Niegan que convenga mudarse a Brasil

Ejecutivos argentinos que trabajan en ese país aseguran que la fuga es un "mito", que los beneficios del traslado son de corto plazo y que operar allí es más costoso
Ejecutivos argentinos que trabajan en ese país aseguran que la fuga es un "mito", que los beneficios del traslado son de corto plazo y que operar allí es más costoso
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22 de marzo de 2000  

SAN PABLO.- Las empresas argentinas que en estos años expandieron sus operaciones al Brasil calificaron desde "absurda" hasta "loca" la idea de que es simple trasladar una empresa a este país.

"Quien se lance al Brasil sin pensar puede correr riesgos serios", le dijo a La Nación Norberto Ianuzzi, director de Sideco Brasil (Grupo Macri). "Brasil no es una panacea, hay dificultades como en la Argentina y las ventajas financieras de la devaluación son momentáneas. Lo que hay que hacer antes de venir es un riguroso estudio de mercado", consideró Ianuzzi, cuya empresa lleva cinco años en este país. "La discusión está en un plano más emocional que racional", comentó.

Para Alfredo Collado, presidente de Impsa do Brasil (Grupo Pescarmona), la agitación en torno del supuesto "éxodo" de empresas argentinas es ilógica. "Si alguien pone los supuestos beneficios impositivos y la donación de un terreno como la razón de su mudanza, se equivoca de cabo a rabo", expresó. Para el ejecutivo, cerrar las operaciones en la Argentina es igual a "quemar las naves de forma inconsciente. Va a perder el mercado que tenía en la Argentina y tal vez, por haber venido sin bases sólidas, no conquiste ningún mercado en Brasil".

La devaluación real de la moneda brasileña -si se le resta la inflación mayorista desde la quiebra del régimen de cambio fijo- no supera el 9 por ciento.

Desde el Brasil, el llamado "éxodo" se percibe de una forma casi irónica. Primero, porque nadie sabe en dónde se encuentran las empresas que supuestamente estarían llegando en masa. "No tenemos ningún registro de las empresas de las que habla el gobernador Ruckauf. Algunas empresas de autopartes, atraídas por sus propios clientes -las automotrices-, no constituyen un "éxodo"", le dijo ayer a La Nación Horacio Freire, presidente de la Cámara Argentino-Brasileña de Comercio.

Segundo, porque Brasil está lejos de ser el paraíso. Oscar Lascala, director en Brasil de la Pyme argentina Arcucci Hermanos, lo sabe bien. "Negocié un año de la misma forma que lo había hecho toda mi vida en la Argentina, y no me fue muy bien. Llevó mucho tiempo para empezar a entenderlos". Arcucci Hermanos fabrica rótulas y extremos, autopartes para vehículos. Hoy produce en la Argentina y exporta al Brasil 170.000 dólares por mes, casi lo mismo que vende en la Argentina.

Para Lascala, "hay una confusión muy grande: aun con impuestos subsidiados y con un terreno, habría sido un absurdo cerrar en la Argentina", opina Lascala. Y enumera las cosas que habrían tenido que hacer, y que tendría que hacer cualquier empresa que quiera formar parte del "éxodo": "Traer las máquinas e instalarlas, lo que demora unos tres meses, durante los cuales no facturás nada. Radicar la empresa, radicar las familias de los directivos que vengan, y la inversión no puede ser menor a 100.000 dólares, porque si no no se obtiene la radicación". Y luego, luchar para hallar los clientes que ya no tiene, lograr un sistema de distribución que funcione, entender cómo funciona la estructura productiva en un país muy diferente. "Acá dicen que se puede pagar la mitad o menos a un empleado, pero un trabajador en la Argentina produce dos veces y media más. Y con calidad".

Freire, dirigente de los empresarios argentinos que se instalaron en Brasil, advierte que no sólo la mano de obra es mejor en la Argentina. "El costo del capital es menor en la Argentina, la energía es más barata, los impuestos para personas jurídicas son más baratos (aquí hay impuestos en cascada, y la carga tributaria llega a 32 % del PBI), y las cargas sociales son más altas", deslizó Freire. El costo laboral llega al 45%, mientras que en la Argentina no supera el 35% de la masa salarial.

"No es facil venir al Brasil", asegura Santiago Crespo, director de Roggio do Brasil -que opera en San Pablo la empresa de recolección de residuos Cliba y administra rutas en diferentes partes del Brasil-.

"Antes de poner un pie acá hay que conocer muy bien el mercado, aprender mucho", dijo, asombrado por la dimensión que cobró el tema en la Argentina.

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