemente los esfuerzos para contener el pánico de los inversionistas y gestionar la volatilidad del mercado", afirma Eswar Prasad, profesor de la Universidad de Cornell y ex jefe del Fondo Monetario Internacional para China.

En EE.UU., tanto Greenspan como su sucesor, Ben Bernanke, se convirtieron en las caras públicas de los esfuerzos para tranquilizar a los mercados en tiempos de bajones profundos. En Europa, Draghi se comprometió en 2012 a hacer "lo que sea necesario" para salvar el euro y más tarde anunció un plan del BCE de compra de bonos de los países altamente endeudados de la zona euro.

El sistema chino deja menos claro quién debe dar un paso al frente. El banco central y la principal agencia reguladora del mercado de valores, que están liderando los esfuerzos de intervención, no son independientes. Los dos organismos reportan al Consejo de Estado, el gabinete de China. Los líderes de más alto nivel también han evitado hablar en público.

Un funcionario de prensa del Consejo de Estado derivó preguntas a "los organismos reguladores pertinentes". Los funcionarios de prensa del BPC y de la Comisión Reguladora de Valores de China no respondieron a solicitudes de comentarios.

Los responsables de las políticas en China pueden quedar expuestos a más presiones para comunicarse con inversionistas cada vez más exigentes, tanto en casa como en el extranjero, a medida que los mercados chinos se vuelven más sofisticados y su influencia se extiende por todo el mundo.

Analistas dicen que la caída de 8,5% que sufrió la Bolsa de Shanghai el lunes fue en parte provocada por la vacilante fe de los inversionistas en el compromiso de Beijing de apuntalar el mercado.

La ola de ventas, la peor en China en más de ocho años, llevó al principal regulador bursátil a emitir en la noche del lunes una declaración diciendo que una empresa propiedad de la entidad aumentaría la compra de acciones en un intento por "estabilizar el mercado y la confianza de los inversionistas". El martes, el regulador señaló que formó un grupo para investigar la caída, pero sin brindar mayores detalles.

En medio de la confusión, Xiao Gang, el presidente de la Comisión Reguladora de Valores, no ha hecho declaraciones públicas para calmar a los inversionistas.

Algunos inversionistas también perciben una falta general de experiencia entre los altos funcionarios chinos en el manejo de asuntos financieros complicados. "El camino para convertirse en un funcionario financiero sénior ha pasado por los bancos, no por los mercados de capitales", dice David Loevinger, director gerente de la gestora de fondos TCW en Los Ángeles y ex funcionario del Tesoro de EE.UU. especializado en China. "Si bien hay un montón de chinos con talento y con experiencia en mercados en el extranjero, es difícil para ellos regresar y ocupar posiciones regulatorias de alto nivel".

Zhou Xiaochuan, gobernador del BPC, trató de convencer al mercado a principios de este año de que era una potencial fuente de financiación para las endeudadas empresas estatales. No obstante, ha permanecido en silencio desde que el mercado se dio vuelta.

Una de las razones de esa ausencia, según funcionarios cercanos al banco central, es que Zhou se opuso a una intervención demasiado enérgica del gobierno para tratar de controlar el mercado, ya que dañaría la credibilidad de China y su esfuerzo por integrar los mercados financieros del país en el sistema financiero global.

—Tommy Stubbington y Jon Hilsenrath contribuyeron a este artículo.

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