Lavagna quiere hablar el lenguaje de los hechos y rehúye los anuncios

Dijo que el país sólo crecerá si se recompone el consumo y pidió evitar ideologismos
Javier Blanco
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22 de mayo de 2003  

El ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien mantendrá su cargo bajo la nueva administración, sostuvo ayer que la Argentina "debe permanecer abierta al mundo, rechazando cualquier tentación aislacionista", aunque advirtió que esto sólo será posible si se libra una lucha concreta por la competitividad y productividad de la economía local".

Lavagna disertó en la fiesta aniversario del portal Infobae, perteneciente al diario del mismo nombre, donde rechazó anticipar medidas concretas que podría tomar en breve, "porque no corresponde hacerlo en vísperas de un nuevo gobierno".

Y, aunque evitó prolijamente cualquier anuncio, aprovechó su exposición para fijar los lineamientos centrales de la etapa que viene en su gestión, en la que se propone "relanzar el mercado interno, "porque si no se recupera la Argentina no tiene posibilidades ciertas de encarar un proceso de crecimiento sustentable".

Al definir el esquema central que guiará sus pasos, fundamentó la mayor parte de sus premisas en observar las lecciones que dejó el colapso de la convertibilidad. Fue cuando dijo que la Argentina no es viable si no "evita el endeudamiento permanente, no recrea el ahorro local, no genera las condiciones para la inversión extranjera directa ni vive menos pendiente de los flujos financieros internacionales para ponerse a cubierto de los peligros que supone no identificar los estados de euforia irracional o las burbujas".

Lavagna repitió que no habrá "grandes anuncios", y dijo que su gestión mantendrá la impronta actual. "Hablaremos por los hechos, que es la mejor manera de recobrar la confianza", repitió más de una vez, acudiendo a un remedo de una vieja frase de Perón ("mejor que decir es hacer").

Luego acudió a otras sentencia que forma parte del viejo decálogo peronista. Fue cuando se proclamó "optimista sobre lo que viene" y recordó algunos de los pronósticos agoreros con que se enfrentó al comienzo de su gestión y que quedaron sepultados por la "realidad, que es la única verdad".

Motor y lubricante

Al cabo de su disertación, y de las preguntas que aceptó responder, el ministro dejó otras definiciones de importancia. Criticó a los que señalan la salida exportadora como único camino de recuperación. "Si no recomponemos el consumo no hay salida. Podría decirse que el consumo es el motor y las exportaciones el lubricante", graficó.

Dijo que quiere contar con todos los mecanismos que le permitan acomodar la economía local a los cambios del contexto regional e internacional y sin caer en dogmatismos. En este sentido, reconoció que las retenciones y el impuesto al cheque "no son buenos tributos", pero los consideró necesarios para la coyuntura y dijo no sentirse acomplejado por eso. "Muchos critican las retenciones sólo por ofuscación ideológica".

Además, calificó al dólar actual de razonable, insistió en que no se va a meter "en la reestructuración de las deudas de las empresas con el exterior" y aventuró la posibilidad de impulsar una ley que impida a los jueces de primera instancia entorpecer decisiones de gobierno como "la actualización de tarifas, como existe en España".

Por último dijo que "por el momento" no habrá medidas para frenar el ingreso de capitales especulativos del exterior, aunque sólo porque esa corriente "parece haber mermado".

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