Los escenarios para el día después

Los caminos que se abren ante el Gobierno si llega el momento de reconocer que no puede pagar la deuda
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9 de diciembre de 2001  

La corrida bancaria de los primeros días de este mes, la respuesta rápida y casi violenta del Gobierno al promulgar una bancarización forzada, la paralización casi total de la actividad económica y la caída libre en la recaudación fiscal terminaron de clarificar el panorama en materia de cumplimiento de los compromisos externos: la argentina está en default.

Esto es, la cesación de pagos de los compromisos externos es inminente. Falta sólo la declaración formal del default. Técnicamente, el default es la declaración de la cesación de los pagos de la deuda pública. Todos los compromisos de intereses y capital quedarían congelados hasta que el Gobierno negocie con los acreedores una salida que puede incluir quita, una menor tasa de interés y una reprogramación intertemporal de los vencimientos.

El default significa que la pulseada la ganó la rigidez del gasto público. Desde que a partir de julio del corriente año se cerró el acceso al financiamiento voluntario, el Gobierno reconoció el principio de "déficit cero" como rector de la política económica.

Sin embargo, desde dicho mes no hubo siquiera un intento de reforma seria del gasto público de manera de hacer sostenible el equilibrio fiscal a largo plazo. Los ajustes se limitaron a desprolijos y transitorios recortes horizontales del gasto.

Los sucesos de marzo con la renuncia de Lopez Murphy, el "cambio de diagnóstico" que impuso Cavallo al derogar la reforma del Estado, y los tibios intentos de bajar el gasto, dan cuenta de que las resistencias son mayores que las amenazas. Y la amenaza llegó.

Los historiadores se dedicarán a analizar por qué caímos en default. Pero el hecho es que la Argentina está en la inminencia de la cesación de pagos. Y es preciso analizar los escenarios posibles a corto y mediano plazo. El default marca un antes y un después en la política económica. El default marca la "autorización" o "permiso" para modificar el régimen monetario y cambiario.

La convertibilidad funcionó como un "cepo fiscal" por cuanto limitaba la emisión de billetes a la adquisición de dólares por parte del Banco Central. Con esto, el Tesoro no podía recurrir a la emisión como fuente de financiamiento, práctica habitual en la década del ochenta. La declaración de default actuará como "llave" para alguno de los siguientes escenarios monetarios y cambiarios.

Escenario 1: dolarización sin devaluación. El Gobierno adopta una dolarización completa de la economía, sin devaluación previa, retirando todos los pesos en circulación y cambiándolos por los dólares de las reservas. Todas las transacciones se realizarían en dólares.

Escenario 2: devaluación y luego dolarización. Se mantendría la convertibilidad pero a un tipo de cambio mayor. Para esto el Gobierno fijaría un nuevo tipo de cambio a un nivel superior y luego dolarizaría la economía. La diferencia es que al devaluar, se permite (sin violar la convertibilidad) emitir dinero fresco, lo cual puede ser instrumentado mediante "préstamos" al Tesoro, con lo cual aliviaría la situación de insolvencia de corto plazo.

Escenario 3: flexibilización "sucia" del tipo de cambio. El Gobierno eliminaría el "corset" de la convertibilidad. Permitiría la libre flotación del tipo de cambio (posiblemente entre bandas). De esta manera, el Gobierno con las actuales reservas determinaría los límites de flotación comprando dólares cuando la cotización traspasa el nivel mínimo (para abajo) y vendiendo dólares cuando la cotización del dólar sube por encima del nivel máximo.

Con este esquema el Gobierno recupera la "política monetaria" en tanto que la cotización del dólar pasa a ser un "asunto de mercado" determinándose por oferta y demanda de dólares.

Escenario 4: convertibilidad "sucia". Se trata de continuar con el actual sistema de convertibilidad con un uso intensivo de los "factores de corrección". En este sentido es de esperar o bien una ampliación de la canasta de monedas (con la incorporación del real y posiblemente del yen) o bien una modificación del factor de empalme para importaciones y exportaciones.

La Argentina posdefault

El default puede traer (con cierta seguridad) un nuevo escenario monetario y cambiario que se analizan en el cuadro adjunto.

Sin embargo, también son de esperar las siguientes consecuencias.

  • Crisis política: las experiencias recientes muestran que la declaración de la cesación de pagos trajo aparejados cambios en el Poder Ejecutivo, incluyendo la figura presidencial.
  • Reformulación de los presupuestos públicos debido al nuevo perfil de vencimiento de deuda pública.
  • Prioridad estratégica: recuperar el crédito como fuente de financiamiento público.
  • Reducción de los créditos a la Argentina y al sector privado: agudización de la recesión a corto plazo, con consecuencias serias sobre el nivel de empleo. Ruptura total de la cadena de pagos a corto plazo.
  • Amplia aceptación pública para llevar a cabo reformas "políticamente difíciles" (reforma política, obras sociales, correspondencia fiscal).
  • Demanda de liderazgo político fuerte debido a las urgencias de corto plazo que va a imponer el default.
  • La declaración de cesación de pagos es una posibilidad, aunque el Gobierno lo niegue, y la cercanía de esta situación obliga a realizar ciertas previsiones, o por lo menos analizar sus consecuencias y los escenarios probables.

    Será tema de historiadores analizar las causas de tal situación. Será de buenos estadistas extraer las lecciones válidas para la política económica del futuro.

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