Los MBA, el día después de la crisis de 2008

Laura Gaidulewicz Para LA NACION
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13 de diciembre de 2009  

A partir de la crisis de 2008, varias reseñas en la prensa norteamericana se hicieron eco de cuál era la responsabilidad de las escuelas de negocios en tanto formadoras de los líderes corporativos de estos últimos años. El mundo financiero había absorbido a más del 40% de sus graduados, especialmente los MBA. En una nota publicada por The New York Times en marzo de este año, el decano de Thunderbird School of Global Management, Angel Cabrera, admitió: "No podemos decir: ?Bueno, no es nuestra culpa´, cuando asistimos a un quiebre en el liderazgo tan extendido y sistémico".

Las explicaciones que se dan son muchas. Entre ellas, el alejamiento de los problemas del mundo real, el enseñar a sus alumnos a encontrar soluciones precipitadas ante problemas complejos o el brindar a los mismos una visión distorsionada de su rol, focalizada en maximizar el valor para los accionistas y con una limitada comprensión de aspectos sociales y éticos que son esenciales para el liderazgo de los negocios.

Esto ha llevado al crecimiento en las compañías de programas de desarrollo interno, sumándose a una tendencia que está afianzándose en la capacitación empresaria: el alejamiento del modelo escolar a la hora de capacitar sus cuadros y el despliegue de alternativas de formación que tomen como eje el propio trayecto profesional, poniendo foco en el desarrollo de competencias más que en la transmisión de saberes, herramientas y técnicas. En esta línea, también las escuelas de negocios norteamericanas, líderes de la formación en negocios en el mundo, están revisando sus propuestas educativas, introduciendo cambios curriculares. Como caso emblemático puede citarse a Harvard Business School, que estaría introduciendo una perspectiva más global en sus cursos y aumentando el foco en las competencias para el liderazgo.

Quizás el principal problema sea que las escuelas de negocios se asimilen en su organización y en sus enfoques a las instituciones de enseñanza formales (colegios, universidades, academias), y crean que el desarrollo de la capacidad para conducir un negocio pueda resolverse sólo con la transmisión de saberes. El management implica una manera de actuar, de desenvolverse ante otros, de enfrentar el imprevisto, de comprender un contexto y comprender que su desempeño estará signado por valores, por una ética y responsabilidad. Y a tolerar las tensiones propias de la acción, en tanto involucra no sólo cosas, sino personas. Implica pensar nuevos caminos para la formación que se vayan alejando de la sumatoria de materias o el trabajo sobre el caso enlatado , el problema descontextualizado o la situación puramente simulada. Recuperar modos de aprendizaje propios de los oficios o del arte puede empezar a abrir nuevos caminos para la enseñanza del management. El gran desafío es alejarse de los programas pseudocientíficos para que podamos formar dirigentes capaces de asumir profunda y éticamente la responsabilidad de las organizaciones que conducen, de las decisiones que toman, de las personas que confían en ellos. Lo ocurrido en estos tiempos hace ineludible este desafío.

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