No es solo una pelea de chicos

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4 de noviembre de 2019  • 13:41

¿Ysi, en lugar de Bolsonaro , viniera Lula a la asunción de Alberto Fernández ? La mitad de esa situación hipotética está aclarada: ayer, consultado en la puerta del Palacio de la Alvorada, donde vive, el presidente brasileño confirmó su inasistencia. "No voy: decidido", dijo a los periodistas. Pero nadie en el Frente de Todos ha siquiera insinuado la posibilidad de una visita del líder del PT. No sería sencillo, por lo pronto: aunque Lula tiene muchas posibilidades de salir de la cárcel en los próximos días por decisión del Supremo Tribunal, debería también recibir autorización para viajar. "No creo que lo inviten. En el gobierno sería considerado una provocación", evaluaron diplomáticos de Brasil.

La ausencia de Bolsonaro será el gesto de una enemistad cuyos orígenes no están del todo claros y que se trasladó esta semana a un contrapunto por Twitter entre los hijos de ambos presidentes. Dicen quienes interactúan con el Palacio de Itamaraty que el brasileño no le perdona a Fernández la visita que le hizo a Lula en la cárcel antes de las primarias. Lo concreto está por ahora más en los efectos que en las causas: el conflicto amenaza la relación económica y geopolítica bilateral. Cristiano Rattazzi lo planteó el martes en la reunión de la Unión Industrial Argentina, cuando no habían pasado ni 48 horas de la celebración del Frente de Todos en el palco: una ruptura definitiva sería muy negativa para el sector productivo nacional.

Los socios del Mercosur vienen en realidad de un entendimiento inconcluso. Hace tres meses, cuando estuvieron en el país Bolsonaro y su ministro de Hacienda, Paulo Guedes, en el Gobierno les adelantaron a empresarios que, como gesto de buena voluntad hacia el mundo mientras discutían el acuerdo con la Unión Europea, Brasil y la Argentina empezarían a bajar el arancel externo común para listas de productos que de uno y otro lado llegaban a 150. Fueron solo conversaciones informales. Después vino la derrota de Macri en las primarias, dos corridas cambiarias y, el domingo pasado, el triunfo del Frente de Todos y dos saludos significativos: Cristina Kirchner felicitó a Evo Morales por haber sido reelegido, y Alberto Fernández , a Lula por el cumpleaños.

Lula divide a Brasil. Tiene una base importante de respaldo político y, al mismo tiempo, el rechazo de sectores gravitantes del establishment: las Fuerzas Armadas, los empresarios, la Justicia y el sindicato de camioneros. Cuando sobreactúa ante estas atenciones internacionales para con su adversario, Bolsonaro les habla en realidad a dos públicos al mismo tiempo. El más obvio: una base de votantes que siguen molestos por los casos de corrupción del PT y que, sumados a los evangélicos, orillan el 30% que necesitaría en un ballottage si quisiera ser reelegido en 2023. Hablarles a los propios, una costumbre de las administraciones de estos tiempos. El otro interlocutor es Trump, que ha elegido a Brasil como principal aliado en América Latina, un rol que alguna vez pensó para la Argentina de Macri y que los resultados del domingo terminaron de frustrar. El relevo es en rigor anterior al 27 de octubre: hace por lo menos 5 meses que los funcionarios de la Unión Europa advirtieron que, en las deliberaciones sobre qué países sumar a la OCDE, las preferencias norteamericanas viraban de Buenos Aires a Brasilia.

Bolsonaro no solo lo ha aceptado de buena gana, sino que pudo mostrarle a Occidente que no se acobarda al momento de emprender reformas impopulares como la previsional, que acaba de aprobar, y la tributaria, que se propone emprender. El rasgo tampoco pasa inadvertido al mundo económico: en medio de una región convulsionada y rezagada en crecimiento respecto del resto de los emergentes desde 2013 hasta hoy, Brasil recibió este año inversiones que antes iban a otros destinos y que al cabo de 2019 superarán el promedio anual de la última década. Paulo Guedes, su ministro de Hacienda, contagió de optimismo hace dos semanas a empresarios argentinos en una teleconferencia. "Es como era Cavallo para nosotros: un ministro con todas las atribuciones", dijo uno de ellos.

Son circunstancias que Alberto Fernández no ignora, y en las que Sergio Massa empezó a reparar después de sus últimas reuniones en Washington, de las que volvió con dos recomendaciones: sería inconveniente que la Argentina abandonara el Grupo de Lima y habría que cuidar la relación con Brasil. Es probable que Jorge Argüello, referente diplomático del presidente electo, le haya escuchado el mismo mensaje a Edward Prado, embajador en Buenos Aires, con quien estuvo hace pocos días.

La "brisa bolivariana", como la llamó Diosdado Cabello , perturba a EE.UU. Algunos republicanos la atribuyen al malestar que podrían estar ocasionando en Cuba las sanciones comerciales. Cuba es, además del tutor ideológico de Venezuela, una nación históricamente preparada para la resistencia. Hace unos días, en medio de los saqueos en Chile, fueron detenidos en Santiago 60 venezolanos armados con pistolas, seis de los cuales llevaban carnets del Sebin, el servicio de inteligencia bolivariano, y credenciales diplomáticas. Esta semana, en Terapia de noticias, por LN+, el periodista Daniel Santa Cruz le preguntó al legislador Leandro Santoro si creía que Maduro vendría a la asunción de Alberto Fernández. "No creo que venga", fue la respuesta.

He ahí el equilibrio que deberá transitar un nuevo gobierno que, como se esmeran en aclarar desde el lunes los massistas, es "una coalición". Si es que Fernández pretende despejar suspicacias que, según evaluaciones norteamericanas, exceden la espontaneidad regional. ¿Por qué sucesos tan locales han despertado un inusitado interés de las agencias de noticias de Rusia?, se preguntan. "Acepte mis más sinceras felicitaciones por su reelección como presidente de Bolivia", le mandó por carta el miércoles Putin a Evo Morales, que aceptó someter el escrutinio de los comicios a una auditoría de la OEA. El Departamento de Defensa norteamericano ha vuelto a poner especial interés en La Paz: cree que agentes de Hezbollah desplazados de Ciudad del Este recalaron en esa capital, desde donde abastecen con producción de coca a organizaciones terroristas brasileñas como Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital. Dos obsesiones de Bolsonaro.

El contexto le devolvió atractivo a la reunión que el Grupo de Puebla organizó para el próximo fin de semana en Buenos Aires.Fundada en julio en esa ciudad, esta versión atenuada del Foro de San Pablo ya recibió como invitados a Carlos Tomada, Jorge Taiana y Felipe Solá. Pretende reemplazar a la Unasur de Lula y Chávez, un proyecto que quedó literalmente en escombros: hasta la estatua de Kirchner fue removida de Quito porque el expresidente argentino no cumplía, según dispuso la Asamblea Nacional, con la imagen de transparencia requerida. Una visita del líder del PT excedería entonces la discusión entre dos presidentes o sus hijos: sería mostrarle al mundo que esos monumentos no han sido derribados.

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