Los "puntos ciegos" que nublan la visión sobre nuestro futuro

El envejecimiento y sus consecuencias, la inteligencia artificial y el transporte provocan grandes debates que dejan de lado algunos cambios que van ocurriendo en lo cotidiano
Sebastián Campanario
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30 de diciembre de 2018  

En el campo de la óptica se conoce como "punto ciego" la zona de la retina donde nace el nervio óptico. Como carece de células sensibles a la luz, no tiene la capacidad de ver. En los autos, el "punto ciego" está definido por las zonas que rodean el vehículo y que no son accesibles para la vista por los distintos espejos retrovisores.

En materia de proyecciones de futuro también existen "puntos ciegos", zonas relativamente cercanas (en el tiempo), pero que permanecen invisibles porque nuestra atención está encandilada por discusiones sobre escenarios más rimbombantes.

Ejemplos de este fenómeno pueden encontrarse en prácticamente cualquier debate sobre el futuro. Mientras el porvenir del transporte se lleva titulares masivamente en lo que tiene que ver con vehículos sin conductor humano (su factibilidad técnica, las polémicas éticas que acarrea, los modelos de negocios, etcétera), opciones menos rutilantes, como la micromovilidad (el transporte de última milla vía bicicletas eléctricas, scooters y otros dispositivos) crece hoy a tasas que superan la de Uber o el propio iPhone, con mucha menos atención mediática y de debate público. Un mes atrás, de visita por Buenos Aires, la exestrella pop y programadora australiana Kate Crawford destacó que mientras en el campo de la inteligencia artificial (IA) se invierte mucha atención discutiendo si la "singularidad" (el momento en que las máquinas superen a la inteligencia humana) llegará en 2035, 2040, 2050 o nunca, hay "elefantes que pasan por nuestras narices" en términos de problemas sociales que provocan la explosión de algoritmos y que apenas se discuten. Crawford dirige un centro de estudios sobre el impacto social de la IA en el presente.

Para Marcelo Rinesi, un científico de datos e investigador del Instituto Baikal, algo parecido pasa con la discusión sobre la batalla contra el envejecimiento, tema que estudia desde hace una década. Mientras el grueso de las notas van al dilema de "vivir para siempre" (o cientos, o miles de años), con todos sus efectos filosóficos, sociológicos y económicos asociados, hay toda una batería de tecnologías "a la vuelta de la esquina" que apuntan a producir cambios drásticos de aquí a pocos años -Rinesi estima que ya en 5-10 años- no sobre la cantidad absoluta de años que viviremos, sino sobre la extensión radical del período en el que podremos hacerlo y en condiciones saludables.

Ratones en buen estado

"Desde que nacemos nos estamos muriendo". Así inició Rinesi una charla días atrás en el Baikal. Su punto es que las células humanas tienen fallas en su funcionamiento que se acumulan desde que se forma la vida, y que en los hechos una o un superatleta en sus 20 años es -desde el punto de vista celular- una persona menos saludable que un bebé, aunque socialmente esto no se vea.

El problema con la medicina tradicional es que comienza a trabajar muy tarde, cuando los síntomas de mal funcionamiento del cuerpo se hacen obvios: "Es como un cuerpo de bomberos que llega cuando las llamas ya salen por las ventanas del edificio y queda mucho menos por hacer". Pero por motivos regulatorios, culturales y de incentivos económicos (la medicina está repleta de "fallas de mercado" y de hecho es el sector icónico en este tipo de literatura), el envejecimiento celular no se trata como una enfermedad, sino como un proceso natural.

¿Qué cambios recientes llevan a Rinesi a pensar en un cambio de escenario drástico en un futuro no muy lejano? Hay varias avenidas de avances científicos contra el envejecimiento (no solo para demorarlo, sino también para revertirlo). La más popular y la que más recursos económicos está concentrando tiene que ver con los senolíticos, que atacan a las células senescentes, responsables de muchos de los procesos de envejecimiento a nivel fisiológico y cognitivo.

Las células senescentes fueron descubiertas en los 50 y por un tiempo largo se las consideró una mera curiosidad (no se separan y se acumulan). Pero una década atrás comenzó a descubrirse su relación directa con distintas facetas del envejecimiento. En la Clínica Mayo y en otros centros de investigación de vanguardia comenzaron a publicarse estudios que indican que ratones tratados con senolíticos lucen mucho más jóvenes que otros de menor edad.

La perspectiva que se discute es vivir más décadas en buenas condiciones: llegar a los 60 con un cuerpo y estado mental de 40, o a los 80 en el estado de alguien de 50. No extender la vida más de lo actual o "eliminar la muerte", que depende de un montón de otros factores además de las células senescentes, marca Rinesi. Hasta ahora, la persona que vivió más años de manera estrictamente documentada es la francesa Jeanne Clement, que murió en 1997 a los 122 años. Para 2040 se estima que España superará a Japón como país con población más longeva, con un promedio de edad de 86 años.

"Aún estamos en etapas muy preliminares, en una fase uno", dice a LA NACION la científica Valeria Bosio, experta en biomateriales y autora de la charla TED "La naturaleza de la inmortalidad". "Hay muchos tratamientos que se prueban en ratones, e incluso en mamíferos más grandes, y luego no resultan en humanos", agrega.

Para Rinesi, las primeras terapias comerciales con senolíticos llegarán al mercado en un lapso de cinco a diez años, y hoy los obstáculos no son tanto científicos, sino más de tipo regulatorio y de incentivos económicos.

La novedad es que se están acelerando las inversiones y la aparición de startups. Unity, fundada en 2011 y dedicada a combatir estas "células zombis", salió a oferta pública en mayo y ya vale US$700 millones. Recibió apoyo económico del dueño de Amazon, Jeff Bezos, y del cofundador de Pay Pal Peter Thiel, entre otros. La firma basada en Seattle Oisin Biotechnologies levantó recientemente US$4 millones, y sumas similares recibieron Senolytic Therapeutics (basada en España), Cleara Biotech (Holanda) y CellAge (Escocia).

De comprobar sus resultados, las terapias con senolíticos podrían tener aplicaciones comerciales en un abanico de sectores. "Imaginemos el caso de un Lionel Messi o de un Manu Ginóbili: ¿cuál es el valor de mercado de que puedan seguir jugando dos, cinco o diez años más como en la plenitud de su carrera a nivel físico y mental?", plantea el investigador del Baikal.

Como muchos investigadores de estos temas, Rinesi está tan convencido de las posibilidades que se abrirán que quiere estar "primero en la fila" para este tipo de tratamiento, y considera que no hay nada más eficiente que ahorrar para cuando estas terapias estén disponibles.

Pero no le gusta esperar ("cuanto antes uno empiece, mejor"). Llegó a importar por su cuenta químicos de China usados en experimentos con ratones (que fueron exitosos) para aplicarlos en su cuerpo. Es un comportamiento común en los científicos del área. David Sinclair, uno de los más reputados científicos en temas de longevidad, aplica en su vida cotidiana decenas de insights de alimentación, hábitos y suplementos que ya tienen efectos comprobados antienvejecimiento, aunque aún no llegaron al mercado masivo.

Rinesi cuenta que dos meses atrás salió en Nature una nota con la cita de un paper que estableció que la terapia en ratones que él había probado en carne propia "no tenía efectos negativos en humanos". Cuando la leyó, respiró aliviado.

sebacampanario@gmail.com

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