Los desafíos de Repsol tras su último tango con Argentina

Helen Thomas
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15 de mayo de 2014  

Adiós, Buenos Aires. Repsol ha dejado atrás sus problemas en Argentina más rápido de lo que se esperaba.

La energética española vendió otro tramo de los bonos que recibió este mes como indemnización por la expropiación de su participación en la petrolera argentina YPF en 2012. En el plazo de una semana, Repsol convirtió en efectivo más de US$4.800 millones de esos bonos. Con muy poco más por vender, casi ha alcanzado la meta de US$5.000 millones que había dicho que podría tardar dos años en obtener. Si a eso se le suma la venta de este mes de su participación restante en YPF, Repsol ha levantado US$6.100 millones en efectivo, un resultado nada desdeñable para una empresa que tenía US$5.700 millones en deuda neta al final de marzo.

A pesar de terminar el drama de Argentina, Repsol aún tiene mucho que demostrar. A su favor está el hecho que le ha ido bien en exploración. El año pasado descubrió casi tres barriles de equivalente de crudo por cada uno que produjo. Sus proyectos en Brasil, Bolivia y Perú ofrecen perspectivas de crecimiento. Excluyendo a Libia, Repsol espera para este año un crecimiento de 7% en su producción.

El último punto, sin embargo, recalca la incertidumbre que aún rodea a Repsol. Libia, aún en agitación política, solía representar 12% de la producción de la empresa. En tanto, su negocio de refinación y distribución, que ha tenido un des-empeño mejor que la mayoría, podría ser un obstáculo dado el estado alicaído del negocio de refinación en Europa.

Las perspectivas de Repsol son aún más difíciles de evaluar hasta que decida cómo usará sus recientemente fortalecidas arcas. El objetivo es claro: quiere elevar el crecimiento con activos de exploración y producción en lugares menos riesgosos que Libia, como América del Norte y Noruega.

La realidad es más complicada. Repsol indicó la semana pasada que tenía problemas para encontrar blancos atractivos. Eso podría ser un reflejo de la escasez de activos en el mercado más allá de los proyectos en etapas iniciales o campos petroleros maduros. Es más, en una teleconferencia con inversionistas la semana pasada, la empresa señaló que cualquier adquisición debería ofrecer un retorno superior a 8%, su costo de capital. Esa es una marca demasiado baja para evaluar los riesgos de activos individuales.

La presión para invertir es un peligro para cualquier equipo ejecutivo. La gerencia de Repsol debe también demostrar que es tan buena para tomar decisiones de inversión como para apagar incendios. Con un enfoque renovado en el gasto disciplinado en el sector, Repsol tendrá un tiempo limitado para cazar blancos antes de que regrese la presión para retribuir el dinero a los accionistas a través de dividendos o recompras de acciones.

El crecimiento de Repsol le ha generado una valuación más alta, equivalente a unas 13 veces sus ganancias proyectadas frente al promedio de 11 veces de las grandes petroleras de Europa, según Morgan Stanley. Al ponerle fin a su tango con Argentina, Repsol debe ahora definir sus siguientes pasos para justificar esa valuación.

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