Mundo pyme: entre los incentivos y los asuntos pendientes

La ley de promoción de las micro, pequeñas y medianas empresas aprobada en 2016 dispuso varias medidas para alentar la actividad y reducir cargas impositivas; sin embargo, los altos costos de servicios, como la logística, y las importaciones en algunos sectores son obstáculos para este segmento de la economía
Sofía Terrile
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25 de febrero de 2018  

Una librería de barrio y una exportadora de congelados pueden distar mucho en sus modelos de negocios y en la tecnología incorporada a su actividad, pero no se distinguen por su clasificación básica: ambas son pymes. En la Argentina, el 99% de las empresas es micro, pequeña o mediana. En este segmento está el 70% del empleo privado, según las cifras del Ministerio de Producción, que indican que en este universo hay 853.886 unidades económicas. Mientras el Gobierno continúa con los planes de desburocratización, facilitación de acceso al crédito e incentivos fiscales (otorgados, por ejemplo, por la ley pyme aprobada en 2016), este grupo de empresas todavía espera definiciones básicas a nivel macro para orientar sus estrategias.

"La Argentina necesita 300.000 pymes más, y según las estadísticas, de 10 que arrancan, sobreviven dos o tres. Para poder tener esas 300.000 más, necesitamos que se creen un millón", afirma en diálogo con LA NACION Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y Pymes de la Nación.

Si se trazara el mapa geográfico actual de las pymes, en el detalle se verían varios puntos pequeños ubicados muy cerca de los grandes centros urbanos del país. La Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba tienen en sus territorios al 73% de las pymes, según destaca un análisis de la consultora Claves Información Competitiva. Al mismo tiempo, casi el 75% de esas empresas tiene de uno a cinco empleados.

La resolución de la Secretaría Pyme que establece los límites para que una empresa sea considerada micro, pequeña o mediana, fija diferencias en la facturación tope según el sector del que se trate. Así, las ventas anuales no pueden superar los $3 millones en la actividad agropecuaria para ser una microempresa, a la vez que pueden ser de hasta $900 millones en el caso de una empresa mediana (tramo 2, es decir, el más cercano a una empresa grande), del rubro comercial.

Las intenciones del Gobierno para promover estas empresas -tanto para agilizar su creación como para reducir sus costos o ayudarlas a acceder a préstamos- chocan con obstáculos relacionados con la informalidad. Según Nelson Pérez Alonso, director de Claves, en los últimos diez años se crearon y se dieron de baja unos 500.000 CUIT. "Esto es por la mortalidad y también por la informalidad. Muchas empresas cierran sus CUIT y abren nuevos, ya que la presión impositiva y la contingencia laboral hacen muy difícil la continuidad en el tiempo", expresa el analista.

En estos tiempos, las pymes tienen varios frentes abiertos. Por un lado, los altos costos de producción que aún no bajan. Por el otro, una apertura gradual de la economía que obliga a reacomodar estrategias. Finalmente, está la realidad de la fuerte caída del consumo en 2016: nueve de cada diez pymes están concentradas en el mercado interno.

Según explica Pérez Alonso, dos terceras partes de las pymes están focalizadas en los sectores de comercio y servicios, "donde la inflación y la caída del poder adquisitivo se hicieron sentir durante 2016 y parte de 2017". A pesar de las "buenas intenciones" del Gobierno, dice el consultor que todavía no se nota el impacto, porque la demanda agregada "comenzó a repuntar recién en el tercer trimestre" del año pasado.

"Más del 90% de las pymes depende del mercado interno, y muchas han hecho un esfuerzo enorme en estos dos años para mantener niveles de actividad y ventas en detrimento de la rentabilidad", añade Eduardo Fernández, presidente de la Comisión Directiva Nacional de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme). Y añade que "falta orientación estratégica" del Estado para saber cuáles son los sectores que se impulsarán y cuáles no, para poder definir qué sucederá en los próximos años con cada actividad. "No tener claro cuál es la política industrial nos desorienta", agrega el dirigente.

Los costos fabriles

En la Unión Industrial Argentina (UIA) calculan que, en 2017, la actividad fabril avanzó un 1%, después de un 2016 en el que se había registrado una caída de 4,9%. Sin embargo, si se observa la radiografía de manera más detallada, resulta que no todos los rubros evolucionaron de igual manera. En el rubro de los minerales no metálicos como el cemento hubo un crecimiento de 12,8% y en el de los metales básicos, como el acero y el aluminio, de un 10%. Se trata de dos ramas industriales en las que tiene protagonismo grandes compañías. En cambio, entre los sectores que tuvieron caídas más significativas estuvieron el textil (-6,7%) y el de la edición y la impresión (-1%): en estos casos sí es más frecuente encontrar pequeñas y medianas empresas.

Las pymes industriales sufren hace años el "costo argentino" acrecentado por la falta de escala. Tomás Canosa, jefe del departamento Pyme y Desarrollo Regional de la UIA, pone el foco en un desafío reciente. "Uno de los puntos más delicados es lo que pasó con el punto del decreto 814 eliminado en la reforma tributaria, que era beneficioso para los sectores productivos más alejados de los grandes centros urbanos, porque permitía computar un porcentaje de las contribuciones patronales como crédito fiscal en el IVA", resalta el economista.

Al estar concentrados los grandes centros de consumo y los grandes proveedores, el federalismo en las pymes es una utopía cada vez más difícil. A la quita de beneficios del citado decreto se suman los costos de logística, dice Canosa, aunque agrega que la estrategia multimodal que propone el Gobierno está bien encaminada y que, además, podría relacionarse con una medida activa para las pymes industriales: "La obra pública mejora la competitividad de toda la economía, pero además puede traccionar la producción nacional por las compras públicas y también por los proyectos de participación público-privada, cuya ley indica que la contratante deberá fomentar la participación de pequeñas y medianas compañías", apunta.

Sobre el total de pymes del país, 10,2% son del rubro industrial, en tanto que el 42,3% son de servicios y el 31,4%, de comercio. Otro poco más del 10% se dedica a actividades agropecuarias y, finalmente, 5% se vuelca a la actividad de la construcción, según datos publicados por la Secretaría Pyme.

Empleo y financiamiento

Si bien el protagonismo de las pymes en el empleo privado es sustancial, el 92% de estas empresas tiene menos de 20 empleados, de acuerdo con la consultora Claves. Pérez Alonso, aclara que, a su juicio, eso se debe a falta de diferenciación en el costo fiscal para distintos tamaños de las dotaciones de personal. "Las pymes pagan lo mismo por Ganancias que una compañía grande que, finalmente, termina tercerizando la informalidad por contratación de pymes", apunta.

"Si no hay escalonamiento en el tema fiscal, va a seguir existiendo la concentración de empresas. Hoy a una pyme no le conviene crecer en la Argentina. Supongamos que hay una farmacia a la que le está yendo bien y su dueña decide abrir otra. Lo más probable es que pierda rentabilidad en proporción, es decir, que facture más pero que gane menos. Ahí podría salvarla el financiamiento, pero hoy hay una tasa de interés que no lo hace viable, por lo que todo se transforma en un círculo vicioso", resume Pérez Alonso.

Mientras el mercado de capitales aguarda la luz verde legislativa para comenzar la reforma sobre ese tema, las pymes siguen con algunos desafíos para obtener créditos que las ayuden a financiar sus proyectos productivos. De acuerdo con estadísticas del Banco Central, el crédito a las pymes representó en diciembre de 2017 el 19,4% de la cartera total, un porcentaje que se mantiene más o menos similar al menos desde el año 2013.

Las pymes de la actividad tecnológica se encuentran con un obstáculo extra: "Cuanto más te acercás a una industria del conocimiento, menos preparados están los bancos para dar créditos a esas compañías que no tienen activos. Cuando van a pedir uno, les responden '¿y contra qué te doy el respaldo?'. Para ellas son una mejor opción las iniciativas de crowdfunding [el financiamiento colectivo] o de la Bolsa, pero todavía falta un camino por recorrer", expresa Hernán Etiennot, director de Célula PyME, del IAE Business School.

Respecto de los inconvenientes con aquellas empresas que están "flojas de papeles" para acceder a un crédito, Mayer dice que desde la secretaría que está a su cargo se intenta "simplificar trámites" y bajar la presión impositiva, mientras que añaden incentivos de financiamiento para que sean una especie de "carnada" y así formalicen sus cuentas. En este sentido, señala el rol del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y del ecosistema fintech, en referencia a los proyectos que combinan servicios de finanzas y tecnología. "Ya regulamos el crowdfunding y hoy hay emprendimientos que dan préstamos en dos clics y con un scoring por Internet", puntualiza el funcionario del Ministerio de Producción.

Cadenas globales

Marcelo Elizondo, CEO de la consultora DNI, destaca que las pymes son las que más sufren un problema sistémico de todo el sector de comercio exterior argentino: "Solo el 30% de nuestras exportaciones ingresa en cadenas globales de valor. Las empresas exportan a la vieja usanza, con vínculos ocasionales. Esto es un obstáculo, porque las pequeñas y medianas empresas subsanarían de la otra manera sus dificultades de escala con el establecimiento de relaciones estables. Esto es tener socios más que clientes", resalta.

En esto también juegan las variables macro: Elizondo destaca que la Argentina tiene acuerdos comerciales con países que representan menos del 10% de la economía global, mientras que en el caso de Chile ese porcentaje asciende hasta el 70%. Al mismo tiempo, recomienda a las pequeñas y medianas empresas aprovechar las ventajas de reunirse en grupos. Destaca el caso de Italia, "el país en el que las pymes han tenido más éxito en comercio internacional", y el rol que tuvieron las asociaciones y conglomerados de firmas.

"Las asociaciones permiten generar una escala que las pequeñas y medianas empresas de por sí no tienen y aprovechar el flujo del comercio mundial hoy, en el que aproximadamente un tercio son exportaciones de multinacionales intrafirma, un tercio son de productos finales y otro tercio lo conforman las operaciones de compañías que no son multinacionales, lo que es un potencial espacio para las pymes argentinas", dice.

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