Los vinos argentinos se convierten en genuinos Embajadores de la calidad

Varietales producidos en el país lograron el reconocimiento internacional en el concurso de Vinandino, realizado en Mendoza
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9 de diciembre de 2001  

MENDOZA.- La vitivinicultura argentina transita procesos de cambios muy profundos, enfocados a ganar nuevos mercados en el mundo y sustentados en la calidad de sus productos y en la competitividad de sus precios.

En los últimos diez años el sector efectuó inversiones por más de mil millones de dólares tanto en tierras como en viñedos de alta calidad y tecnología de punta en las bodegas. Además de capitales nacionales llegaron franceses, americanos, ingleses, portugueses, chilenos, suizos y holandeses, entre otros.

El resultado fue la erradicación de 72.000 hectáreas que estaban implantadas con viñedos de menor aptitud enológica, que fueron reemplazados por 62.000 hectáreas de variedades de alta calidad (como Malbec, Cabernet Sauvignon, Torrontés y Chardonnay, entre otras). Las 10.000 hectáreas restantes quedaron fuera de producción. Quedó así la geografía vitivinícola argentina con 114.000 hectáreas de plantaciones de uvas finas sobre un total de 201.000.

El país llega así a ser el quinto productor mundial de vinos con más de cien bodegas exportadoras, cuando a comienzos de la década del 90 eran sólo diez.

Un dato del buen posicionamiento de los vinos argentinos en el mundo es que en los últimos cinco años se han quintuplicado las exportaciones, que pasaron de 30 millones de dólares a 200 millones, de los cuales 125 millones corresponden a variedades de vinos finos embotellados. Casi el 50 por ciento de esos embarques tiene como destino Gran Bretaña y los Estados Unidos. Otros mercados son Alemania, Dinamarca, Suecia, Japón y Brasil.

Todos éstos no son datos menores para una economía malherida, como la de este país, que arrastra una recesión de más de tres años.

No obstante, los bodegueros son conscientes de esta hora difícil y del freno que ella provoca. La caída en el poder adquisitivo de la gente y el cambio de hábitos (calidad en lugar de cantidad) concluyó en una acentuada disminución del consumo (37 litros per cápita), pese a ser el sexto mercado en el mundo. Asimismo, esta situación provocó el sobrestock, principalmente de vinos comunes, falta de rentabilidad y descapitalización de las empresas.

Así las cosas, no todos pudieron "subirse al tren" de la reconversión. Aún quedan en el país 69.000 hectáreas que producen uvas para vinos comunes. "Sin duda los recursos que los Estados nacional y provinciales puedan contar deberían estar enfocados justamente a ayudar y a promover el cambio varietal en aquellos pequeños viñateros con dificultades para acceder al crédito necesario para la reconversión", dijo el presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Luis Borsani.

"Cuando decimos que hay una fuerte reconversión -señaló el funcionario- hablamos de una transición que está operando en la vitivinicultura argentina que apuntaba probablemente más a la cantidad y que ahora se enfoca hacia la calidad, con reconocimiento nacional e internacional."

De hecho, esto último quedó demostrado en la última edición de Vinandino (el concurso internacional de vinos que se realizó recientemente en esta ciudad y en el que intervinieron importantes países vitivinícolas, como Francia, España, Chile, los Estados Unidos, Alemania e Inglaterra). Frente a 51 jurados de esas y otras naciones productoras, los varietales argentinos ganaron una gran medalla de oro (de un total de tres), 20 medallas de oro (de 32) y 114 de plata (de 158).

Es una realidad que la Argentina llega con sus vinos a exigentes mercados del mundo. Sin embargo, Borsani sostuvo que "no se hace toda la promoción que haría falta y estamos lejos de lo que hacen otros países competidores".

El ejemplo de Chile

Por dar un ejemplo, el titular del INV dijo que Chile utiliza diez veces más recursos que la Argentina. "Invierten 22 millones de dólares anuales para promover sus vinos, cuando la Argentina sólo destina 2 millones. Y exportan por más de 600 millones por año en vinos finos", apuntó.

En este sentido, Raúl Arizu, de la bodega Leoncio Arizu, asentada entre sus viñedos de Luján de Cuyo, reclamó una mayor colaboración de los representantes diplomáticos y comerciales en el exterior. "Se hacen recepciones y, normalmente, de las bebidas que se sirven, ninguna es argentina".

No obstante, desde el INV se afirma que la vitivinicultura nacional no está cruzada de brazos y se abocó a elaborar un plan estratégico a largo plazo (con vistas a 2015) sobre la base del análisis de las FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) del país y de sus competidores, para luego trazar un plan de trabajo.

Lo hace en colaboración con la Comisión Nacional de Vinos Finos Embotellados; Promendoza, el Fondo Vitivinícola de Mendoza; el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), entidades productivas, las provincias vitivinícolas y las universidades.

Tecnología

"Estos tres últimos años de recesión frenaron todo el potencial de inversión y crecimiento para el cual nos habíamos preparado", dijo Angel Vespa, presidente de Bodegas de Argentina, la nueva entidad que representa al sector, creada en agosto último como fruto de la fusión del Centro de Bodegueros de Mendoza y de la Asociación Vitivinícola Argentina, dos instituciones históricas de la actividad.

Vespa recordó que a partir de la estabilidad monetaria el sector realizó fuertes inversiones en plantaciones con variedades nobles en las fincas y aumentó la capacidad de vasijas de acero inoxidable, incrementó la capacidad de frío, adoptó nuevas tecnologías de prensado y líneas modernas de embotellado y encajonado en las bodegas.

Aunque sin precisar cifras el dirigente explicó que ésta es una actividad que genera empleo permanentemente, tanto en la parte vitícola como industrial, en los servicios y en la comercialización.

"Alrededor de la vitivinicultura -agregó- también se desarrolla un sinnúmero de actividades, como los proveedores de insumos (cápsulas, etiquetas y envases, entre otros). Además las bodegas se han preparado para recibir al turismo en los denominados caminos del vino". Pese a reconocer el fuerte posicionamiento de los vinos argentinos en el mundo, Vespa reclamó apoyo, "especialmente del gobierno de Mendoza", para concluir la reconversión vitivinícola y estimular las exportaciones, "porque todavía hay mucho por hacer".

Según el dirigente, es necesario acompañar el esfuerzo productivo que realizan viñateros y bodegueros. Puso como ejemplo la Gran Medalla de Oro que conquistó en Vinandino la bodega Nieto Senetiner, de la familia Perez Companc.

El gran desafío

A propósito, Roberto González, gerente de la bodega galardonada, comentó que "para salir a pelear los mercados internacionales hay que tener calidad". En diálogo con LA NACION en la misma finca que la empresa tiene en Luján de Cuyo y con el marco imponente de la cordillera de los Andes, González advirtió que en esto no se puede obviar una regla de oro: la calidad en función del precio.

Según el industrial, todo esto ha hecho repensar a las bodegas las estrategias de sus producción de vinos con precios elevados (por arriba de los 10 pesos la botella) y de los niveles medio (del orden de los 3,5 y 4 pesos la botella). "Pero queda un gran desafío, que es lograr calidad en el segmento de los productos de bajo precio (de 2 a 3 pesos la botella)", señaló.

Por los viñedos

Paciencia: las inversiones en vitivinicultura son a largo plazo. "Una viña necesita cinco años para tener su primera vendimia en plenitud", explicó Angel Vespa, presidente de Bodegas de Argentina.

Apretados: el Instituto Nacional de Vitivinicltura tiene un presupuesto de 16 millones de pesos. "Es estrecho, pero tenemos que cuidarlo para cumplir con el control de la calidad de los vinos argentinos y la certificación de las importaciones y exportaciones, entre otras funciones", dijo su titular, Luis Borsani.

Preocupación: "En el este de Mendoza, donde no hubo curaciones preventivas, empezaron los ataques de peronóspora (hongos) que pueden afectar la producción", advirtió el bodeguero Raúl Arizu.

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