Solo sé que no sé casi nada

Martina Rua
Martina Rua PARA LA NACION
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26 de septiembre de 2020  • 01:32

El periodista científico Brian Resnick, investigó para el medio Vox, cómo en las últimas décadas los papers científicos han sumado gran cantidad de errores y cuál es la actitud de sus autores ante esto. Son ellos quienes tienen acceso privilegiado a la información sobre cómo se realizó el estudio y cómo se analizaron los datos. Por lo tanto, podrían detectar problemas teóricos y metodológicos sustanciales que no son tan visibles para otros investigadores o para la sociedad. Sin embargo, salvo algunas excepciones, es muy poco común encontrar declaraciones públicas de que se ha perdido la confianza en los propios hallazgos previos, en reconocer equivocaciones o en expresar desconocimiento, a pesar de que la ciencia en su conjunto se beneficiaría de tales afirmaciones.

Este ejemplo de los papers científicos podemos pensarlo también en cada uno de nuestros trabajos. ¿Quién se anima a decir no sé o me equivoqué? Resnick habla del valor de ejercitar la humildad cognitiva o humildad intelectual, que se trata de reconocer que las cosas en las que creemos pueden estar equivocadas. Practicar la humildad cognitiva no es menospreciarse. En cambio, es un método de pensamiento. Se trata de considerar la posibilidad de que pueda estar equivocado y estar abierto a aprender de la experiencia de los demás. La humildad intelectual se trata de sentir curiosidad por los puntos ciegos propios. Un ejemplo se encuentra en el método científico, donde se trabaja activamente contra la propia hipótesis, intentando descartar cualquier otra explicación alternativa para un fenómeno antes de llegar a una conclusión. Se trata de preguntarnos: ¿Qué me estoy perdiendo?

Esta humildad está asociada con otros rasgos de carácter valiosos: las personas que obtienen una puntuación más alta en los cuestionarios de humildad intelectual están más abiertas a escuchar puntos de vista opuestos y buscan más fácilmente información que entra en conflicto con su visión del mundo. Prestan más atención a la evidencia y tienen una mayor conciencia de sí mismos cuando responden una pregunta incorrectamente. Esto me hizo acordar a uno de los principios de la cultura corporativa de Netflix. Hace un par de semanas tuve la posibilidad de entrevistar al CEO y cofundador, Reed Hastings, sobre cómo elige sus talentos y fue tajante: "no toleramos imbéciles brillantes". Dentro de la descripción de quienes consideraba dentro de ese grupo, habló de personas que a pesar de su excelencia o gran talento, no escuchan a las demás, tienen egos exacerbados, son los dueños de la "única verdad" y que no están dispuestos a aprender y colaborar en equipo. Suena a que Hastings no acepta empleados sin humildad cognitiva.

"Decir no sé o me equivoqué por un lado nos vulnerabiliza y eso es incómodo, y por otro lado, pensando desde el ambiente y el contexto, porque tiene penalización social. A nivel humano, no se suele valorar el 'no sé' como una muestra de honestidad y de ser genuino, y en el plano laboral, los incentivos explícitos y tácitos suelen estar en contra de reconocer el error o que algo no se sabe. El ecosistema está dado para no hacerlo y animarse, es ir en contra de la corriente", comparte Guadalupe Nogués, PhD en Biología, docente y comunicadora, autora del libro Pensar con otros, una guía de supervivencia en tiempos de posverdad.

Para poder equivocarse o reconocer que algo no se sabe, algo que en ambientes innovadores es usual y deseable como proceso de creación, es necesario contar con una red de contención donde rebotar al decirlo. En el libro Artful Making, what managers need to know about how artists works, de Robert Austin; se explica el concepto de un "espacio psicológicamente seguro", donde las personas sientan la tranquilidad de expresarme, de reconocer y aportar sin temor a ser juzgado o castigado al hacerlo. Son mecanismos, estructuras y actitudes que tienden un ambiente propicio a ejercitar esta humildad intelectual sin que sintamos temor a quedar expuestos.

Cada cosa que aprendo, cada persona que escucho que despliega mundos que me son tremendamente ajenos, me enseña de la gran ignorancia que tengo sobre casi todo. Y no, no es falsa humildad, es la más concreta y dura interacción diaria. Encima, por mi trabajo, tengo la fortuna de conocer a muchas personas interesantes y con proyectos que están aportando a la evolución y transformación de industrias, costumbres y sociedades. Muchas entrevistas o investigaciones desafían mis creencias previas, torean a mis convicciones y me muestran mis prejuicios. Hay 1000 océanos de mundos por aprender y reaprender, vamos por ellos.

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