Los directivos creen que debería aprovecharse la actual coyuntura para pensar en diseñar una nación productiva y advierten que el país no mejoró su eficiencia

Los empresarios critican los efectos de la prescripción por genéricos; el laboratorio medicinal cumplió sus 70 años
Silvia Stang
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25 de abril de 2004  

En 1934, mientras Carlos Gardel filmaba películas en Nueva York, en la ciudad porteña de su único querer era inaugurado el primer tramo del subterráneo que uniría los barrios de Constitución y Retiro. La Argentina era gobernada por Agustín P. Justo, que, según los historiadores, empezaba a administrar desde un tono más dirigista.

Mientras ello ocurría, Sebastián Bagó (p) fundaba una empresa farmacéutica a la que eligió denominar usando su apellido. Setenta años después, en el país que preside Néstor Kirchner, y mientras el Zorzal criollo sigue vigente, Sebastián (h.) y Juan Carlos Bagó, los hijos de "don Sebastián", ambos presidentes de la Organización Bagó, advierten que recientemente, devaluación mediante, la Argentina corrigió en parte sus costos, pero no mejoró su eficiencia, ni está aprovechando al ciento por ciento la "espectacular" coyuntura internacional para diseñar una estrategia de país orientado a generar riqueza y mejores salarios, a partir de la producción y venta de bienes con valor agregado.

El laboratorio que cumple siete décadas es hoy parte de la Organización Bagó, que ampara a otras cinco empresas, que exporta a 40 naciones y que, en 2003, facturó US$ 382 millones, desde su presencia activa en 18 países latinoamericanos.

Los hermanos Bagó, que tradicionalmente prefirieron un perfil reservado, recibieron a LA NACION y, en un extenso diálogo en el que se mostraron apasionados por su actividad, aconsejaron al Gobierno ponerse a trabajar en un plan estratégico de largo plazo, advirtieron que los salarios "no se pueden manejar por decreto" y criticaron la prescripción de medicamentos por nombre genérico por sus efectos sobre la calidad y porque afecta la posibilidad de derivar recursos a la investigación. Además, quienes tienen la vicepresidencia de la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), admitieron que los directivos deberían esforzarse para lograr un consenso que luego les permita un mejor diálogo con el sector público que, a su vez, "debería mostrarse más abierto".

--¿Cómo evalúan la actual situación política y económica?

Sebastián: -- El año 2003 fue mucho mejor que lo previsto y este año tenemos el deseo de que sea similar, partimos de una base mejor, y la coyuntura internacional es espectacular, con los precios de los commodities en alza y tasas de interés bajas. Eso hace que los capitales se vayan animando a buscar un poco más de riesgo; deberíamos aprovechar esta coyuntura para corregir lo que estamos haciendo mal, y creo que no lo estamos haciendo al ciento por ciento. En conjunto tenemos ineficiencias y costos que en gran parte se corrigieron porque se han bajado los salarios, pero no porque hemos mejorado la eficiencia, y eso no es sostenible para quienes queremos un país con gente con buen poder adquisitivo. Hay que generar confianza.

--¿El Gobierno les genera confianza?

S.-- Es muy difícil hablar, porque hasta ahora ha habido gestos meramente políticos, y hay que empezar a trabajar en serio en un enunciado de en qué queremos que el país se desarrolle. Hay muchos sectores que exportan, pero exportan básicamente commodities sin valor agregado, lo que tenemos que tender es a no vender toneladas de cuota Hilton, sino de bife de chorizo, algo con valor agregado. Eso sería crear riqueza.

--En materia salarial, el Gobierno ha asumido políticas activas con subas por decreto. ¿Qué opinión les merece?

S.-- Cuando hay salarios muy bajos es entendible un decreto, pero los salarios no se pueden manejar por decreto, tienen que surgir del mercado. En un caso real, el empresario tiene que buscar mercados, ver cómo vender productos con mucho valor y con renta, generar empleo calificado y que la gente se vea motivada para capacitarse. No es un buen sistema el decreto, porque no se premia al que hace el esfuerzo.

--A un año y medio de la política de prescripción por nombre genérico de medicamentos, el Ministerio de Salud muestra que se logró una baja de precios y, consecuentemente, más consumo.

J.C.-- Es lógico, pero si alguien va a la planta de Bagó y va a ver a un productor de genéricos se va a dar cuenta de que una cosa no puede valer lo mismo que la otra. Nosotros compramos una máquina en Montpellier por US$ 2,5 millones para controlar la calidad de los comprimidos recubiertos, yo fui a verla y en los comprimidos negativos que tiraba la máquina me tuve que poner los lentes para ver dónde estaba el error, porque por ahí era una pequeña cosita de una capa que no tenía principio activo, y hay que agarrar millones de comprimidos negativos y quemarlos. Pero ¿quién más lo hace? Si el otro no lo hace es mucho más fácil que pueda vender más barato.

--¿Qué pasó con los precios de Bagó?

J.C.-- Nuestros precios han sido los precios justos que nuestra cuenta económica requiere. Desde la política de prescripción tuvimos que bajar muchos precios, pero si hay que bajar el precio de un producto por competencia, tenemos que ir lanzando otros productos que equilibren la cuenta.

S.-- En el tema de genéricos una cuestión es la calidad, pero hay otra: el único con capacidad profesional para decir que hace falta tal medicamento es el médico. Si el señor X fabrica genéricos y lo convence al médico de que su producto es adecuado, no habría mayor problema; pero cuando el paciente va a la farmacia, es muy probable que ahí tengan otros elementos en cuenta que los que tiene el médico. Esta legislación pasó la posibilidad de prescribir del médico al farmacéutico y eso es lo grave.

--Hay estudios que destacan que los medicamentos aumentaron mucho en los 90 y que siempre fueron muy caros en comparación con otros países.

S.-- No es cierto. En marzo de 1991 hubo una suba de precios enorme en todos los productos; en medicamentos para no hacer ese golpe tan fuerte se fijó un período gradual hasta diciembre y después se hizo un ajuste, más leve; ahí fue notorio porque los otros productos ya habían subido; los malintencionados toman el dato desde diciembre de 1991, no desde enero. En el costo comparado con otros países era lo mismo que con otros productos, todo era más caro acá.

-- Ahora aparecieron mecanismos de descuentos, como el Vale Salud...

S.-- Eso es adaptarse a la capacidad adquisitiva de la gente.

-- Pero si el costo lo asume el laboratorio, ¿dar ese descuento del 40% por un vale de $ 2 no equivale admitir que los precios estaban demasiado elevados?

J.C.-- No, porque si viene una persona y no puede comprar porque se hizo pobre, se pierde la venta. Ante la crisis se buscan mecanismos alternativos. Si se cree que la crisis va a pasar y se va a recomponer el salario, con estas políticas se hace un bien y se mantiene la responsabilidad con el paciente, que va a comprar también en el futuro. Y nosotros creemos que la Argentina va a recuperar el crecimiento.

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