Lula lanza una reforma previsional y tributaria

Quiere centralizar el pago de impuestos
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2 de mayo de 2003  

SAN PABLO.- La imagen ya es histórica: anteayer, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, atravesó la Plaza de los Tres Poderes, que separa el palacio de gobierno del edificio del Congreso. Caminando a su lado y a sus espaldas iban 22 ministros y los gobernadores de todos los Estados de Brasil, incluyendo los tres del Partido de los Trabajadores (PT).

Era el poder en pleno presentándole a los legisladores del país las reformas tributaria y previsional, que si son aprobadas se convertirán en el hecho político más importante de Brasil de los últimos tiempos, junto con la elección de un ex obrero metalúrgico como presidente.

Un día antes de su primer 1° de mayo en el poder, Lula presentó una propuesta contraria a lo que siempre apoyó: para reducir el déficit del sistema de jubilaciones y pensiones del país, que le produce al Estado una deuda asfixiante, el presidente propone recortes en los privilegios de los empleados públicos, que siempre fueron su base política, y establece un descuento en las jubilaciones y pensiones futuras.

El mayor cuestionamiento a Lula es a la propuesta de cobro de impuestos a los jubilados que ganen más de 1800 reales por mes, unos 600 dólares. Además, se pretende que la recaudación del tributo a las transacciones financieras quede sólo en manos del Estado federal y, por otra parte, aumentará de 12.720 reales (4380 dólares) a 17.170 reales (5920 dólares) el salario de algunos pocos funcionarios.

Ayer, durante el acto de 1° de Mayo, que Lula conmemoró con una misa en la Iglesia de Sao Bernardo do Campo, el partido de clase obrera del Gran San Pablo en el que forjó su carrera sindical, Lula destacó la importancia que le atribuye a la aprobación de las reformas. "Lo que ocurrió ayer, en este país, posiblemente la historia le dará más importancia que la historia contemporánea, porque convencí a 27 gobernadores de Estado a bajar conmigo la rampa del Palacio del Planalto -y miren que el PT sólo tiene tres gobernadores-, para llevarle las propuestas de reforma al Congreso, que en víspera de feriado generalmente está vacío y esta vez estaba lleno".

Lula intenta presionar y exigir celeridad al Congreso, donde el PT está lejos de contar con los dos tercios de votos que necesita para aprobar las reformas. Sin embargo, las acciones de Lula en los últimos días tienen como destino a los legisladores de su partido, donde se concentra la oposición de izquierda a reformas consideradas tradicionalmente de centro derecha y favorables al mercado.

En los últimos días, los "radicales" del PT, la mayoría de las corrientes trotskistas, comenzaron a operar para crear una oposición a las reformas. Irritadísimo, Lula autorizó al presidente del PT, José Genoino, a expulsar a los rebeldes. La situación está en una impasse, que puede concluir con la escisión del sector izquierdista del PT.

Aun así, es factible que las reformas sean aprobadas, con algunas modificaciones. En la misa, Lula recordó una huelga de 1979, en la cual estaba en juego un acuerdo con la patronal.

"Logré convencer a mis compañeros a aceptar el acuerdo, pero fue el año más difícil de mi vida porque los trabajadores aceptaron, pero volvieron a la fábrica con la sensación de que yo los había traicionado".

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