Los efectos de las tres "D"

Qué consecuencias tendrían en la economía argentina los posibles escenarios de default, devaluación y dolarización
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9 de diciembre de 2001  

Hace ya varios meses que se viene hablando de que la Argentina va a las tres "D", es decir, default, devaluación, dolarización. ¿Qué implicancias tendría para la economía argentina cada una de estas medidas? ¿Qué le ocurriría a la gente común si la Argentina hace default de su deuda, devalúa y/o dolariza?

Desde el punto de vista técnico, el default se produce cuando un país deja de pagar los intereses y el principal de su deuda.

Si un país entra en default lo primero que ocurre es que el Estado se queda sin financiamiento vía deuda. De hecho, el Estado argentino ya se ha quedado sin financiamiento desde hace algunos meses porque el mercado anticipó su insolvencia fiscal.

El segundo efecto es que también el sector privado se queda sin crédito. Quienes tienen que realizar importaciones en un país en default deben pagarlas en efectivo porque del exterior no estarán dispuestos a otorgar créditos a un importador argentino dado que se corre el riesgo de no cobrar. ¿Por qué? Porque dada la insolvencia fiscal del Estado, el acreedor externo asume que, en cualquier momento, el Estado puede confiscarle los fondos al importador argentino y éste no pagarle el crédito otorgado para importar o bien puede impedirle al importador girar los fondos al exterior para pagar la importación. Un país que entra en default es un país que tiene un Estado insolvente y, como tal, es capaz de violentar los derechos de propiedad para continuar financiando los gastos del sector público. Por eso, ante esta inseguridad jurídica el crédito externo también desaparece para el sector privado.

El fin del crédito

En un país que entra en default también se destruye el crédito interno porque, ante el temor a las confiscaciones, se producen fugas de depósitos que les restan capacidad prestable a los bancos. Ante la ausencia de crédito, las empresas y las familias tienen que realizar la mayor parte de sus transacciones con recursos propios. Los créditos hipotecarios y prendarios desaparecen del mercado y, en consecuencia, las ventas de propiedades y bienes de consumo durable disminuyen notablemente. Así, sin necesidad de recurrir a ejemplos de otros países que cayeron en default recientemente, podemos recordar lo que ocurrió en la Argentina durante casi toda la década del 80, en que el Estado no pagó su deuda pública (la llamada década pérdida). En esos años no existían los créditos hipotecarios ni los créditos prendarios.

La compra de bienes de consumo durables (autos, heladeras, televisores) se financiaba a través de los círculos de ahorro. La gente tenía que pagar cuotas para comprar un auto y una vez por mes se hacía un sorteo para determinar a qué persona del círculo de ahorro le correspondía llevarse el auto, la heladera o el televisor. Otro auto, heladera o televisor se licitaba entre quienes estaban dispuestos a pagar por adelantado la mayor cantidad de cuotas. Es decir, la gente financiaba la producción de heladeras, lavarropas, televisores y autos porque no había crédito para comprarlo en el acto. Los países que caen en default también sufren el efecto de pérdida de riqueza. Por ejemplo, todos los tenedores de bonos (acreedores del Estado) pierden parte de sus ahorros porque el valor de los bonos se desploma. Al perder parte de su riqueza pueden consumir e invertir menos.

Otro de los efectos del default es la fuga de capitales por miedo a las confiscaciones, reduciendo al mínimo el crédito y haciendo muy pesada la cadena de pagos o bien puede llegar a destruirla. Por ejemplo, cuando una empresa cobra un cheque y lo deposita en el banco, el banco lo asigna a la cancelación del crédito del cliente y éste se queda sin capital de trabajo.

Estos efectos del default golpean en la actividad económica, profundizan la recesión con caídas del producto bruto interno que pueden alcanzar el 10 o 15%, aumentan la tasa de desocupación y disminuyen los ingresos de la gente por menor demanda de trabajo.

Al disminuir la actividad económica se desploma la recaudación impositiva y el Estado entra en un mayor grado de insolvencia dado que los recursos tributarios nunca le terminan de alcanzar para financiar sus gastos corrientes (pago de sueldos, jubilaciones, compra de bienes y servicios). Es decir, comienza a atrasarse en sus pagos afectando la capacidad de demanda de la gente.

Devaluación

La D de devaluación tiene resultados ampliamente conocidos por los argentinos. Una devaluación implica cambiar los precios relativos de la economía haciendo caer el salario real y, por lo tanto, el consumo interno. Al mismo tiempo encarece las importaciones porque por cada dólar que se importa hay que entregar más pesos. Por el lado de las exportaciones, el exportador recibe más pesos por cada dólar que exporta. La balanza comercial (exportaciones-importaciones) pasa a ser positiva, pero por efecto de un menor consumo interno que lleva a importar menor cantidad de bienes de consumo, insumos para la producción y bienes de capital y por las mayores exportaciones fruto de los sobrantes de producción que no pueden colocarse en el mercado doméstico dada la caída de la demanda interna.

Pero en el caso particular de la Argentina de hoy, una devaluación implicaría tener que resolver un serio problema que son todos los créditos en dólares que han tomado las familias y las empresas. Los créditos hipotecarios y prendarios serían incobrables para los bancos porque las familias seguirían ganando en pesos, pero tendrían que pagar sus deudas en dólares, con un tipo de cambio más alto. En ese caso las carteras de créditos de los bancos tendrían un alto grado de incobrabilidad, dicho en otras palabras, el activo de los bancos se destruiría. Por supuesto que podrían intentar ejecutar los miles de hipotecas y prendas que tienen en su favor, pero en un país en plena recesión, ¿quién compraría una propiedad? ¿A qué precio pondrían venderse esas propiedades y, por lo tanto, cuanto podrían recuperar de sus créditos los bancos? Al mismo tiempo, lo bancos tendrían que pagarles a sus depositantes los dólares. Tendrían créditos que no podrían cobrar y pasivos (depósitos) en dólares.

Algo similar ocurriría con las empresas que tienen concentradas sus ventas en el mercado interno y créditos en dólares. También tendrían serios problemas para poder cancelar sus pasivos. Una devaluación sin ningún plan económico consistente detrás haría quebrar a casi todo el sector privado, familias, empresas y sistema financiero.

Es cierto que en otros países se devalúa y no existen estos problemas. ¿Por qué? Porque en otros países las empresas y las familias tienen sus deudas en la misma moneda en que generan sus ingresos. Los italianos tienen ingresos en liras y deudas en liras. Los argentinos tienen ingresos en pesos y deudas en dólares. Esta es la gran diferencia y el problema principal que hay que enfrentar con una devaluación en la Argentina.

Dolarización

Dolarizar implica que desaparece el peso y el dólar pasa a ser la moneda en que se hacen todas las transacciones. Algunos meses atrás una dolarización de la economía hubiera permitido reducir la tasa de interés porque al desaparecer el peso se elimina el riesgo de devaluación, que es uno de los componentes de la tasa de interés. Hoy, una dolarización sería insuficiente para bajar las tasas de interés dado el miedo confiscatorio que tiene la gente.

Con la dolarización, el Estado también estaría imposibilitado de hacer políticas monetarias activas, es decir, expandir o contraer la cantidad de moneda del mercado dado que el Banco Central no puede emitir dólares. Al mismo tiempo el Central perdería los intereses que gana por la colocación de las reservas en el exterior. Aunque, con la baja de la tasa de interés internacional y la pérdida de reservas que actualmente tiene el Banco Central, esta pérdida de sería, definitivamente, el problema menor.

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