Los mejores acuerdos de Buffett habrían sido aquellos que dejó pasar

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14 de diciembre de 2009  

Warren Buffett cree que sus mejores negocios durante la mayor crisis económica desde la Gran Depresión de los años 30 bien podrían ser aquellos que no concretó.

El inversionista estadounidense dejó pasar una oportunidad tras otra durante el período más tormentoso de su prestigiosa carrera. Pero su estrategia, afirma, le otorgó la capacidad financiera necesaria para cerrar en noviembre el mayor acuerdo que jamás haya concretado el holding Berkshire Hathaway Inc.: la compra de la empresa ferroviaria Burlington Northern Santa Fe Corp. por US$ 26.300 millones. Buffett es el presidente de la junta de Berkshire.

En una serie de entrevistas con The Wall Street Journal, Buffett ofreció su recuento más completo de sus épicas negociaciones para cerrar acuerdos, incluidas ansiosas llamadas telefónicas que respondió de empresas en problemas como Freddie Mac, Wachovia Corp. y Morgan Stanley.

"Compré mi primera acción en 1942, y esta montaña rusa superó cualquier cosa que haya visto", afirma el inversionista de 79 años. "No tomamos las decisiones más inteligentes. (Pero) no hicimos nada realmente descabellado".

El 28 de marzo de 2008, Buffett recibió una llamada de Richard Fuld, quien entonces lideraba Lehman Brothers Holdings Inc. Fuld quería saber si Buffett estaría dispuesto a inyectar unos US$ 4000 millones en el banco de inversión para detener las pérdidas.

Esa noche, en sus oficinas de Omaha, estado de Nebraska, Buffett analizó el reporte financiero anual de Lehman. En la tapa, empezó a anotar los números de las páginas donde encontró información preocupante. Cuando terminó, la tapa estaba llena de números. Descartó la propuesta. Seis meses después, ­Lehman se declaró en bancarrota.

"Por esos días, todos buscaban dinero", recuerda Buffett.

Pero no rechazó a todo el mundo. Invirtió US$ 5000 millones en Goldman Sachs Group Inc. y US$ 3000 millones en General Electric Co. Aun así, para los accionistas de Berkshire, lo más importante podrían ser los negocios que dejó pasar. "Creo que Buffett no recibe suficiente reconocimiento por todas las propuestas que desecha", señala Paul Howard, analista de Janney Montgomery Scott. "Y recibe muchas propuestas".

Algunos inversionistas cerraron grandes acuerdos durante la crisis del mercado, en su propio detrimento. TPG, una de las firmas de inversión de capital privado más grandes del mundo, perdió US$ 1350 millones en el atribulado banco Washington Mutual Inc. A fines de 2007, inversionistas de Abu Dhabi volcaron miles de millones de dólares a Citigroup Inc., cuyas acciones se desplomaron.

Este recuento de los negocios que Buffett pasó por alto durante la crisis económica se compiló con entrevistas con él y representantes de algunas empresas que buscaron su apoyo.

Los pedidos de inyección de capital comenzaron a llegar el 15 de marzo de 2008, un sábado. Desde la sede central de Berkshire, Buffett contestó una llamada del inversionista de capital privado J. Christopher Flowers. El inversionista neoyorquino y un equipo de banqueros intentaban coordinar una compra de último minuto de Bear Stearns Cos., el tambaleante banco de inversión.

Tras escuchar la propuesta durante unos 10 minutos, Buffett dijo que no le interesaba. Al día siguiente, J.P. Morgan Chase & Co. cerró su propio acuerdo para comprar Bear. Dos semanas más tarde, Buffett rechazó el pedido de Fuld, de Lehman. Fuld no respondió pedidos de entrevista.

En momentos en que el mercado inmobiliario de Estados Unidos se derrumbaba, empresas con grandes cantidades de valores respaldados por hipotecas se ahogaban. Unos meses más tarde, banqueros de Morgan Stanley que representaban a Freddie Mac, el gigante hipotecario, se acercaron a Buffett en busca de inversiones. Buffett consideró que los problemas de Freddie Mac eran demasiado graves.

"En ese caso dije rápidamente que no", recuerda.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. se hizo cargo de Freddie y su prestamista hermana, Fannie Mae, un tiempo más tarde. Un vocero de Freddie declinó comentar sobre su pedido a Buffett.

Buffett recuerda septiembre de 2008, cuando la crisis financiera se hizo evidente, como uno de los meses más frenéticos de su carrera. Comenzó con un pedido de Robert Steel, el entonces presidente ejecutivo de Wachovia, de una inversión de hasta US$ 10.000 millones. Buffett, quien pensaba que Wachovia había lidiado de forma imprudente con las hipotecas de alto riesgo, o subprime, durante el auge inmobiliario, lo rechazó.

Luego, Wachovia fue comprada en una liquidación por Wells Fargo & Co., en donde Berkshire es accionista. Un vocero de Wachovia no quiso comentar al respecto.

El 12 de septiembre, un viernes, Robert Willumstad, el entonces presidente ejecutivo de la aseguradora American International Group Inc., llamó para pedirle a Buffett que realizara una inversión de unos US$ 5000 millones.

Buffett reconoce que sabía que AIG necesitaba levantar capital con rapidez. "No pierda su tiempo conmigo", recuerda haberle dicho al líder de AIG.

Willumstad afirma que Buffett "básicamente dijo que la empresa era demasiado complicada".

Ese mismo fin de semana, AIG intentaba otro acuerdo para otorgar reaseguramiento para algunas de sus operaciones, lo que hubiera aliviado algunos de los problemas de capital de la empresa.

Buffett pensaba que era posible llegar a un acuerdo. Pero el trato se cayó porque los problemas financieros de AIG resultaron ser demasiado severos y complejos. Más tarde esa semana, el gobierno de EE.UU. anunció un rescate de US$ 85.000 millones.

A estas alturas, Buffett comenzaba a temer por todo el sistema financiero. En conversaciones telefónicas, Buffett, que suele ser locuaz, estaba menos conversador y sonaba nervioso, según una persona que hablaba con él de forma regular en ese momento.

Las acciones de los grandes bancos de inversión Morgan Stanley y Goldman Sachs no dejaban de caer en medio de temores de que serían las próximas firmas en quebrar. El mercado de papales comerciales, que ayuda a financiar las operaciones diarias de las empresas en todo EE.UU., se contraía.

Si el mercado de papeles comerciales se hubiera congelado por completo, más grandes instituciones financieras y posiblemente hasta nombres como los de GE hubieran caído. Eso hubiera desatado un pánico en los fondos de mercado de dinero de EE.UU., que tenían activos por unos US$ 3,5 billones (millones de millones), ya que algunos de ellos tenían papeles comerciales. El caos resultante, concluyó Buffett, podría haber arruinado los mercados financieros globales, y haber amenazado a Berkshire.

"Sentí que nunca había visto nada así, y que el pueblo y el Congreso estadounidenses no comprendían por completo la gravedad" de los problemas, recuerda. "Realmente estamos al borde del abismo, pensé".

En la mañana del 19 de septiembre, el presidente ejecutivo de Morgan Stanley, John Mack, llamó a Buffett con la esperanza de acordar un trato. Los términos exactos no fueron discutidos. Buffett le dijo a Mack que no estaba interesado porque no estaba lo suficientemente familiarizado con el banco.

Buffett afirma que aún sentía que el gobierno tenía las herramientas para evitar una calamidad. Se mantuvo en contacto constante con funcionarios del gobierno, y atendió llamadas del entonces secretario del Tesoro Henry Paulson, que preparaba un paquete de rescate bancario. También recibió llamadas de senadores que buscaban sus consejos sobre el rescate.

Cuando el gobierno entró en acción, recuerda Buffett, tuvo la confianza de que la crisis se resolvería.

Para fines de septiembre, Buffett decidió dar un golpe.

Goldman Sachs, como Morgan Stanley, necesitaba efectivo. El banco ya había extendido varias propuestas a Buffett. Ninguna le había interesado. Pero se mantuvo abierto a ofertas, en parte porque estaba al tanto de las operaciones de Goldman, ya que trabajó con el banco durante muchos años en varios negocios.

El 23 de septiembre, el banquero de Goldman Byron Trott, quien había trabajado de cerca con Buffett durante muchos años, llamó para preguntar qué hacía falta para cerrar un acuerdo.

Buffett planteó sus términos. Horas más tarde, cerró un acuerdo. Berkshire compró US$ 5000 millones en acciones preferenciales de Goldman con un dividendo anual de 10%, así como garantías para comprar US$ 5000 millones en acciones de Goldman por US$ 115 cada una. Los títulos ahora se comercializan en alrededor de US$ 166.

El acuerdo, señala Buffett, se basó en parte en su fe en que el gobierno evitaría el tipo de catástrofe financiera que podría haber puesto en peligro incluso a Goldman. Otro factor: términos atractivos para Berkshire.

No mucho después de ese acuerdo, Buffett acordó comprar US$ 3000 millones de acciones preferenciales de General Electric con un dividendo anual de 10%. También consiguió el derecho para comprar US$ 3000 millones de acciones comunes a US$ 22,25. Las acciones de GE se cotizaban el viernes en US$ 15,92, en la bolsa de Nueva York.

Tras destinar US$ 8000 millones en esos acuerdos, Buffett se lanzó a una ofensiva de relaciones públicas, en lo que pareció ser un intento por impulsar los mercados e instar al gobierno a tomar acciones firmes.

Las continuas caídas del mercado bursátil afectaban a Berkshire.

En febrero, la empresa reportó que su valor contable por acción —una medida de los valores de los activos que usa para evaluar el desempeño— había caído 9,6% en 2008. Esa fue la caída más pronunciada desde que Buffett se hizo cargo de Berkshire en 1965. Sufrió grandes pérdidas en sus posiciones bursátiles, incluidas American Express Co. y Moody’s Corp., y una gran pérdida en contratos de derivados para asegurar a los clientes contra caídas a largo plazo en los índices bursátiles globales.

El golpe más duro llegó en abril, cuando Moody’s le quitó a Berkshire su calificación AAA, al citar una caída en el mercado bursátil. La medida limitó las amplias operaciones de seguros de Berkshire para concentrar ciertas pólizas contra pérdidas importantes. Las acciones de Berkshire también sufrieron el impacto, y bajaron alrededor de 30% desde mediados de septiembre de 2008.

El acuerdo de Burlington redujo el potencial de ganancias de Berkshire, dicen los analistas, ya que los ferrocarriles tienden a seguir el camino del crecimiento económico general. Aun así, también aminoró la exposición de Berkshire a operaciones financieras de riesgo.

Buffet tiene algunos reproches sobre sus decisiones durante la crisis financiera. Afirma que si hubiera esperado para desplegar su efectivo hasta marzo de 2009, cuando el mercado tocó fondo, podría haber logrado un éxito impactante. "Cometí muchos errores", sostiene. "No maximicé las oportunidades ofrecidas por el caos. Pero al final, salió bien".

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