Los empleados infieles suelen ser nuevos, jóvenes y corruptos

Un sondeo de la consultora KPMG indica que la percepción de que existen más acciones ilícitas se incrementó un 50%
Alfredo Sainz
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18 de mayo de 2003  

A diferencia de las denuncias de fraude en las elecciones que finalmente quedaron en la nada, el fraude y los actos de corrupción dentro de las empresas gozan de muy buena salud. Más de la mitad de las compañías que operan en la Argentina fue víctima de algún tipo de acción fraudulenta en el último año y entre los empresarios locales la sensación de que existe mayor corrupción en el país aumentó un 50% en apenas cuatro años. Estos datos se desprenden de la cuarta edición de la investigación "Corrupción y Fraude en la Argentina", realizada por la consultora KPMG. El estudio procesa las respuestas de más de 120 empresarios (desde presidentes de compañías hasta gerentes financieros y directores de auditoría), de los cuales un 55% cumple funciones en firmas que facturaron más de 50 millones de pesos durante 2001.

Del total de los ejecutivos que respondieron la encuesta, un 55% declaró haber sufrido algún tipo de fraude durante el último año y lo que es igual de preocupante, la sensación de que existe mayor corrupción en la Argentina está en alza. En la primera edición de la investigación, un 60% percibía que los actos de fraude y corrupción en el sector privado eran cada vez mayores y en la última encuesta este porcentaje trepó al 92 por ciento.

El agravamiento de la crisis económica, además, echó por tierra los leves signos de optimismo que habían aparecido en la anterior edición de la investigación, que databa de principios de 2000 cuando la Alianza llegaba al gobierno. En ese momento, menos de un cuarto de los ejecutivos consultados esperaba para los próximos tres años un incremento de los niveles de fraude, pero en la encuesta del último año la cifra llegó al 50 por ciento.

Peligro externo

Los empresarios reconocieron que los fraudes les provocaron a sus compañías pérdidas por casi $ 25 millones. Sin embargo, en la Argentina no existe ningún estudio para cuantificar cuánto se pierde por este tipo de acciones, ya que en muchos casos los propios ejecutivos son reacios a dar a conocer los casos de corrupción de los que fueron víctimas para preservar la imagen de su empresa.

Del total reconocido oficialmente, las empresas de comunicaciones se llevaron la peor parte y acapararon un 29% de las pérdidas, seguidas por las compañías de energía (20% de los fondos) y los bancos y servicios financieros (19 por ciento).

Si el análisis se realiza por tipo de fraude, según KPMG, los que lideran la lista son los actos de corrupción realizados desde fuera de la empresa, que representan tres cuartos de los desfalcos sufridos por las distintas compañías argentinas. Los fraudes externos más comunes son los efectuados con documentación falsa, seguidos por los realizados con tarjetas de crédito.

Los actos de corrupción perpetrados por la gerencia -a nivel internacional representan un fenómeno en alza, después del escándalo de Enron en los Estados Unidos- localmente sólo significan un 15% de los fraudes y la modalidad más típica es a través del uso de cheques falsos (28% del total) y las sobrecuentas de gastos (20 por ciento).

Por último, el fraude de los empleados representa sólo un 10%de los actos ilegales de los que son víctimas las empresas. El mal uso de información privilegida encabeza la encuesta, con un 41%, seguido por los sobornos y retornos (25%) y los fraudes de caja (18 por ciento).

La crisis económica y social lidera la lista de razones que, según los empresarios, explica el incremento de los actos de fraude, aunque los ejecutivos ubican en segundo lugar otra causa menos coyuntural, como es el debilitamiento de los valores éticos de la sociedad.

Mejor prevenir

Entre los fraudes cometidos por los empleados, una modalidad que está en alza es la distorsión en los datos que conforman los currículum vitae. "Este tipo de mentira creció en forma exponencial con la desocupación y cada vez es mayor el número de personas que aseguran tener un título universitario que no es real o que mienten diciendo que trabajaron en una empresa de la que nunca fueron empleados", explica Héctor Filgueira, socio de KPMG Argentina.

El consultor traza un paralelo entre el fraude y la enfermedad y resalta la importancia de reconocer en la forma más rápida posible los síntomas de este tipo de actos ilegales. "Cuanto más rápido se descubran los síntomas será más fácil evitar la propagación del fraude", sostiene Filgueira.

Según su investigación, las luces rojas o señales de alerta a las que deben estar atentos los empresarios son: estilos de vida llamativos o extravagantes de sus empleados o ejecutivos; la preocupación por precisiones financieras; un nivel de gastos no acorde con sus ingresos y hasta hechos aparentemente más inocentes como la no utilización de las vacaciones anuales.

Tomando las respuestas de los empresarios que fueron víctimas de un acto de corrupción en sus compañías, KPMG también elabora un perfil del defraudador "típico" argentino. Se trata de un hombre, de entre 25 y 40 años, con un ingreso anual promedio de menos de 25.000 pesos y con una antigüedad de entre dos y cinco años en la empresa.

Sin embargo, Filgueira advierte que más allá del perfil típico del defraudador individual, hay que prestar especial atención al avance de organizaciones del tipo mafioso en la Argentina. "Uno de los cambios más importantes que se dieron en los fraudes que afectan a las empresas es que están dejando de ser actos eminentemente individuales para convertirse en maniobras en las que participan dos o tres personas, con comportamiento típicos de una mafia", señaló.

Las interpretaciones peligrosas

En KPMG destacan que uno de los resultados más peligrosos que arroja la encuesta realizada entre los empresarios es el alto nivel de tolerancia que muestran los argentinos ante los actos de corrupción. "Lo más terrible es que la sociedad argentina no percibe algunos actos de corrupción o fraude como un delito, sino como una picardía", señaló Filgueira.

La prueba más fehaciente de este tipo de visión es que un 51% de los ejecutivos encuestados por KPMG señaló que la sociedad acepta el dicho "roban pero hacen" para referirse a quienes en función de su poder se apropian ilegalmente de parte de los ingresos y bienes para su bolsillo, pero dejan un resto para que se concreten obras púbicas.

Además, casi dos tercios de los empresarios se manifestaron muy pesimistas con respecto a lograr un cambio en este aspecto en la sociedad. Un 65% señaló que siempre hubo y habrá corrupción en la Argentina y que nadie puede considerarse ajeno al flagelo.

"Para terminar con estos problemas es clave el compromiso de todos. Aún hoy muchos empresarios que son víctimas de un acto de fraude prefieren limitarse a despedir al empleado por un tema de imagen, cuando lo que tendrían que hacer es recurrir a la Justicia", señaló Filgueira.

El módico consuelo que nos queda es que a pesar de los problemas que enfrenta el país, la Argentina no es precisamente la única nación del mundo que enfrenta graves problemas de corrupción y fraude.

A la hora de encontrar países con índices iguales o peores que los nuestros los empresarios locales no dudan en señalar a algunas naciones africanas como Nigeria, a los países del ex bloque soviético y hasta algunos vecinos como Paraguay.

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