Los encontronazos entre el gobierno y el Citi por la frustrada venta de acciones del banco

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21 de diciembre de 2009  

Los recientes acuerdos de Citigroup Inc. y Wells Fargo & Co. para salir del programa de rescate edificado por Washington debieron representar un momento de triunfo para la banca y el gobierno de Estados Unidos.

Tras bambalinas, no obstante, el proceso estuvo plagado de acusaciones mutuas entre representantes del gobierno y ejecutivos de los bancos. A esto se le suman las diferencias de opinión entre los reguladores sobre la salud de los gigantes financieros, aseguran fuentes cercanas.

El conflicto se agudizó después del 16 de diciembre, cuando Citigroup pasó apuros para vender US$ 17.000 millones en acciones, una condición para salir del Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés). Eso obligó al Departamento del Tesoro, dueño de casi una cuarta parte de las acciones de Citi, a suspender su plan para reducir su participación en el banco.

Algunos ejecutivos de Citigroup culpan al Tesoro por el fiasco y señalan que al gobierno no debería sorprenderle la débil respuesta que obtuvo la oferta de acciones, dicen fuentes cercanas. El vicepresidente de la junta de Citi, Ned Kelly, llamó por teléfono a uno de los principales asesores del Tesoro y le comunicó su descontento con el gobierno por permitir que Wells Fargo lanzara una venta de acciones simultánea que podía reducir la demanda por los títulos de Citi, según fuentes al tanto.

Mientras tanto, los reguladores de la Reserva Federal y de la Corporación Federal de Seguro de Depósitos de EE.UU. (FDIC, por sus siglas en inglés) han discrepado con otros funcionarios del gobierno sobre los planes de los bancos para devolver los fondos públicos y se han quejado en privado de que los funcionarios del Tesoro los obligaron a permitir la salida de los bancos del TARP, según fuentes al tanto.

Los representantes del Tesoro aseguran que son la Fed y la FDIC las que tienen la última palabra en la devolución de los fondos. Añadieron que fue idea de Citigroup proseguir con la ambiciosa venta de acciones, a pesar del recelo del gobierno.

Las tensiones emergen cuando los reguladores enfrentan una fase complicada y sin precedentes de la crisis financiera: cómo y cuándo retirar el apoyo de los contribuyentes a los bancos. Si dejan que los bancos paguen sus deudas, éstos normalizarán sus operaciones. Pero si permiten que devuelvan el dinero muy pronto, podría desestabilizarlos en caso de que aparezcan problemas de crédito en el futuro.

El intento por disminuir su presencia en los bancos también ha convertido al gobierno en un nuevo actor del mercado financiero, que busca el mejor momento para vender acciones y trata de determinar la demanda de los inversionistas.

A principios de este trimestre, y a insistencia del Tesoro, la Fed y la FDIC sentaron las bases para que Citigroup dejara el TARP: tendría que recaudar unos US$ 20.000 millones en capital fresco.

Los ejecutivos del banco dijeron que era el monto era innecesariamente alto, porque la entidad ya tenía un basto capital. También advirtieron a las autoridades de que la oferta podría fracasar, lo que avergonzaría a Citigroup y al gobierno, según fuentes al tanto.

A pesar de las dudas, los ejecutivos de Citigroup siguieron adelante con la venta, ante el temor de ser el último gran banco en salir del TARP. Citigroup le pidió al Tesoro que también vendiera una porción de sus acciones. La participación del gobierno en la oferta, sostenían los ejecutivos de Citi, sería una muestra importante de la confianza del Tesoro en la empresa, dijeron las fuentes.

Los representantes del Tesoro no estaban convencidos del apetito de los inversionistas, pero al final acordaron vender unos US$ 2000 millones en títulos. Luego, Citigroup presionó al Tesoro para que elevara su oferta a US$ 5000 millones, alegando que eso enviaría un mensaje más claro de que el gobierno tiene serias intenciones de reducir su participación. El Tesoro aceptó a regañadientes, añadieron las fuentes.

Luego, los ejecutivos de Citigroup se enteraron que Wells Fargo había recibido autorización de los reguladores para lanzar su propia oferta pública de acciones. Estaban enfurecidos. Wells Fargo es visto como un banco en mejor estado que Citigroup y su colocación podía menguar el interés por la de Citi.

Para el martes 15, un día antes de la venta, los ejecutivos de Citi tenían claro que no iban a obtener un buen precio y le comunicaron al Tesoro que no había suficiente demanda por parte de los inversionistas para la oferta del gobierno.

Algo que aumentó la frustración de Citi es el hecho de que en septiembre le había pedido al Tesoro que disminuyera su participación.

Las acciones de Citi cotizaban en ese entonces en unos US$ 4,50. El jueves 17, un día después del fiasco en la bolsa, las acciones de Citi cayeron 7,3%, a US$ 3,20, antes de subir a US$ 3,40 el viernes.

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