"No soy el ministro de las sombras"

Afirma que la crisis se superará solamente si el Ejecutivo logra el apoyo "incondicional" de sus legisladores
Jorge Oviedo
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29 de octubre de 2000  

"No soy el ministro de Economía en las sombras", dijo en su estilo directo Domingo Cavallo, y aclaró: "Soy un dirigente político de la oposición que trata de ayudar al Gobierno para que conserve la unidad y consiga el respaldo que necesita para manejar la economía en un momento tan crítico".

Y cuando se le mencionó que tal vez lo que esté buscando sea la Jefatura de Gabinete, señaló: "Yo no estoy buscando cargos". Prometió que va a apoyar a Fernando de la Rúa y opinó que los problemas de la Argentina son más políticos que económicos, que hace falta que los legisladores de la Alianza muestren un "respaldo incondicional" a las políticas del Ejecutivo en los momentos críticos. "Es en esos momentos cuando hay que confiar en el Gobierno y respaldarlo. No se puede empezar a discutirle artículo por artículo los proyectos que se necesitan con urgencia", dijo en un reportaje con La Nación en el que no se refirió a la supuesta "dictadura de los medios" que mencionó en una convención de su partido (ver sección Política).

"Yo he estado insistiendo en que no hay sólo un problema de gestión, como se creía hasta hace algunas semanas. También hay uno político, que es más grave. El Gobierno no ha sido capaz de mantenerse unido y lograr el respaldo incondicional que necesita", diagnosticó.

Pero aclaró que el clima cambió la semana última, cuando el bloque de diputados de la Alianza acordó con sus pares de los partidos provinciales y de Acción por la República un dictamen para el presupuesto que permitiría concretar las rebajas impositivas anunciadas por Economía el lunes último.

"El hecho de que mucha gente piensa que yo sería el hombre adecuado para manejar la economía en una situación difícil llevó a todos estos rumores, pero ésa no fue mi intención. El mayor déficit de este Gobierno no está en el nivel de su equipo", indicó.

Negó terminantemente jugar con De la Rúa un papel similar al que jugó Alvaro Alsogaray en las presidencias de Carlos Menem.

Insistió en que hay muchas maneras de atraer más inversiones, y explicó que los funcionarios deben dejar de seguir diciendo que todo se hizo mal en los diez años de la anterior administración, porque así se ahuyentan los capitales. Propuso también una reforma tributaria que debería comenzar a regir el 1º de enero de 2002.

Su idea es simplificar el esquema impositivo, transformando "como propuso Juan Llach, en dos artículos en La Nación el IVA en un impuesto al consumo" y privatizando la recaudación tributaria.

"Cada lugar donde hay problemas representa una oportunidad de privatización", aseguró, al indicar que se debe hacer con los mecanismos estatales de recaudación una reconversión similar a la que se realizó con la ex Segba cuando él fue ministro de Economía. "Era una empresa que perdía $ 600 millones por año y la vendimos reestructurada en $ 2000 millones", recordó.

-¿Cree que cambió la situación de la Argentina en los mercados desde que se supo de su reunión con Alfonsín?

-Creo que la mejora del jueves y el viernes tiene que ver con muchas cosas, entre las que algo influyó la reunión mía con Alfonsín, lo mismo que la que tuve con Machinea, pero yo no quiero exagerar cuánto puede haber ayudado mi actitud. Creo que sí fue muy importante la demostración de agilidad por parte del Gobierno para buscar apoyo parlamentario para las medidas que había anunciado Machinea y la respuesta que le brindaron los legisladores de la Alianza y los de Acción por la República.

-¿No han sido muy cautas y quizás hasta mezquinas las manifestaciones de apoyo del FMI y del secretario del Tesoro de EE.UU.?

-El secretario del Tesoro, Larry Summers, dijo pocas palabras, pero muy importantes para el que sepa interpretarlas. Es importante que el Gobierno las interprete bien. Dijo que la Argentina no tendría que tener problemas de financiamiento porque hizo muy buenas reformas en la década del 90. Nos está diciendo que presentemos ante el mundo las reformas de la década pasada como un activo. Si el Gobierno les dice a los inversores que, además de toda la deuda, tenemos un pasivo adicional que son diez años de errores económicos, va a generar temores y no nos van a prestar un peso.

-¿Es aquí donde falta apoyo?

-Yo he dicho que el problema del Gobierno no era de gestión, como se decía, sino político. La renuncia de Carlos Alvarez lo debilitó, no hay ninguna duda. Fue una crisis política de características institucionales muy grave. Hay que superar esa debilidad.

-Hay quien creyó que para generar confianza le daría el manejo de la Economía.

-Es un error. Yo no soy el ministro de Economía en las sombras. Actúo como un político de la oposición tratando de ayudar en una situación tan crítica. He jugado más el papel de un político de la oposición responsable que el de un especialista en economía.

-Se parece a lo que Alsogaray fue para Menem...

-No, no, no. Yo siento que puedo jurar un rol como el que en algunos momentos críticos jugó Jacques Rueff con Charles de Gaulle, en Francia. Mi experiencia de haber manejado dos crisis más difíciles que la actual me dice que fueron clave el fenomenal respaldo político que tuve de Menem. También que logramos un fenomenal respaldo parlamentario para sacar leyes importantísimas en semanas y que yo pudiera anunciar cosas y ponerlas enseguida en práctica. Le doy valor al respaldo político, porque cuando denuncié corrupción y mafias carecí de él y sufrí muchísimo.

-¿La falta de unión de la Alianza fue el problema?

-Hace unas semanas quién veía lo que los legisladores de la Alianza proponían en los programas de televisión no podía menos que asustarse. Esta semana se notó un grado mayor de apoyo, porque la sensación de crisis los habrá llevado a apoyar al Gobierno.

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