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Normalizarán en el país el movimiento de ganado

Será a partir del 18 de septiembre si no hay señales del virus
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29 de agosto de 2000  

Las buenas noticias suelen ser sepultadas por las malas, como la que se corresponde con la fotografía que publicamos arriba de este texto.

En el lugar que aparece en ese impresionante testimonio gráfico, obtenido el sábado último en Rio Grande do Sul, está literalmente a punto de ser enterrado un alto número de vacunos, como consecuencia del segundo brote de aftosa que afectó al Brasil en menos de una semana.

Pero desde el 2 del actual, en que diez animales fueron liquidados en Formosa como consecuencia de haberse detectado en ellos anticuerpos del virus, ninguna otra manifestación de serología positiva se ha producido en territorio argentino.

En las últimas semanas, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) ha hecho once mil muestras de sangre en vacunos, todas con resultado negativo, dijeron fuentes oficiales a este diario.

Ahora, el campo y el Gobierno siguen con atención lo que suceda de aquí al 17 de septiembre, cuando venza el período de inmovilización de tropas de invernada dispuesto en todo el país. Y, de no haber novedades, el 18 se tom arán las siguientes medidas:

  • Retorno a la normalidad en el movimiento de hacienda.
  • Prolongación de restricciones en las áreas sobre las cuales se ha concentrado la vigilancia en la frontera norte-nordeste.
  • Comienzo de una nueva etapa de negociaciones con los países importadores de carnes argentinas y envío de una delegación a la Oficina Internacional de Epizootias, en París.
  • Hasta el presente, las autoridades han hecho cuatro denuncias judiciales, fundadas en testimonios de diversa procedencia: en Corrientes, Paso de los Libres, Formosa y Chaco.

    Ese dato trasmite, sin embargo, una idea pobre del cuadro de situación que se han ido trazando los funcionarios del Senasa desde que estalló el escándalo de los diez animales que debieron ser sacrificados en Formosa.

    En medios de primer nivel del Senasa se aseguró ayer a La Nación que hay una suma de indicios indicativos de que el ingreso ilegal de hacienda en el país es de proporciones enormes. Y que también lo es, por consiguiente, la trama de complicidades que existiría, según se va infiriendo, entre hacendados, algún consignatario "que no es aquel cuyo nombre estuvo circulando días atrás", transportistas, frigoríficos, matarifes y efectivos de seguridad en zonas de frontera.

    Entre los elementos de investigación más valiosos, se encuentran los documentos de transporte de hacienda y los informes policiales de cruces de rutas interprovinciales.

    Un funcionario que pidió a La Nación no dar su nombre fue amenazado de muerte en las últimas horas. Se le advirtió telefónicamente que deponga su entusiasmo por poner al descubierto la trama de un mundo que involucraría anualmente mucho más de los diez mil vacunos que, de acuerdo con estimaciones generalmente aceptadas, ingresan de manera ilegal en la Argentina.

    Se habla de contrabando, pero en realidad no hay manera de ingreso legal de hacienda vacuna desde Paraguay o Bolivia. Es así porque las normas impiden ese paso desde abril de 1999, un año antes de que la Argentina fuese declarada país libre de aftosa por la Oficina Internacional de Epizootias (OIE).

    El aliciente económico para quebrantar la ley es rotundo: un kilo de hacienda en pie cuesta en Paraguay 50 centavos, y en la Argentina, casi un peso. Y, hasta ahora, ha sido de fácil realización: es inmensa la zona fronteriza en la cual se puede ingresar por el norte hacienda al amparo de montes comunes o espacios abiertos carente de vigilancia.

    ***

    Antonio "Pacheco" Berhongaray, secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación se reunirá el próximo viernes, en Porto Alegre, con los ministros de Agricultura y Ganadería de Brasil, Uruguay y Paraguay. Debatirán iniciativas a fin de poner a la región lo más lejos posible de una crisis que está dañando a países que realizaron, como el nuestro, grandes esfuerzos para obtener la declaración internacional de que su territorio está libre de aftosa.

    Estos días, la Argentina entregó a Bolivia 350.000 unidades, sobre una partida total que llegará a las 500.000 vacunas, destinadas a la población animal de áreas próximas a la Argentina.

    Contagio

    El virus de la aftosa puede ser trasladado de un lugar a otro por el aire, el agua, las ruedas de los camiones y de otras muchas formas, pero son tantos los intereses económicos en juego y la severidad de las normas internacionales en vigor, que los países están obligados a agotar toda posibilidad de evitar la enfermedad.

    Se está pensando en alambrar algunas partes de la frontera Norte y en el despoblamiento de ciertas áreas a cambio de arrendamientos forzosos en otras partes, con la consiguiente compensación a los ganaderos afectados.

    Ultimamente, se han producido en el mundo brotes que han llamado la atención de los biólogos: uno, en Japón, después de 95 años; otro, en Corea, al cabo de 62 años.

    Fuentes oficiales argentinas dicen que en materia virósica no es menos notable el caso del virus del Nilo, que habría sido llevado al parecer a los Estados Unidos por alguna ave migratoria y producido recientemente siete muertes y la internación de otras 53 personas.

    Negociaciones en marcha

    Precisamente con los Estados Unidos la Argentina está negociando la admisión de algo más de cien contenedores, que habían salido del país con anterioridad al 2 de agosto, cuando se dio el alerta sanitario.

    Ha sido liberado el ingreso en la Unión de los cuatro contenedores que habían sido llevados por avión, pero no todavía los trasladados por barco. Además,de los veinticinco frigoríficos despachantes de la carne, sólo siete han presentado toda la documentación adicional requerida.

    Cada contenedor contiene, en promedio, veinte toneladas, y representa un valor de 50.000 dólares.

    El gobierno argentino niega tener conocimiento de que haya productores que estén vacunando hacienda. Si así ocurriera, la Argentina podría perder, por las normas internacionales en vigor, la condición de país libre de aftosa. Sería un retroceso de consecuencias históricas.

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