Leve reducción de la deuda pública

Bajó en US$ 852 millones; no fue mayor por el reconocimiento de viejos pasivos
Bajó en US$ 852 millones; no fue mayor por el reconocimiento de viejos pasivos
Jorge Oviedo
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31 de agosto de 2001  

Aun antes de cualquier reestructuración que se derive del nuevo acuerdo con el FMI, las condiciones de los mercados internacionales y la caída del euro frente al dólar lograron que en el primer trimestre el total de la deuda del sector público cayera en 852 millones de dólares.

Aunque la cifra es módica en relación con el total del pasivo del sector público nacional -excluidos los bancos- resultó un motivo para festejar en el Ministerio de Economía porque hace mucho que no puede darse una noticia como ésa.

Al 31 de marzo último -antes del megacanje- la deuda bruta llegaba a un total de 127.401millones de dólares. Si además se hacía el neto, descontando las garantías y activos financieros que la Argentina tiene en su poder o en respaldo de sus pasivos, el endeudamiento caía a 120.376 millones de dólares. Al 31 de diciembre de 2000 el saldo bruto había sido de 128.018 millones de dólares.

La deuda se redujo a pesar de que en los primeros tres meses del año se tomó nueva deuda por 10.053 millones de dólares.

La razón es que parte de esos fondos se utilizó para pagar amortizaciones por un total de US$ 4574 millones. Además, hubo recompras de títulos y cancelaciones anticipadas por US$ 4394 millones.

Adicionalmente, la devaluación del euro y otras monedas respecto del dólar restó de los pasivos del sector nacional un total de 2007 millones de dólares.

Un contrapeso que evitó una reducción mayor es la curiosa colocación de títulos para compromisos vencidos e impagos de períodos anteriores.

Son los bonos que el Estado entrega por deudas, muchas de ellas anteriores a la convertibilidad, que se reconocieron, en general, como resultado de juicios.

Viejas deudas

Lo curioso es que a pesar de tratarse de deudas tan viejas no se cumple la lógica previsión de que la colocación de bonos debida a esa causa tenga una tendencia descendente.

Sólo en el primer trimestre la deuda aumentó por esa vía en US$ 234,7 millones.

Es decir, de no mediar esas entregas de títulos públicos, la deuda total habría caído en más de US$ 1000 millones.

Parte de esos títulos son los dedicados a atender sentencias desfavorables al Estado por temas previsionales.

Por ejemplo, en el primer trimestre se entregaron bonos por poco más de 20 millones en pesos y algo más de 6 millones en dólares.

El resto, corresponde a la clase de títulos que se utiliza para indemnizar a proveedores, contratistas, ex empleados u otras personas físicas o jurídicas que hayan ganado demandas contra el Estado.

Diez años después de lanzada la convertibilidad siguen apareciendo deudas anteriores a ese período a razón de casi US$ 80 millones por mes y nadie en el Estado parece demasiado asombrado por el hecho.

El único funcionario que alguna vez se preguntó, en público inclusive, las causas de la incesante aparición del deudas viejas fue el hoy rector del CEMA, Carlos Rodríguez, cuando era viceministro de Economía durante la gestión de Roque Fernández al frente de la cartera. Pero aparentemente nunca tuvo una respuesta.

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