Megacausa de facturas truchas, a juicio oral

Surgen pistas sobre una evasión de Yabrán
Hugo Alconada Mon
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23 de agosto de 2011  

La megacausa Viazzo, de facturas truchas, llegó a la instancia oral. Recaló en el Tribunal N° 3 en lo Penal Económico, que se apresta a emplazar a la fiscal y a las defensas para que planteen las últimas pruebas u objeciones antes de la apertura de las audiencias para juzgar a algunos de los miembros de la presunta asociación ilícita acusada de facilitar una de las mayores evasiones tributarias en la historia del país, por más de $ 600 millones.

El presunto jefe de la "panadería", Roberto Viazzo, continúa prófugo, mientras crecen las sospechas sobre algún tipo de protección que recibiría de las fuerzas de seguridad. Pero su mujer, Silvia Noemí Hernández, y un puñado de colaboradores sí se encaminan hacia el banquillo, indicaron fuentes judiciales a La Nacion.

El tribunal, conformado por Luis Imas, Horacio Artabe y Karina Perilli, recibió el expediente que había recalado en otro tribunal, el N° 1, mientras que otros tramos de la pesquisa, dividida por grupos emisores de facturas -como "MKT"- y grandes empresas beneficiarias, continúa su marcha en primera instancia.

Los investigadores centran sus esfuerzos en la labor de varios protagonistas o "intermediarios" que tienen un eje en común: el Hindú Club. Entre ellos el fallecido líder del "MKT", Osvaldo Díaz de Vivar, el entrenador Augusto Antonio Gauthier y Diego Evaristo Díaz Bonilla, conocidos como "Barba", "Bocha" y "Dios".

Díaz Bonilla acumula años en el negocio de las facturas apócrifas. Tantos, que durante los 90 se encargó de conseguirle remitos falsos a una de las empresas vinculadas al ícono de aquellos años: Alfredo Yabrán, según reconstruyó La Nacion sobre la base de documentos judiciales, tributarios y tres testimonios.

Díaz Bonilla, quien reconoce su "amistad" con el jefe de Gabinete del ministro Julio De Vido, José María Caula, negó ante la Justicia todo rol en la emisión de facturas apócrifas. Pero quedó expuesto por primera vez el 18 de octubre de 1994, cuando la DGI detectó movimientos sospechosos en la firma para la que trabajaba.

La DGI ordenó una inspección en la Consultora de Bancos y Empresas, una firma real presidida por Manuel Ruiz, quien se topó con la sorpresa de que Díaz Bonilla había emitido facturas por cientos de miles de pesos/dólares sin informarle. Así surge, incluso, de una carta de Díaz Bonilla de enero de 1995. "Les he hecho saber claramente a ellos que vos desconocías e ignorabas total y absolutamente la existencia de dichas facturas, no habiendo tenido nada que ver con su creación, confección o circulación", escribió, de puño y letra, con lo que eximió de toda culpa a su socio de un embrollo singular con la DGI y Yabrán.

"Un yerro"

La carta, aunque dirigida a Ruiz, tenía como destinatarios finales a la DGI, a Juncadella y, llegado el caso, a la Justicia, donde Ruiz había radicado una denuncia penal, que con el número 9688 quedó en el Juzgado Nacional en lo Correccional N° 6.

Ante la consulta de La Nacion, Díaz Bonilla confirmó la existencia de aquella denuncia, volvió a deslindar "absolutamente" a Ruiz y minimizó lo ocurrido. "Cometí un yerro al no reportar operaciones, pero pagué la moratoria y se terminó el tema."

Juncadella, sin embargo, tomó medidas. El 28 de diciembre de 1994 se presentó ante la DGI, recalculó sus obligaciones tributarias retroactivas hasta 1990. Según Díaz Bonilla, el "yerro" rondó los 40.000 a 50.000 pesos/dólares. Pero según los formularios impositivos de la firma que cotejó La Nacion, llegó a 600.000 pesos/dólares.

Consultado para esta nota, Ruiz se excusó. "No me quiero meter con esto. Hable con mi abogado", dijo, en tanto que su letrado -el mismo que radicó la denuncia penal en 1994- se limitó a confirmar la veracidad de los documentos obtenidos por La Nacion, pero declinó responder preguntas.

Al ser indagado ante la Justicia, en tanto, Díaz Bonilla negó todo vínculo con las "panaderías" montadas por Viazzo y Díaz de Vivar, minimizó sus vínculos con Caula y el entorno de De Vido. Y, por sobre todo, calló aquel episodio de los 90 con Yabrán.

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