Los riesgos económicos y geopolíticos que enfrenta la economía global

Luis Palma Cané
Luis Palma Cané PARA LA NACION
Jerome Powell, presidente de la Fed
Jerome Powell, presidente de la Fed Fuente: Archivo
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3 de febrero de 2019  

Luego de un crecimiento del PBI mundial de 3,8% en 2017, a partir del segundo semestre del año pasado la actividad comenzó a desacelerarse. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima ahora que la tasa de expansión en 2018 no será mayor a 3,7%. Ante este escenario es conveniente analizar cuáles son los riesgos que enfrenta la economía mundial y, a la vez, determinar los posibles impactos que los mismos podrían tener sobre los niveles de actividad y la estabilidad de los mercados financieros. Las respuestas a estas cuestiones permitirán definir un probable escenario para el bienio 2019/2020.

El análisis debe contemplar no solo factores macroeconómicos, sino también geopolíticos. En cuanto a los primeros, si bien siguen siendo positivos, lo cierto es que las condiciones financieras se han vuelto cada vez más restrictivas. Los países desarrollados -con excepción de Japón- han comenzado a endurecer sus anteriores políticas monetarias flexibles, restringiendo la liquidez y/o subiendo las tasas de interés.

En diciembre último, la Reserva Federal (Fed) autoridad monetaria de los Estados Unidos bajo la conducción de Jerome Powell, elevó su tasa de referencia por cuarta vez en el año, llevándola a 2,5%. Hacia mediados de 2018 la entidad comenzó a absorber parte de la liquidez que a partir de la crisis 2008/2009 había comenzado a inyectar mediante la compra de bonos soberanos en los mercados secundarios ("Relajamiento Monetario"). Asimismo, el Banco Central Europeo puso fin en diciembre último a sus compras netas de activos. Este "abandono" de las políticas monetarias flexibles -las cuales tienen como objetivo evitar recalentamientos inflacionarios vía aumento de las tasas de interés y absorción monetaria- ha provocado un mayor riesgo a la baja en los niveles de actividad.

Otro elevado riesgo macroeconómico lo constituye la alta volatilidad existente en los mercados financieros, con todas las implicancias que ello tiene respecto de una mayor y creciente aversión al riesgo por parte de las unidades económicas.

Sin embargo, los mayores riesgos no se presentan en los factores económicos, sino, más bien, en los geopolíticos, que se han ido agravando en los últimos meses. En términos generales, a medida que las tensiones geopolíticas se profundizan, en simultáneo aumenta la incertidumbre. Ese es uno de los mayores riesgos para la estabilidad de la economía real y de los mercados financieros.

Quizás el mayor riesgo lo presenta el actual conflicto comercial sin solución a la vista entre los Estados Unidos y China, que ya comenzó a afectar negativamente el comercio exterior global. De no llegarse en el corto plazo a un arreglo, comenzaría la suba de aranceles entre ambos países, los cuales -inevitablemente- se trasladarían al resto de los países; podría llegarse in extremis a devaluaciones competitivas que agravarían aún más el problema. Es increíble que a esta altura de los acontecimientos haya vuelto a surgir el "proteccionismo" (impulsado, lamentablemente, por el presidente Donald Trump). Esta práctica, como lo demuestra la teoría y la experiencia, resulta extremadamente negativa no solo para la dinámica de la actividad global, sino también para el bienestar económico de las sociedades.

Lamentablemente, este conflicto no es el único riesgo que presenta la geopolítica mundial. Entre otros, pueden también mencionarse: el surgimiento de partidos populistas nacionalistas, tanto de derecha como de izquierda; la debilidad en la integración política, monetaria y financiera de la Comunidad Europea; el gobierno xenófobo y racista de Italia; el afán imperialista del presidente Putin, cuyos mejores ejemplos han sido su anexión de Crimea, su apoyo a los separatistas de Ucrania y su cada vez mayor injerencia en Medio Oriente; el complicado escenario del Brexit; la guerra civil en Siria, que enfrenta a los Estados Unidos con Rusia; el conflicto en Yemen entre chiitas patrocinados por Irán y sunnitas con el apoyo aéreo y logístico de Arabia Saudita, el cual dificulta una de las principales rutas de exportación petrolera a través del Mar Rojo; las corrientes migratorias famélicas; el choque diplomático entre Arabia Saudita versus los Estados Unidos y Turquía, debido al horroroso crimen de Jamal Khashoggi, periodista crítico de la Casa Real; la volatilidad en el precio del petróleo, con el consiguiente conflicto entre la OPEP y Rusia con los EE.UU., y también el drama de la pobreza, la indigencia y el desempleo a nivel mundial. Por último, pero no menos importante, debe mencionarse el reciente estallido de la crisis en Venezuela, que aumenta aún más la actual tensión entre Rusia y China con los Estados Unidos y la mayoría de las democracias liberales -entre ellas, nuestro país- que apoyan la caída del régimen chavista y la inmediata realización de elecciones libres.

Como puede apreciarse, los riesgos que presenta la economía global son numerosos y se dan tanto en la esfera económica como en la geopolítica. En consecuencia, es de esperar que generen una tendencia a la baja en la actividad económica global. Nuestro escenario base asume que los riesgos mencionados generarían un creciente grado de incertidumbre, lo cual, asociado a las restricciones financieras mencionadas (volatilidad, suba de tasas y contracción de la liquidez mundial), provocaría que la desaceleración iniciada el año pasado continúe en el bienio 2019/2020, con tasas de crecimiento que el FMI estima no mayores al 3,5%.

Lamentablemente, un mayor deterioro del conflicto entre China y los EE.UU., una menor liquidez mundial, una mayor velocidad en la suba de tasas, un agravamiento de las tensiones geopolíticas y la nunca descartable aparición de eventuales "cisnes negros" conducirían a un mayor grado de desaceleración de la economía mundial; con todas las consecuencias negativas que ello implicaría para la estabilidad de los mercados financieros. La recomendación sería la de tener una extrema prudencia en el manejo de las carteras financieras.

El autor es economista

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