Lo que dejó arteBA: dime qué compras y te diré quién eres

Alicia de Arteaga
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8 de junio de 2015  

Abogado, cuarenta y pico, cerró la compra de un dibujo de Aizenberg en la galería Jorge Mara el día previo a la inauguración. Tiene lógica absoluta. Es el tipo de comprador que va a lo seguro, no asume riesgos y tiene como foco de su colección aristas consagrados, con preferencia de los concretos, informalistas y Madis. Gente que apuesta por ese momento liminar del arte argentino, cuando la abstracción traza una línea divisoria en la producción nacional, casi al mismo tiempo que crecía el modelo de un país industrializado.

Éste fue uno de los perfiles más activos en la edición 24 de arteBa, que cerró ayer en La Rural con buenas ventas y la confirmación de lo anticipado en esta columna: el gran dinamizador del mercado sigue siendo el programa de compras institucionales, porque los museos son los primeros en adquirir y porque no tienen ningún problema, sino más bien todo lo contrario, en proclamarlo a los cuatro vientos y crear el natural efecto contagio.

Campana de largada, como siempre, hizo sonar Chandon con la compra de una pintura de Valeria Maggi, tucumana de 29 años, que pasó, y se nota, por el taller de Jorge Macchi. Siguieron las compras de programa matching funds, este año activadas por el Banco Ciudad, hecho que convirtió a Juan Curutchet, vicepresidente de la entidad, en el personaje del día.

El Museo de Bellas Artes de Neuquén, dirigido por el yugoslavo-patagónico Oscar Smoljan, sumó para su colección, cedida por el Museo de Bellas Artes en tiempos de Torcuato Di Tella, una obra de Eduardo Stupía. Con su arabescos encriptados, Stupía es el artista fetiche de los tiempos que corren, no sólo por lo que vende, sino también por la influencia que irradia en muchos de los artistas cercanos a su círculo. Por su parte, el Malba compró Xerox, de Hudinilson Jr. , y el Mamba, matching con Banco Supervielle, Ventanas y Mi vestido preferido, de Fernanda Laguna.

Punto de encuentro de coleccionistas fue el cóctel del Citi, por donde circularon varios de los coleccionistas atentos a descubrir el momento en que "lo nuevo" pasa a integrar el olimpo de consagrados. Es el caso de Sebastián Gordín, cuyo libro ya forma parte de una colección exhibida en las alturas y con buena vista. En Barrio Joven, Quimera vendió 22 obras de Nacha Canvas (24 años, Ushuaia), revelación junior, a tiro para quienes dan el primer paso en el mercado.

Otro hit fue la bola de dólares triturados, idea del economista Alberto Etchegaray, adquirida por una coleccionista belga en US$ 30.000. Tiene el mismo destino una plancha de billete sobreimpresa con la Ramona, de Berni, también producción de Etchegaray. Dos datos para anotar: con donación de US$ 25.000 de Citi, el Malba compró una obra de Graciela Gutiérrez Marx, elegida también por la Tate Modern para su colección, según confió Agustín Pérez Rubio, director de Malba.

Para su colección Impulsarte, La Rural adquirió obras de Juan Becú, Gabriel Chaile, Máximo Pedraza, Marcela Sinclair y José Luis Landet, explorando las fronteras entre lo emergente y lo ya legitimado. El MAR, de Mar del Plata, dio un paso en el camino de tener una colección propia con la compra de una obra de Luciana Lamothe, en Orly Benzacar. Y la Asociación del Museo Nacional de Bellas eligió enriquecer la colección de arte argentino del museo con una obra del rosarino Anselmo Piccoli. Misión cumplida.

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