Los avatares de la tercera moneda

Se la utilizaría para mantener la liquidez y preparar la salida del cambio fijo
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23 de diciembre de 2001  

La opción elegida para evitar la parálisis de la la economía argentina, que en parte fue una de las causas de colapso del anterior gobierno, es inyectar circulante. Y a falta de divisas que permitan imprimir moneda convertible se emitirá una cuasi moneda, que no es reconocida por el Estado para ser canjeada por dólares.

Se trata de un esquema parecido al cubano. En la Argentina conviven hoy tres monedas: el dólar, el peso convertible y un conjunto de cuasi monedas formado por los bonos provinciales y los Lecop.

Esas cuasi monedas, o "tercera moneda", no tienen respaldo en dólares o cualquier otra divisa, de modo que constituyen una emisión fiduciaria, es decir que su respaldo es la solvencia del emisor. Y su valor en el mercado dependerá de la confianza en la solvencia de ese emisor, lo que marcará el nivel de la demanda.

El caso cubano

En Cuba los ciudadanos se manejan con el peso cubano, que no es convertible. Se puede cambiarlo por dólares en transacciones privadas, pero será al precio que se fije en ese "mercado".

Los extranjeros deben manejarse en dólares. Para ellos, el peso cubano vale un dólar. Al menos veinte veces más que en el mercado paralelo.

Como faltan los valores de baja denominación, el gobierno cubano emitió una moneda convertible, que cotiza uno a uno con el dólar. El Estado reconoce esa cotización y si al visitante le sobran de esos valores, puede canjearlos a dólares antes de abandonar la isla.

En la Argentina, las terceras monedas no convertibles ya circulan en muchas provincias.

La mayor cantidad emitida corresponde a los Patacón, de la provincia de Buenos Aires.

La emisión, piensan los economistas, debe ser prudente y tener límites precisos que deben cumplirse.

De otro modo, se reiniciaría el ciclo inflacionario destructivo con el que terminó la convertibilidad.

El gobierno anterior quería limitar las emisiones precisamente para tratar de evitar la vuelta de los déficit financiados con emisión.

Errores del pasado

La consecuencia de una excesiva emisión de tercera moneda sería la pérdida de cotización frente al peso.

Hay quienes creen que, tras un tiempo de relativo equilibrio fiscal en la Nación y las provincias, con las tres monedas circulando y la economía creciendo, habría llegado el momento de cambiar los pesos y los bonos por una nueva moneda.

Los pesos se canjearían uno a uno con el dólar y los bonos, con una quita o devaluación. Y la nueva moneda no tendría paridad fija con el dólar.

Habría nacido destinada a flotar.

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