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¿Macri puede ganar las elecciones? Cuál es la respuesta de la economía

Pablo Fernández Blanco
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13 de marzo de 2019  • 13:52

En los 26 años que van desde 1989 hasta 2015 hubo siete elecciones presidenciales. Cuatro de ellas se realizaron en períodos en que la economía cayó, mientras que en los restantes tres casos la marcha de la actividad fue mejor en comparación con el año anterior.

Con algunos matices, los números de la sucesión democrática -no se toma en cuenta el gobierno de Raúl Alfonsín porque le siguió a la dictadura- muestran correlaciones entre el resultado electoral y la marcha de la economía expresada a través del denominado producto interno bruto (PIB), una de las cifras vertebrales al momento de describir la situación de la actividad.

Por ejemplo, los oficialismos sólo pudieron retener una vez la Presidencia en años en que la economía retrocedió. Es el caso de Carlos Menem , reelecto en 1995 pese a que el PBI cayó 2,85% ese año. Para entender esa rareza hay que hacer una salvedad. Menem anotó en el año electoral un rojo tras cuatro períodos de crecimiento, de entre el 5,8% y el 9%, según las cifras que maneja el Banco Mundial a partir de los números oficiales de la Argentina. El líder justicialista había logrado estabilizar la economía con la convertibilidad y la venta de empresas públicas, algo que atrajo inversiones. El segundo capítulo de su gestión fue muy distinto.

De la misma manera, siempre que a la economía le fue bien en el año en que los argentinos fueron a las urnas para elegir presidente se impuso el partido o el candidato que ocupaba la Casa Rosada. Eso lo corrobora el kirchnerismo, que ganó en 2003 (el producto creció 8,84% en ese período y Néstor Kirchner se presentó como una continuidad de Eduardo Duhalde, a tal punto que entre sus virtudes mostraba en la campaña a su ministro de Economía, Roberto Lavagna), en 2007 y en 2011 (en los dos últimos casos la triunfadora fue Cristina Kirchner).

Mauricio Macri probó de esas mieles. En 2015 venció a los oficialistas Daniel Scioli y Carlos Zannini, quizás ayudado en las urnas por una contracción de la actividad del 1,82 por ciento. Y si bien no fue una elección presidencial, Cambiemos volvió a repetir el triunfo nacional, incluso más abultado, en las legislativas de 2017, cuando el PBI repuntó 2,85%, cifra que hoy se extraña.

Cualquier pronóstico lineal que anticipe el resultado electoral por la marcha de la actividad corre el riesgo patente de caer en el error. No sólo porque hay excepciones como las de Menem y puede haber tantos y tan diversos motivos para elegir a un candidato como personas que voten en la Argentina, una afirmación que suele repetir Jaime Durán Barba, cuya eficacia como gurú electoral el PRO tiene probada.

También porque algo tan difuso como "la economía" es más amplio que la mención al PBI, apenas un renglón importante en la hoja anterior. Juega su partido la inflación, otro sub ítem que le da mal al Gobierno y en las preocupaciones del electorado aparece antes que la marcha de la actividad.

La molestia que un votante enfrenta cada vez que compra un bien o paga un servicio se tradujo en números la semana pasada. Un estudio de D'Alessio Irol/Berenztein muestra que la suba de precios está al tope de las prioridades de la población, seguido por la incertidumbre con respecto a la actividad (esa percepción podría mejorar con un aumento del PBI). Ambos relegaron al tercer lugar a la inseguridad.

También es difícil ponderar la estima que le dará el votante a otras decisiones de Macri que no entran en ninguna estadística económica. Por caso, ¿cuánto valdrá al momento de ir a las urnas la eliminación del cepo cambiario para una clase media que vive el acceso al dólar como un derecho adquirido?

La marcha de la actividad en lo que resta del año encierra otra incógnita desde el punto de vista electoral. Los cálculos oficiales volcados al presupuesto de 2019, más optimistas que el resto, hablan de una caída de 0,5%. Pero el último relevamiento de expectativas del Banco Central, una especie de consenso entre los economistas, habla de un tropezón del 1,3 por ciento.

En ambos casos, si se sigue la correlación histórica entre la actividad y los comicios, Macri tendría pocas chances de renovar su cargo. Sin embargo, lo peor del año se concentrará en la primera parte y lo mejor, en la segunda, en línea con la conveniencia del oficialismo. Por eso el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne , dice y repite que este será un mal año para la economía, pero "secuencialmente" mejor.

Dujovne, uno de los más optimistas en el Gobierno, volvió a circular esta semana una planilla de Excel hecha a medida de lo que quiere mostrar. Uno de los primeros en verla fue Macri. Si se la mira de izquierda a derecha, se advierte cómo las celdas rojas se transforman en verdes con el paso de los meses. Es un nuevo retorno de los brotes que el exministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, anticipaba para el segundo semestre de 2016.

Dujovne no espera que el nuevo bosque le ayude a Macri en las elecciones, pero tiene al menos la expectativa de que no le juegue en contra.

Cambiemos intentará contraponer un último elemento para contrarrestar los conjuros a los que lo enfrenta la historia. El Gobierno sabe desde abril pasado que este año sería malo para los bolsillos. Tiempo suficiente para que Marcos Peña, Nicolás Caputo y Durán Barba pusieran a funcionar su tecnología electoral en esa dirección. Macri y su mesa chica piensan desde hace años que ese tándem encontró una fórmula para ganar elecciones, otra afirmación que se corrobora en la historia reciente y tendrá una prueba consagratoria en octubre próximo.

La orilla kirchnerista, hoy la principal bandera en condiciones de disputar las elecciones, sin embargo, no se lleva todas las bendiciones de la historia reciente. La situación actual emparenta a Cristina Kirchner con Menem, el único que en los últimos siete comicios presidenciales se presentó a elecciones luego de haber estado fuera del poder y las ganó. Ocurrió en 2003, cuando sacó más votos que Néstor Kirchner, pero abandonó antes de llegar al ballotage porque su alta imagen negativa lo conduciría a la derrota. Es una herencia que pesa hoy sobre la expresidenta.

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