Monedas en el aire entre dos concepciones de país

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
La polarización electoral es el reflejo de una sociedad dividida y sin un mínimo consenso sobre el tipo de política económica para el futuro
Fuente: LA NACION
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11 de agosto de 2019  

Las PASO de hoy son un costoso simulacro preelectoral, que los analistas de mercados locales e internacionales ya consideran como una prueba de clasificación para los verdaderos comicios presidenciales del 27 de octubre (o el balotaje del 22 de noviembre). A la hora de prever qué podría ocurrir hasta entonces con el dólar y el riesgo país, no les interesa tanto qué lugar podrían ocupar ahora el macrismo y el kirchnerismo en los dos primeros puestos, sino la diferencia de votos y si podría ser revertida o no en las siguientes instancias.

Si no surgen sorpresas y se confirma la extrema polarización entre ambas fuerzas políticas que anticipan las encuestas- que dividen por mitades a más del 80% del electorado-, es como un partido de ida que deberá definirse por diferencia de goles en el de vuelta. O bien en una final, si ninguna de las dos llega al 45% de los votos. Esta analogía no es caprichosa. Como está planteado el escenario electoral, podría hablarse de un voto "futbolero" en busca de un resultado inmediato: por Mauricio Macri para que Cristina Kirchner no vuelva al poder; o por Alberto Fernández para que el Presidente no sea reelecto.

Cada cierre de campaña fue dirigido a la propia tribuna local, para que la visitante la mire por TV. El oficialismo, al plantear el antagonismo entre un pasado económicamente insostenible y un futuro supuestamente mejor basado en inciertas reformas estructurales, tras asociar el cambio al despliegue de importantes obras públicas que llevaron tiempo para mostrar el resultado. El kirchnerismo, con el manual populista de opciones entre el bien y el mal, como jubilados vs. bancos; producción vs. especulación; empleo vs. cierre de empresas, pero sin explicar de dónde saldrían los recursos. Tampoco hubo autocrítica sobre la inflación ni la corrupción en los mensajes de uno y otro espacio. Para los indecisos y/o decepcionados, una mirada más objetiva y desapasionada indica que la fórmula F-F vuelve a apuntar al "viaje ahora y pague después" propio de la era K; y que, a la inversa, Macri-Pichetto propone "pagar ahora para viajar más adelante", aunque con algunas vitaminas para estimular el consumo.

Por ahora, lo único que predomina es la incertidumbre electoral. La moneda está en el aire y tarde o temprano habrá de caer en uno u otro lado de la grieta política.

El principal problema a futuro es que esta polarización -similar a la previa de un "superclásico"- muestra dos concepciones diferentes y diametralmente opuestas sobre el tipo de sistema institucional y económico al que aspira una sociedad virtualmente partida en dos. De ahí que queden relativizados el "juntos" y el "todos".

Una parte cree que el gasto del Estado debe reducirse porque debilita al sector privado con su alta dosis de impuestos; y otra que reclama más gastos aunque los recursos no alcancen. Una que es imposible crecer sin mayores inversiones y exportaciones con valor agregado y otra que es posible "vivir con lo nuestro" y empujar el consumo, aunque la recurrente escasez de dólares desemboque en devaluaciones, mayor inflación y pobreza. Una se convenció de que no es posible lograr resultados diferentes haciendo siempre lo mismo; y otra apuesta a volver a un pasado mejor por más que no pueda repetirse sin desembocar en otra crisis. Macri trató incluso de arbitrar entre ambas posiciones y fracasó con su estrategia gradualista de financiar con abundante endeudamiento externo una lenta baja del déficit fiscal. El corte del crédito gatilló la crisis cambiaria de 2018, lo obligó a recurrir al FMI y a acentuar el ajuste en el último año y medio, a costa de abultar la deuda y la inflación. Por eso privilegió los avances en la inserción argentina en el mundo, así como cuestiones sectoriales o extraeconómicas que lo ubican en las antípodas de los usos y costumbres del kirchnerismo, que le cajoneó la ley de extinción de dominio para casos de corrupción y narcotráfico o el uso de la boleta electrónica electoral.

No hay tampoco un mínimo consenso político ni social sobre cómo la Argentina podría ser un país "normal", después de décadas de políticas pendulares y una inflación crónica de dos dígitos anuales salvo cortos períodos. Ni tampoco sobre cómo encarar una estrategia de crecimiento sostenible, con una economía que mostró variaciones positivas en solo tres de los últimos ocho años y cerrará 2019 con un PBI por habitante 10% inferior al de 2011. Este período incluye la gestión de Macri y el segundo mandato de CFK.

En una retrospectiva más amplia, la Argentina arrastra varios dilemas sin resolver en lo que va del siglo XXI y condicionan el futuro de la economía.

Uno es si mantendrá o erradicará el bimonetarismo, donde el peso se utiliza para gastos cotidianos y el dólar para ahorrar, en gran medida fuera del circuito económico. Juan José Llach planteó días atrás en LA NACION que, para dejar atrás este esquema y su correlato de periódicas crisis económicas, se necesita un compromiso político con la disciplina fiscal; persistir en un plan de estabilización; cumplir con los contratos externos e internos; mantener un tipo de cambio flotante; evitar el movimiento irrestricto de capitales de corto plazo y profundizar el desarrollo del mercado financiero en pesos, indexados y no indexados.

Otro, directamente relacionado con el anterior, es lograr un Estado financiable, que aleje riesgos de default, permita bajar la sobretasa de riesgo país, renovar vencimientos de deuda y reducir su peso con relación al PBI. Llach propone en este frente aumentar la productividad del gasto para reducir el peso muerto del Estado sobre la sociedad y la economía. Hasta lograr la solvencia fiscal -añade- el gasto público debe crecer menos que el PBI. Si el producto bruto creciera al 4% anual y el gasto al 1%, en cinco años su peso se reduciría en 5 puntos del PBI y lo llevaría al nivel de los países emergentes (32,3%), con lo cual podrían rebajarse los gravámenes a las exportaciones y la inversión. También plantea la necesidad de reducir la evasión y eliminar los impuestos distorsivos, que suman 12% del PBI.

La eficacia de un plan de estabilización basado en disciplina fiscal y monetaria requiere además de políticas para frenar la inercia inflacionaria y desindexar contratos y ajustes tarifarios. Pero su alcance debería extenderse a un programa de crecimiento con eje en la inversión y las exportaciones para generar un mayor ingreso genuino de divisas y mejorar la solvencia externa.

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea puede ser una oportunidad al establecer reglas comerciales previsibles, que obligarán a la Argentina a bajar costos para aumentar la competitividad y eliminar a fin de 2020 la desventaja que significan los derechos de exportación. Otra es el desarrollo de Vaca Muerta, donde el oficialismo y economistas del kirchnerismo, al menos a título personal, coinciden en la necesidad de una política de Estado a largo plazo para promover mayores inversiones. Aquí un problema son los precios en dólares de la energía y las tarifas indexadas por la inflación pasada.

Los desafíos que tiene por delante la economía argentina son enormes. Sobre todo en 2020, cuando dejará el "andador" del FMI (que hasta ahora desembolsó más de 90% del préstamo récord), deberá colocar deuda por alrededor de US$24.000 millones y al año siguiente deberá comenzar a reembolsar la asistencia del organismo. Esto será más complicado si previamente no vuelve a los mercados externos, cada vez más volátiles debido a la guerra comercial entre los Estados Unidos y China. A lo sumo, la oposición habló de renegociar el acuerdo con el Fondo para extender plazos. Pero la contrapartida será agregar reformas estructurales en materia previsional, tributaria, laboral y de independencia del Banco Central, que deberían ser aprobadas por el Congreso; cuya composición -vale recordarlo- se definirá en la primera vuelta del 27 de octubre.

Aquí se abre una grieta diferente. Mientras la estabilización macroeconómica ingresó al segundo año del jardín de infantes, tanto el oficialismo como el kirchnerismo presentaron sus campañas como si ya estuviera cerca el viaje de egresados... de la secundaria.

nestorscibona@gmail.com

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