Los grandes bancos lucen vulnerables

Generan inmensas ganancias, pero asumen riesgos excesivos
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28 de octubre de 2000  

LONDRES.- "Puede ser que hayan inventado una trampa para ratones que sea mejor -cavila David Gibbons-, pero lo dudo." El es el responsable de analizar el riesgo de crédito de los bancos norteamericanos -la posibilidad de que los deudores puedan quebrar- en la Oficina del Controlador de la Moneda (OCC, según sus siglas en inglés) de EE.UU.

Si bien las entidades que supervisa parecen haber encontrado la manera de generar inmensas ganancias de modo seguro, Gibbons piensa que han estado subestimando sus riesgos. La OCC es sólo uno de la miríada de entes controladores de los bancos del país, pero junto con la Reserva Federal y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC) es una de las más importantes. Y mientras que la Fed se ve tranquila respecto de las perspectivas de los bancos norteamericanos, Gibbons viene haciendo sonar campanas de alarma en los últimos dos años.

Los bancos más grandes y sofisticados sostienen que están bien administrados y ahora comprenden mejor sus riesgos, y los inversores parecen creerles: el ejemplo principal es el del poderoso Citigroup, firma global de servicios financieros que actualmente tiene una capitalización de mercado casi seis veces mayor que la de la suma de los diez bancos más grandes hace una década. Pero Gibbons y algunos de sus pares en otros países no se convencen, y sus dudas son comprensibles. Ha habido demasiadas crisis bancarias en los últimos años como para tenerles una fe ciega a los bancos.

Problemas a la vista

Ahora hay señales de que los grandes bancos vuelven a manejarse mal. Hay tres dificultades que se destacan. La primera es que aumentan los préstamos con problemas en EE.UU., a pesar de que la economía sigue avanzando a un ritmo sostenido. La segunda es que los recientes sacudones en los mercados de capitales bien pueden haber causado dificultades a algunas de las entidades comerciales que estuvieron expandiendo rápidamente sus negocios de banca de inversión en los últimos años. Y uno de los motivos de esto es el tercer problema: la gran exposición crediticia de las instituciones con préstamos a firmas de telecomunicaciones.

Las preocupaciones en este último caso tienen que ver con el "riesgo de concentración": el peligro de que los bancos tengan demasiados huevos en una canasta y, si quiebra la canasta de las telecomunicaciones, también lo harán los bancos. La mayor parte de estas preocupaciones corresponden a Europa, pero involucran también a algunas entidades de los Estados Unidos.

Americanos en problemas

Hoy, los bancos norteamericanos están mejor capitalizados, son más grandes, más diversificados, tienen mayor rentabilidad y manejan el riesgo de manera más sofisticada que nunca, si ha de creerse lo que dicen ellos y la Fed.

Sin embargo, Gibbons no está convencido. En particular, le preocupa la fenomenal rentabilidad de los bancos estadounidenses. En los últimos cuatro años han obtenido, en promedio, ganancias sobre el capital del 16,5 por ciento. ¿Cómo lo lograron? Tomando cada vez más riesgos, en la opinión del analista. Y eso, debido a los cambios recientes en los mercados financieros.

Uno de tales cambios es la desregulación. En muchos sentidos ha sido algo bueno, pero también ha resultado un factor en casi todas las crisis bancarias de los últimos tiempos. Los bancos han abierto los cofres para prestar como si no hubiera un mañana, sea porque simplemente podían hacerlo, sea porque consideraron que debían evitar que los recién ingresados en el mercado les robaran una porción de su negocio, o por ambas cosas.

Alrededor del 60% de las ganancias de los bancos norteamericanos aún proviene de los préstamos. Dado que muchas de las empresas con más respaldo han ido a los mercados de capitales en los últimos años, la calidad de las carteras de préstamos de los bancos se ha visto muy afectada. El grado en que se da esta caída ha quedado disimulado por la economía en ascenso. Hay otras señales de riesgo. En los últimos años, los bancos han comenzado a sumar mayores tenencias de acciones privadas de empresas. En muchos casos, sus inversiones son en firmas de alta tecnología. Desde que comenzó la caída del Nasdaq, en marzo último, tienden a desaparecer las ganancias de tales operaciones.

La financiación para consumo tampoco genera dinero a alta velocidad. Los bancos han tenido que frenar una suma importante de préstamos para autos porque fueron demasiado generosos para fijar qué valor residual de los vehículos respaldaría esos préstamos.

Una preocupación potencial es la que tiene que ver con préstamos de baja calidad: otorgados a gente con malos antecedentes crediticios. Y también está el negocio de las tarjetas de crédito. Charles Peabody, analista de Mitchell Securities, piensa que los consumidores utilizan las tarjetas de crédito para mantener un nivel de vida que no pueden financiar. "Es improbable que esas cargas de endeudamiento se puedan sostener", dice. Lo que sería particularmente válido si la economía se desacelerara de modo drástico.

Las hipotecas son otra área difícil. Muchos bancos han transferido préstamos de tarjetas de crédito a préstamos para vivienda, que son deducibles de los impuestos para el deudor y ofrecen una garantía al prestamista. Pero su atractivo depende de que se mantengan los precios de las propiedades y de que la economía siga prosperando.

Un punto sorprendente es el grado en que disienten los funcionarios de EE.UU. respecto de las reservas que deberían tener los bancos para cubrirse por créditos dudosos. A la Comisión de Títulos y Cambios (SEC según sus siglas en inglés), el principal regulador de las bolsas de EE.UU., no le gusta que los bancos aumenten las reservas, a menos que se estén acumulando los préstamos malos. Esto es debido a que se pueden utilizar esos fondos para manipular las ganancias.

Los entes de regulación bancarios por lo general recomiendan mayor cautela. Preocupa que los bancos una vez más se hayan excedido. En EE.UU. probablemente los problemas se puedan manejar mientras las bolsas no tengan una caída muy fuerte y la economía no vaya a la recesión. En Europa, los conflictos de los bancos se verán resueltos si los inversores vuelven a mirar con buenos ojos las telecomunicaciones. Pero en ambas regiones son cosas dudosas y, si no salen bien, los bancos se verán vulnerables.

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