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Nada peor que lo incierto

Por Germán Sopeña De la Redacción de La Nación
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23 de marzo de 2000  

La mejor noticia del diario de ayer fue enterarse que, en realidad, no era cierto que había un éxodo de empresas argentinas a Brasil.

La peor noticia, en cambio, es darse cuenta de la superficialidad y la falta de rigor con que funcionarios, políticos, dirigentes empresariales y nosotros mismos, periodistas, hablamos y opinamos sobre bases totalmente incorrectas.

¿Con qué argumentos puede hoy defender la Unión Industrial Argentina su legítima preocupación por las empresas si, en realidad, su principal ariete era básicamente inexacto?

¿Con qué datos reales cuenta el Gobierno si sus principales representantes no sabían hasta ayer que, en verdad, había un gigantesco equívoco al respecto? Y si lo sabían, ¿por qué nunca lo expusieron con la claridad y la vehemencia que hacía falta?

¿Con qué credibilidad pueden opinar quienes toman posición, de un lado o del otro, si no se dispone de datos fidedignos, números concretos e información debidamente comprobada?

Puede argumentarse que debates de este tipo son los que encienden con más facilidad los apasionamientos. Pero eso no sería más que un consuelo burdo e injustificable. Precisamente, porque se trata de una cuestión de la mayor importancia para el país y la región, todos los sectores involucrados deberían estar obligados a actuar con la máxima responsabilidad en el uso de cada término, de cada estadística, de cada nombre que se menciona.

Inmadurez

Hay, además, un curioso rasgo de inmadurez en toda la cuestión. Para la emoción fácil de muchos ciudadanos argentinos, resulta incómodo que una empresa extranjera se radique en el país. "Se quedan con todo", se oye a menudo, aunque esa forma de nacionalismo económico ha perdido vigencia con los años. Pero, al mismo tiempo, también molesta que una empresa argentina decida invertir en el exterior. "Se van a dar empleo en otro país", se arguye, entonces, en tono quejoso.

Nadie parece recordar, en ese caso, que los principales países del mundo crecieron cuando sus empresas comenzaron a mirar el mundo externo, viajar e invertir en otros países, sin que los ciudadanos de esos países se rasgaran las vestiduras porque "sus" empresas daban trabajo afuera.

Quizá cuesta trabajo entender el mundo internacionalizado. Quizás es difícil absorber la velocidad con que cambian las necesidades de las empresas y las voluntades de los mercados. Quizá nadie quiere acostumbrarse, en el fondo, a que nos encaminamos hacia un mundo de inevitable competencia no ya entre distintas economías nacionales, sino también entre distintas economías provinciales dentro de un mismo país y hasta entre distintos municipios en una misma provincia.

Pero si cabe extraer una conclusión principal de todo el episodio del falso éxodo a Brasil es que para resolver un problema que indudablemente existe, la mejor receta es actuar sobre datos serios y reales.

Responsabilidades

La primera responsabilidad le cabe al propio Gobierno, porque nadie puede olvidar que hasta el ministro de Economía, José Luis Machinea, quedó atrapado en el clima de la supuesta fuga descontrolada y llegó a decir que "se está frenando el proceso", dando así por cierto un fenómeno que, en realidad, nunca existió como tal.

Tampoco habría que cerrar ahora la página y dejar que el problema verdaderamente se produjera cuando todo el mundo ya mira para otro lado. Sólo se trata de actuar, en todo momento, con seriedad y datos verdaderos en mano.

Así creció la Unión Europea, a pesar de innumerables conflictos menores. No hay otro camino para el Mercosur.

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