Oportunidades en papeles corporativos

Por Juan Bosch Para LA NACION
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3 de diciembre de 2001  

Hoy, la gran pregunta para cualquier inversor es si la Argentina será capaz de resolver su encrucijada de manera ordenada o desordenada. Defino "desordenada" como una vuelta a los años 80, dando por tierra con las instituciones que laboriosamente se lograron durante los 90, y "ordenada", una que respete lo realizado en la década anterior.

La resolución en un sentido o en otro es determinante a los efectos del posicionamiento de una cartera de inversión en la Argentina. En este sentido, la concreción de la primera fase del canje de deuda doméstico es un paso fundamental y necesario -no suficiente- para encauzar la resolución en forma ordenada.

Existen medidas adicionales (la segunda fase del canje, el presupuesto 2002 con déficit cero, los desembolsos de organismos multilaterales, la reforma política y la solvencia fiscal) que irán contribuyendo para que este orden no se desestabilice.

El equilibrio existente es muy delicado, la confianza es determinante y su temperatura, palpable a diario, según la evolución de los depósitos bancarios y de la tasa de interés. La complejidad operativa de las medidas de este fin de semana, muy arriesgadas por el escepticismo que generan en la población, pero con el innegable objetivo de preservar el ahorro de los argentinos a través del mantenimiento del sistema financiero local, sólo puede entenderse mientras no se dilate un día más una reforma integral del Estado.

En este marco, es indispensable la concreción, ya, de un gran acuerdo nacional que involucre a todos los sectores del país, es decir, al Gobierno, los trabajadores, empresarios, banqueros, políticos y los sectores sociales (ONG, Iglesia), para que logre devolver algo de la confianza perdida encarando los ajustes de fondo.

Si bien ha habido iniciativas en este sentido, no hemos logrado que esta concertación se produzca aún. Es crítico que cada uno de los sectores involucrados en esta concertación nacional lo haga con gran responsabilidad: la que requieren las circunstancias dramáticas que vive el país.

Estamos en la Argentina frente al dilema del prisionero. Si, como hasta ahora, los intereses particulares siguen por encima de los generales, el pacto nacional no fructificará y, en consecuencia, tampoco habrá una resolución ordenada de las actuales dificultades.

Punto de partida

Si bien en la Argentina no hemos encontrado aún un consenso respecto del país que queremos, sí sabemos lo que definitivamente no queremos. Lo anterior debería constituir el punto de partida. Una democracia es madura cuando resuelve el dilema del prisionero en forma positiva. Este es nuestro desafío actual, y su resultado reflejará cuánto hemos aprendido de nuestras experiencias anteriores. A estas alturas, no resulta prudente ni responsable descartar el escenario del desorden. Lo que sí podemos concluir es que, tanto en un escenario como en el otro, el país continuará existiendo y su sector privado también.

El sector privado ha debido ajustarse conforme con el deterioro constante de las variables macroeconómicas. Sin embargo, muchas empresas cuentan con negocios sólidos, genuinos y con generación de caja.

Esta situación les permitirá, aun con ajustes, sobrellevar la peor de las tormentas y estar preparadas para capitalizar un futuro mejor, particularmente en el caso de las empresas exportadoras. De esta manera, creo que es en el sector privado donde comienzan a aparecer las oportunidades de mediano plazo, tanto en papeles corporativos de deuda como en las acciones para un inversor más agresivo y con tolerancia a la alta volatilidad.

Las caídas de precios de las acciones en los últimos meses han sido drásticas y su flexibilidad a la baja ha sido prácticamente total, en algunos casos muy por debajo de su valor contable y/o de reposición. Su desacople frente a activos financieros alternativos también ha sido evidente.

El autor es director ejecutivo de Compass Group Investis

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