Las firmas españolas creen que ya pasó lo peor de la crisis

Los directivos lamentan las pérdidas, pero planean quedarse; dudas en los bancos
Alfredo Sainz
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25 de junio de 2002  

MADRID.- Para la mayoría de las grandes empresas españolas lo peor de la crisis argentina ya pasó. A pesar de que el gobierno de Duhalde y el corralito financiero siguen ocupando lugares destacados en los diarios, los empresarios hispanos -con la nada desdeñable excepción de los banqueros- coinciden en que el impacto que tienen y tendrán las pérdidas provocadas por la Argentina en sus negocios ya fue descontado y ahora todas las miradas están puestas en Lula y Brasil.

Sin embargo, su análisis no significa que las empresas españolas vean como algo próximo una recuperación económica del país. Nadie se atreve a pensar que en el corto plazo la Argentina podrá salir adelante y es prácticamente unánime la opinión de que los argentinos se tendrán que resignar a seguir soportando los efectos de la crisis por lo menos dos años.

"Las grandes empresas españolas se instalaron en la Argentina porque confiaban en el futuro del país y si no se fueron es porque siguen confiando. La Argentina hoy es titular de todos los periódicos porque hay ocho millones de españoles que son accionistas de las empresas, por medio de la Bolsa, y saben que sus ahorros están invertidos en parte en ese país. Pero igual, no creo que se viva como un error haber apostado a la Argentina. Era lógico canalizar las inversiones a un país con el que tenemos gran afinidad y no a otros mercados con los que no hay nada en común, como Mongolia", dijo Miguel Angel Cortés, secretario de Estado para Cooperación Internacional e Iberoamérica.

La alta exposición a los mercados financieros -en España prácticamente todas las firmas de un tamaño de mediano para arriba cotizan en la Bolsa- obliga muchas veces a los empresarios a manejarse con un doble discurso para hablar de la crisis argentina.

Por un lado, se encargan de destacar que llegaron al país como parte de una estrategia de largo plazo y, por otro, se dan cuenta de que cada vez que mencionan a la Argentina en sus planes sus acciones son castigadas en la Bolsa. "No estar en la Argentina favorece la imagen que tienen los mercados de una empresa", explica Jesús Marcos, director financiero de la firma eléctrica Unión Fenosa. La empresa, como su rival Iberdrola, tiene un millonario plan de inversión para América latina que excluye a la Argentina.

"En los próximos cinco años vamos a invertir 12.000 millones de euros (algo más de 11.500 millones de dólares) en Brasil y México, y algunos países europeos", dicen en Iberdrola.

Ramón Blanco, vicepresidente corporativo de Repsol YPF, explicó a LA NACION que no figura dentro de sus planes la hipótesis de irse del país y descartó de plano la existencia de alguna negociación para desprenderse de su filial argentina YPF con la petrolera brasileña Petrobras, tal como había informado la prensa paulista. "Estamos dispuestos a seguir aguantando la crisis y estimamos que en este trimestre el impacto será menor a los 140 millones de euros que tuvimos en los primeros tres meses del año", dijo Blanco, que ratificó para este año una inversión de 650 millones de dólares.

También se quedan

Telefónica y la constructora FCC (Fomento de Construcciones y Contratos) comparten la visión un poco más optimista sobre la Argentina, aunque admiten que la crisis les pasó una dura factura a sus negocios. "El país saldrá adelante siempre y cuando el Gobierno adopte las medidas adecuadas y logre cierta seguridad jurídica", dijo José María del Rey, director general de Planificación Estratégica de Telefónica. La firma estudia lanzar nuevos servicios para hacer frente a la caída del poder adquisitivo de sus abonados.

El director de FCC, Plácido Alvarez, sostuvo que "creemos que las últimas medidas en la Argentina darán sus frutos y nos permitirán retomar los proyectos que teníamos para el Plan Federal de Infraestructura".

La posición más dura sobre la crisis argentina es, sin duda, la de los grandes bancos españoles, que llevan invertidos más de US$ 3500 millones. En la última semana tanto el BBVA -dueño del Banco Francés- como el Santander -que controla el Banco Río- se encargaron de dejar en claro que el sistema financiero corre un serio peligro de desaparecer si el gobierno argentino no toma medidas urgentes.

Con algunos matices, las dos entidades reclaman un rápido acuerdo con el FMI. "Es necesaria una señal para parar la fuga de capitales. La ayuda del Fondo es crucial", señaló Miguel Sebastián, director del Servicio de Estudios del BBVA.

A pesar de las críticas, centradas en la pesificación asimétrica, fuentes del grupo español subrayaron que no planean levantar sus operaciones en la Argentina -aunque no descartan un fuerte ajuste en su estructura- y que tampoco presentarán ninguna demanda contra el Estado argentino.

La visión del Santander es más pesimista. En la entidad no se atreven a confirmar cuáles serán sus próximos pasos en el país y por el momento sólo admiten que sus operaciones locales están en stand-by . "El Banco Río es el más líquido del sistema, pero mantenerse en esa posición es muy difícil, si no se pueden recuperar los créditos que se otorgaron y continúa la gran demanda de depósitos. Si el Gobierno no se ocupa del problema de liquidez la situación se va a agravar", advirtieron en el banco español.

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